‘Los hermanos Sisters’: Cuestión de sangre

No hay nada tan diferente como un hermano, y nada tan cercano a la vez. La sensación que provoca continuamente ‘Los hermanos Sisters’ es esa, la contradicción que produce el amor fraternal, tan profundo como incomprensible. La historia gira en torno a dos hermanos: Charlie y Eli Sisters (Joaquin Phoneix y John C. Reilly), famosos cazarrecompsensas que trabajan para un poderoso cacique a mediados del s.XIX durante la fiebre del oro.

Estamos ante una película que no esconde en ningún momento que es cine de género. Un western clásico, sin ningún tipo de florituras, ni ambición por ser moderna o diferente al cine de John Ford, Howard Hawks o Clint Eastwood. La eficiencia narrativa, el complejo y sosegado desarrollo de los personajes y la aparente simplicidad de la historia, con ritmo pausado, pero sin dejar un instante de tregua al espectador, la convierte en abanderada de un clasicismo que tan poco se deja ver últimamente en los cines, por desgracia. Su característica principal es la esencia contradictoria por la que apuesta en todo momento. Tanto en fondo como en forma. Es un método fantástico para reflejar ideas complejas como: culpa, redención, avaricia o venganza sin necesidad de diálogos forzados y poco creíbles. Uno de sus puntos fuertes en cuanto a guion, es la enorme calidad de las conversaciones utilizando palabras con cuenta gotas. Estéticamente no deja de mostrar contrastes entre paisajes muy luminosos con planos oscurísimos a la luz de la hoguera durante la noche en el bosque o en antros de mala muerte, no menos hermosos que los planos de paisajes.

El desarrollo de los personajes es otro de los puntos más fuertes de la película. Están en constante crecimiento, y pese a que su forma de evolucionar es totalmente diferente: uno es constructivo y otro autodestructivo, forman un tándem equilibrado y letal

Desde el punto de vista interpretativo estamos ante un duelo descomunal que enfrenta dos estilos tan antagónicos como brillantes. La contención de John C. Reilly frente a la oscuridad impetuosa de Joaquin Phoenix.  Son la viva imagen de cómo dos personalidades tan extremadamente opuestas se complementan a la perfección. El desarrollo de los personajes es otro de los puntos más fuertes de la película. Están en constante crecimiento, y pese a que su forma de evolucionar es totalmente diferente: uno es constructivo y otro autodestructivo, forman un tándem equilibrado y letal. También hay que destacar las interpretaciones de Jake Gyllenhal y Riz Ahmed, que desde su rol secundario, también tienen un papel fundamental en el desarrollo de la historia. La sangre se impone, en ambos sentidos: tanto la que corre por sus venas, como la que hacen correr estos buscavidas, que en el fondo no son más que unas víctimas de sí mismos y de su entorno. Lo que realmente buscan (sin saberlo) durante su largo viaje es el camino hacia la realización personal en una época donde la ley de la jungla impera en la sociedad.

 

 

 

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