Andanzas en el ferragosto

Cuando Franco andaba con mando en plaza y los abuelos del trío de la foto de Colón partían el bacalao, los periódicos del régimen –  todos porque no había opción- decían que en Agosto no había noticias y publicaban lo que ellos mismos bautizaron como “serpientes veraniegas”, o sea, bobadas que no se creía nadie. Lo mismo que el resto del periódico sujeto a los ministros de desinformación, Fraga, por ejemplo. Este mes de agosto hay noticias. La realidad bulle entre la calima y los sudores a chorros de todos los que andamos en proceso de licuación. Vean.

Mi mujer sigue en Estocolmo. Con una amiga. Al fresquito. Yo creo que no va a volver porque se ha arrojado en brazos  del feminismo radical y le parece micromachismo hasta calentar al microondas una lata de judías a la riojana. En mi condición de anciano anarquista, le alabo el gusto y le deseo toda la felicidad del mundo en  tierras de los vikingos, junto al mar Báltico, escuchando a Europe y a Madonna y comiendo cosas raras y sanísimas como corresponde a una “coach nutricional”. Sin grasa, sin colesterol, sin sodio…como si fuese comida para un espíritu puro que ha superado este valle de lágrimas y su condición carnal.

He salido del mercado –mercadillo de oportunidades de segunda mano- en el que afirmaba encontrarme en mi artículo anterior. Solo he recibido la oferta de una pretendiente – nótese que no digo pretendienta, el día que quieran hablamos de los participios activos, porque aunque sea casi indigente no soy analfabeto-, una señora viuda de ochenta años jubilada hace quince. Mejor me quedo quieto. Hace años oí  a un sabio: “creeré que una chica joven está enamorada de un anciano siempre que ese anciano cobre la pensión mínima”. Lo contrario suena a Fito y Fitipaldis: “Soldadito marinero conociste a una sirena, de esas que dicen te quiero si ven la cartera llena. Escogiste a la más guapa y a la menos buena, sin saber cómo ha venido te ha cogido la tormenta”. Un genio Fito.

¿Por qué tengo yo que saber distinguir entre zona comercial y zona de media estancia si, además, en la zona comercial no hay máquina de poner dinero y está en la de media estancia?

Cantando el soldadito –y contando hasta diecinueve mendigos, que piden con los argumentos más dispares, entre Benalúa y el Postiguet-  recorro Alicante. Entiendo que la oposición – los presuntamente de izquierdas- critiquen a una Alicante sucia hasta decir basta. La ciudad en la que reina la doble fila y en la que si uno quiere sortear al agente GXXX, tiene que comprarse una furgoneta y ponerle una pegatina del siguiente tenor: “Reparto de flúxidos organolépticos. Estrógenos y parches de bicicleta”. Esa pegatina es una autorización eterna a aparcar en carga y descarga aunque no descargues ni la cisterna del bar de enfrente. La corporación municipal está atareada subiéndose el sueldo y en la diputación andan también en el ajetreo de designar asesores. Esta noche –antes de dormir-  rezaré cuatro esquinitas tiene mi cama, cuatro angelitos que me la guardan, a ver si me cae una asesoría de las de cuarenta mil pavos al año y dejo de dormir en el Mad Pilot, en una colchoneta hinchable con aire acondicionado gratis y televisión, por el precio de un cubo de seis quintos. Veo, en mi deambular sin rumbo, a una señora de buen ver discutiendo con un empleado de la hora. Hay que hacer un máster – al menos como el de Casado- para circular seguro por Alicante. Me pego a rueda. Me puede la curiosidad. ¿Por qué tengo yo que saber distinguir entre zona comercial y zona de media estancia si, además, en la zona comercial no hay máquina de poner dinero y está en la de media estancia? El guarda de la zona azul le recomienda que acuda a urbanismo. Este sabe menos que yo. No sé si en urbanismo entienden de multas de aparcamiento o si el concejal del ramo está seleccionando asesores. Alucino en mi indigencia. Tal vez mi alucinación sea quijotesca, como en el diálogo entre Babieca y Rocinante: “Metafísico estáis. Es que no como”. Todavía no he desayunado y han de pasar un par de horas o tres hasta aterrizar en Nazaret aunque me lo estoy pensando. No sé si el trifachito va a empezar ahí sus batidas buscando ilegales para regularizarlos.

