‘Érase una vez… en Hollywood’: La nostalgia agridulce de Tarantino

Las expectativas eran altísimas. Tarantino es el icono de la modernidad, del cine independiente hecho comercial. Hasta él considera que su cine es cuestión de suerte. Nunca nadie con 31 años gana la Palma de Oro en Cannes. “Pulp Fiction” fue un antes y un después. El cine independiente que se convertía en un fenómeno mundial sólo es similar a “Easy Rider” dirigida por un joven Dennis Hopper y también galardonada con la Palma de Oro. La novena película de Quentin se basa en la historia de Rick Dalton (Leonardo Dicaprio) y Cliff Booth (Brad Pitt), un actor en declive que tiene como mejor amigo a su doble de escenas de acción. La esencia de la película está contextualizada durante el año 1969, época en la que Hollywood estuvo en la cuerda floja, por el inevitable crecimiento de la televisión. Algo que actualmente es similar. Pero sobretodo, el director contextualiza la historia, con los asesinatos perpretados por Charles Manson.

Tarantino siempre ha sido excesivo. Pero sus excesos geniales estaban totalmente valorados con un guión exquisito, y diálogos ingeniosos. En cambio su última película se basa en gags y no tiene ninguna estructura temática

Tarantino nos tiene acostumbrados a hacer un cine en el cual no tiene ningún tipo de miramiento hacia el público. Su ego es tan grande que simplemente decide hacer cine que le satisface a sí mismo. Al igual que en “Los odiosos ocho”, estamos ante una película con excesivo metraje. Tarantino siempre ha sido excesivo. Pero sus excesos geniales estaban totalmente valorados con un guión exquisito, y diálogos ingeniosos. Probablemente sea el mejor escritor de diálogos junto a Woody Allen. En cambio su última película se basa en gags, en comedia. No tiene ninguna estructura temática, ni ninguna narrativa interesante. Lo que hizo con sus tres grandes joyas: “Reservoir Dogs”, “Pulp Fiction”, o “Jackie Brown” brillan por su ausencia. La película aporta unas interpretaciones muy buenas, tanto de Dicaprio, como Pitt, pero es algo inevitable. Son dos de los mejores actores contemporáneos. Podría haber sacado mucho mejor de ambos, y de hecho lo hizo, en “Malditos Bastardos” con Pitt y en “Django” con Dicaprio. El gran problema surge en el exceso de ego de Quentin, que priva al público de su ingenio genial que reside en sus inicios, por hacer el cine que sólo él disfruta.

Tarantino es probablemente el cineasta más revolucionario que hemos podido conocer. Pero decir que se va a retirar con su novena película (teniendo 56 años) demuestra su chulería y falta de respeto por los auténticos maestros. Alfred Hitchcock, Stanley Kubrick, Woody Allen, Clint Eatwood, Orosn Welles, Billy Wilder, etc.. Murieron o morirán con las botas puestas.  No sólo ellos. Scosrsese, O Coppola. Tarantino considera que baila por encima del mundo. Es bueno, pero su sabor llega a ser agridulce como un pato pekinés.

 

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