Nueva ley sobre el pan

Desde el 1 de Julio ha entrado en vigor una nueva ley del pan que traerá importantes novedades en la elaboración y venta de este producto básico. El Gobierno ya ha anunciado que esta norma, que por razones técnicas elimina los límites máximos de humedad, permitirá elaborar una mayor variedad de panes. De entre las novedades que incluirá se halla la referente al pan integral.  Para que un pan pueda ser etiquetado como «integral», deberá estar elaborado exclusivamente con harina integral; mientras que en el resto deberá indicarse el porcentaje de harina integral que contiene.

¿Cómo saber si un cereal es realmente integral? Que el envase diga «integral», no convierte el producto en integral. Es probable que se sepa lo recomendable que es que si consumimos cereales, o derivados de los mismos como pan o pasta, estos sean integrales en lugar de refinados. Los integrales, al contener el grano entero, son ricos en fibra y en otros nutrientes presentes en la cáscara y en el germen, que han sido eliminados en la versión refinada donde solo se conserva el almidón y una pequeña parte proteica. Por ello los cereales integrales son más saciantes, mejoran el control de la glucemia, el tránsito intestinal y tienen compuestos que alimentan a las bacterias de nuestro sistema digestivo, entre otros beneficios. El problema llega a la hora de hacer la compra. Muchos de los panes, pastas u otros productos que nos venden como integrales, en realidad no lo son. Son simplemente productos refinados a los que se las ha añadido salvado o tienen un porcentaje ínfimo de harina integral, en el mejor de los casos, o que simplemente se les ha dado un tono oscuro con melazas en el peor.

La única manera que nos queda de asegurarnos es fijarnos en la lista de ingredientes: No son integrales: los “ricos en fibra”, “con cinco cereales”, lo productos de un color oscuro o tostado, los que llevan semillas o copos de cereal por encima

En España la legislación sobre los productos integrales, hasta ahora mismo, ha sido muy laxa, lo que permite escribir al frente de un envase la palabra “integral” aunque no sea cierto. En otros países de Europa es más sencillo distinguirlos. Por ejemplo en Holanda solo se permite llamar a un pan integral si tiene al menos la mitad de su harina integral y Alemania va aún más allá exigiendo un 90% para el pan y un 100% para la pasta. En España un producto que contenga harina refinada y salvado, se puede etiquetar como integral. También si contiene sólo un 10% de harina integral. La única manera que nos queda de asegurarnos es fijarnos en la lista de ingredientes: No son integrales: los “ricos en fibra”, “con cinco cereales”, lo productos de un color oscuro o tostado, los que llevan semillas o copos de cereal por encima. Recordemos que los panes o productos de centeno tienden a ser más oscuros que los de trigo, por las propias características del cereal, y tendemos a creer que son integrales cuando no siempre es así, puede ser harina de centeno refinada. Son integrales: aquellos cuyo primer ingrediente sea “harina integral de…. (trigo, centeno, espelta…)” o bien “harina de grano entero de….” Y que si llevan una mezcla de varias harinas o cereales, todas lo sean o al menos en un porcentaje superior al 75%.

¿Y qué sucede con los panes de panadería, aquellos que no lleva etiquetado? En ese caso nos veremos obligados a preguntar qué porcentaje de harina integral lleva. Respecto a las pastas, nos fijaremos en la lista de ingredientes, descartando aquellas que contengan harina o sémola más salvado, para elegir las fabricadas con harina o sémola integral, como hemos indicado. En los cereales sin procesar, como el arroz integral, es más fácil, porque en este caso no pueden confundirnos. Si pone integral es que es integral, ya que no es posible falsear el grano entero. Y por último en lo que respecta a productos de bollería, pastelería, galletas y demás, recalcar que aunque sean integrales no son un producto saludable. Ya que seguirán siendo productos cargados de azúcares añadidos y probablemente de grasas de mala calidad que no deberían formar parte de nuestra alimentación habitual.

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