Grandes problemas del estado

Por aquí me ando. Soporto como puedo las olas de calor incesantes,  encadenadas una detrás de otra por más que el ultraderechista  Trump niegue el cambio climático.

Estoy ahora, mientras escribo este artículo, preparado como para desfilar en el orgullo gay: llevo unos calzoncillos – me parece una horterada usar el anglicismo “slip” o el más castizo, carcelario y calorro “gayumbos” -, unos calzoncillos  dos tallas más pequeñas de la que me corresponde. A mi señora se le ha ido la olla en el primar y me ha endosado unos incapaces de contener mi hombría, decrépita y de capa caída, pero hombría al fin y al cabo. A los gayumbos tipo tanga – sin ser de purpurina ni de leopardo, de algodón de Albolote y van que se matan- añado un abanico, regalo de Luz Sigüenza, de propaganda de Onda Cero. No están los tiempos para entregarle media pensión a Iberdrola y mantengo la refrigeración del resto del cuerpo con los pies sumergidos en una palangana que mantiene el agua fría con cubitos de hielo hurtados en el Cristian, con el consentimiento tácito y la ignorancia voluntaria de sus misericordiosas trabajadoras. Siente un pobre a su mesa.

De esta guisa  y con ansias de sumarme a la manifestación – no por histriónica menos libérrima- veo, carcajeándome, la indignación de la señora Arrimadas. Se queja de haber sufrido un escrache y le echa las culpas al ministro Marlasca por haberlos puestos en la diana. Pide que dimita o sea cesado fulminantemente.

Señora Arrimadas: ¿Son acaso, quienes se meten en la política para vivir como Dios, personas solo dispuestas a las cenas, los almuerzos, las reverencias, los pasillos y los aplausos de los apesebrados, los coches oficiales y los sitios de lujo reservados de antemano y sin sacar entrada?

Identifico uno de los problemas fundamentales que afectan al Estado: la incomodidad de la señora Arrimadas y sus adláteres. No he visto ninguna agresión y les aseguro que la vista es lo único que, a esta edad, me funciona de puta madre. He visto dedicarles peinetas, veo al multimillonario que trabajaba para la Coca Cola poniendo cara de circunstancias y he visto a gente, en los márgenes del desfile, gritándoles con fuerza ¡fuera y fuera!. Pero no he visto ninguna agresión.

Señora Arrimadas: ¿Son acaso, quienes se meten en la política para vivir como Dios, personas solo dispuestas a las cenas, los almuerzos, las reverencias, los pasillos y los aplausos de los apesebrados, los coches oficiales y los sitios de lujo reservados de antemano y sin sacar entrada? ¡Por favor! Hay que estar a las duras y a las maduras. Mi compañero de pupitre Pérez Tapias dice que Marlasca no los ha puesto en la diana sino  frente al espejo. Exactamente.

Les vamos viendo el plumero porque nos lo enseñan  a diario. Dejen ya eso de liberal, centrista, o otras memeces para los crédulos que aún confían en la Santísima Trinidad, en la infalibilidad pontificia, en la rotura accidental e ignorante de los ordenadores de Bárcenas y en la capacidad laboral de Aznar o de Felipe González para cobrar lo que cobran porque no me creo que lleven su nivel de vida con una pensión de las clases pasivas.

Les vamos viendo, como al lobo de Caperucita, la patita por debajo de la puerta y vemos que son derecha pura y dura. Como el PP y como Vox. Tres partidos distintos y una sola derecha verdadera. Dejen, por tanto, de intentar despistarnos con sus peleas de salón,  con que si pactan, si no pactan, si están  o no están de acuerdo. Sabemos que están compinchados intrínseca y esencialmente y que su mayor interés político son los sillones, no la gente de la calle y sus necesidades. No puede, porque no cuela, el intento de distraernos de la señora Monasterio, con que si Malú ha dejado a Rivera y otras memeces- aquel a quien no lo hayan dejado nunca que levante la mano-. Lo esencial es que la derecha quiere recuperar, como sea, el poder que nunca han abandonado. Ahora mismo, lo sabemos perfectamente, su lema es “cuanto peor, mejor”, al modo de Mao Tse Tung que decía que del caos es desde donde se puede edificar lo nuevo.

Marlasca no ha echado ninguna gasolina. No conozco a Marlasca ni me importa más que mi vecino del entresuelo, no vayan a pensar que lo defiendo para que me de una de las muchas asesorías que están pendientes de repartir – ellos y ustedes-. Últimamente hasta me han querido meter en política. Educadamente he declinado la invitación, dedicado a la novela negra y a la filosofía peripatética. Encargo a mi editor López Vizcaino una tarjeta que dice: Manuel Avilés. Escritor. Y como subtítulo (Se arreglan pinchazos de bicicletas). Por buscar un sobresueldo y esperando que Hacienda no se entere.

Vamos a lo serio. El Psoe también se está comportando como un gobierno de derechas. Solo hay que ver su miedo a gobernar desde la izquierda auténtica y revisar los ministerios – en funciones-  darle un repaso a sus altos cargos y ver cómo se perpetúan muchos de los que ya formaban parte del mobiliario con Rajoy y que ni ven peligrar su cargo. Tiene cojones que un partido que ha ganado claramente las elecciones ande suplicando y acojonado ante las diatribas del trifachito: ¡socorro, van a poner al país en peligro, van a gobernar con comunistas e independentistas! ¿Qué quieren ustedes? Si no se abstienen ni dejan que busque otros pactos. Teoría del perro del hortelano.

En Alicante la historia no discurre con mayor fluidez. Los socialistas no se han subido a la ola de Sánchez y, entre Puig y Franco, los han arrastrado a otra derrota gris frente a la derecha

Hemos identificado un segundo gran problema del estado: Saber si Marlasca lleva gasolina a las manifestaciones gays y saber, si solo es una maldad de Monasterio  que Malú y Rivera han abandonado su lujoso nidito de amor. También saber si el perro del hortelano y su conducta pueden propugnarse como asignatura en la licenciatura de ciencias políticas. Vengámonos para casa. Aquí, en Alicante la historia no discurre con mayor fluidez. Los socialistas no se han subido a la ola de Sánchez y, entre Puig y Franco, los han arrastrado a otra derrota gris frente a la derecha. Parece que como en tantos otros ayuntamientos – más de lo mismo en todos los sitios- una de las primeras medidas que  van a tomar es la subirse el sueldo a sí mismos porque tienen muy claro por donde empieza la caridad bien entendida: repartámonos los sillones, subámonos el sueldo y…luego ya veremos. También hay que aumentar el número de asesores – aunque tengamos serias dudas sobre sus capacidades para asesorar de nada-. Hay que colocar a muchos descolocados que saben poco o nada, que necesitan un sueldo y que – esto es lo importante- “son gente de partido”. Al loro.

¿Nos dirán algo de la limpieza de una ciudad sucia como pocas? ¿Dirán algo de los lavapiés de las playas secos en pleno julio? ¿Sabremos si el agente GXXX seguirá multando a su albedrio en las Carolinas? ¿Dejará Alicante de ser el reino de la doble fila o incluso la triple – cuando quiera el alcalde me pongo la cámara en el casco y le hago un reportaje diario sobre el particular-? ¿Están elaborando algún plan para terminar con la basura, la infravivienda y la marginalidad de la antigua plaza de la División Azul, hoy Miguel Hernández? Nada de nada. Antes hay que ver lo de subirse el sueldo. Ya hemos acotado los problemas.

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