Sigo mi vagar vagancio y me dan tres hojas de propaganda unos negros que son magos y prometen arreglarme la vida. El profesor Mondongo, el profesor Makumba y el profesor Cachimba dicen que son expertos en amarres. Solo faltaba que me amarraran para acabar de estar a gusto. Prometen ayudarme en problemas de amor – o sea que me traen a la mujer de Estocolmo- depresión, mal de ojo, impotencia sexual y asuntos judiciales. Trabajan en persona y a distancia. No dicen nada de darme en ese momento un bocadillo de jamón y un tercio de Mahou que es lo que realmente necesito.

Almuerzo en Nazaret la sopa boba y como no quiero alterar el orden público colándome en el tranvía, me voy andando hasta San Vicente, de paso soluciono los triglicéridos, la tensión alta, la obesidad y el ácido úrico. Con mis tres euros me instalo en el colchón hinchable y me dispongo a pasar la noche informado a tope, listo para participar en una tertulia política.

Ni los escolásticos, dedicados a las cuestiones bizantinas en filosofía, los inventores del misterio de la santísima trinidad y la transustanciación, eran capaces de predicar círculos cuadrados como Pedro Sánchez

Pedro Sánchez, rodeado de alcachofas, mendiga una vez más la colaboración de la derecha porque él mismo es de derechas. Dice lo mismo que hace un mes antes de fracasar en la investidura pero lo reviste de novedad: Nos abrimos a los movimientos sociales para seguir el ejemplo de Portugal y de Dinamarca. Queremos  que nos apoyen para gobernar en solitario y que, luego, hagan oposición. Ni los escolásticos, dedicados a las cuestiones bizantinas en filosofía, los inventores del misterio de la santísima trinidad y la transustanciación, eran capaces de predicar círculos cuadrados como Pedro Sánchez. Dice Echenique que él no se mueve de su postura y que Iglesias hará lo mismo, o sea, ya tiene Sánchez argumento y justificación perfectos para convocar otra vez elecciones. Maroto, otro señor de derechas que clamaba contra los que se empadronaban en Vitoria para conseguir ayudas sociales, se empadrona en Sotosalbos, un pueblo de Segovia por el que no ha aparecido en su vida, y lo hacen senador por Castilla-León. Yo estoy dispuesto a empadronarme donde digan, a hacerme musulmán o budista, a seguir la religión de Confucio o de los santeros cubanos, a afiliarme al Hércules, a la Ponferradina, al equipo del alcalde Mehincho y hasta a hacerme Mormón. Pidan por esa boca siempre que su petición conlleve un sueldo.

Lorena Roldán, otra divina de la muerte fichada por Rivera,  dice que el pacto de los socialistas y los bildus en Navarra es el pacto de la infamia. No dice nada del suyo en Andalucía, en Murcia y en Madrid con los reaccionarios de mucho más allá del concilio de Trento. La derecha se apunta en extranjería a las políticas de Salvini. Corren malos tiempos para la lírica. No sé por qué no noto en nada que estamos en el primer mundo rico y abundante y que el nuestro es un estado de bienestar sin vuelta atrás.

 Los de Vox insisten en liquidar las pensiones públicas y reducir en quince puntos la presión fiscal a los más pastosos. Se les veía venir. Señor, llévame pronto.

One thought on “Andanzas en el ferragosto

  1. Estupendo Aviles. Que ratos más agradables nos das con tu lectura. Y no es pasión de amiga, te superas día a día en tu savoir ecrire. Gracias

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