El cromo alicantino

Hoy me siento como un cromo sin valor. Como «ese oscuro objeto del deseo» de la última película de Buñuel. Protagonista del amor no compartido que se dibuja en el habitáculo de aquél tren. Tasado con el valor que otorga la posibilidad de llegar a tocar poder, pero cuyo nombre nadie acierta pronunciar correctamente porque –en el fondo– a nadie le importa.

En Alicante siempre hemos sido un poco así: moneda de cambio de las aspiraciones políticas de otros. Somos esos que siempre se quejan y a los que se visita de vez en cuando, principalmente en campaña electoral, pero a los que luego hay que hacer el caso justo.

Tras las elecciones municipales del 26M, en Alicante el llamado bloque de derechas suma para gobernar en el Ayuntamiento y en la Diputación. Era una crónica anunciada: si ganaba el bloque de derechas gobernaría y si lo lograba el de izquierdas, ese sería el destino. Pero después de las elecciones los conceptos cambian. Se diluyen los bloques y cada uno se proclama soberano para ofrecer su respaldo a quien quiera –diablo incluido–. Ahora Ximo Puig le ofrece a Ciudadanos unir sus potenciales para gobernar en ambas instituciones, y repartirse la presidencia de Diputación y Ayuntamiento, o viceversa. Debe ser que aquello de “con Rivera no” del 28A no se llegó a escuchar en las teles de los socialistas alicantinos -perdón, valencianos-.

Los ofrecimientos de Ximo Puig desde Valencia van adaptándose a las caras que ponen en Ciudadanos

Nos intentan convencer ahora de que los efusivos mensajes de campaña no eran para tanto. Las etiquetas, calificaciones y grupalizaciones de bloques de partidos ya no son lo que se decía hace unos meses, y la posibilidad de dirigir instituciones todo lo puede. Los ofrecimientos de Ximo Puig desde Valencia –o desde Morella- van adaptándose a las caras que ponen en Ciudadanos. A Sanguino ni se le ve ni se le oye, y menos después del rapapolvo que le dio Echávarri en las redes sociales. Su poder se limita –según parece- a ser alcalde de la ciudad si así lo estiman sus superiores o a no serlo si -en vez de Ayuntamiento- en el reparto de cromos les toca la Diputación.

¿Qué será de la limpieza, del crecimiento comercial, de los polígonos, de la seguridad, del turismo y del botellón o los veladores del tardeo? Son asuntos de los que no se habla

Ahora Alicante es un nombre de más fácil pronunciación en los foros políticos –fuera de la propia ciudad de Alicante- por haberse convertido en parte del trato en las negociaciones sobre quién dirigirá otras esferas. ¿Qué será de la limpieza, del crecimiento comercial, de los polígonos, de la seguridad, del turismo y del botellón o los veladores del tardeo? Son asuntos de los que no se habla. Somos un cromo. Inmóviles, mudos e inanimados, como una estampa intercambiable. No nos ofrecen más financiación, ni la estación intermodal, ni el parque central más pronto ni agilizar el PGOU. Solo nos ofrecen un cambio de manos. Da igual cuál de ellas. Esta para ti y aquella para mí, o al revés. El caso es poder dirigirlas desde Valencia para que en Alicante nadie pueda molestar; que somos muy latosos en esta capital sureña. Un lugar donde venir a hacerse fotos y lucir en la nevera un bonito cromo alicantino.

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