Estos son mis principios

Exactamente estos y… si no le gustan, tengo otros. La famosísima frase de Groucho Marx, un genio describiendo la condición humana, le puede ser aplicada con toda justicia a la derecha española después de las elecciones. Se presentaron a las elecciones con unos principios – ultras, clasistas, favorecedores de los que más tienen y manejan, machistas, xenófobos, militaroides, utilizadores del terrorismo antiguo….- recibieron una paliza en toda regla y…ahora para iniciar la reconquista, cambian de hoja de ruta exhortados desde todos los ángulos de la derecha. Solo hay que ver la recomendación del Sr. Alonso – que no ha sacado ni un diputado en todo el País Vasco- : el que no esté centrado, que se centre. Me recuerda la frase – en su sintaxis que no en su contenido- a aquella del viejo profesor, Tierno Galván cuando defendía la movida madrileña: El que no esté colocado que se coloque y… al loro. La derecha al completo no, que los novios de la muerte – los más líderes sin hacer la mili-  siguen empecinados en reeditar aquí los principios de Le Pen, Salvini, Orban, Bolsonaro y demás especímenes.

He asistido – no diré cuándo ni donde para no dar cuartos al pregonero- a una comida abundante en la que compartían mesa gentes de muy diversa condición pero con un particularidad. En una mesa larga figuraba un matrimonio canónico y frente al mismo se sentaba el amante de la señora. El marido, ignorante del contubernio por aquello de que el cornudo es el ultimo en enterarse, hablaba jacarandoso empujado por los vapores del tinto de Valdepeñas. La señora – que conocía la situación evidentemente- le daba patadas por debajo de la mesa, como si fuera Sergio Ramos defendiendo la portería del Madrid, para que cambiara de conversación o se callara. El otro, inocente y vinícola, soltaba carcajadas y seguía con sus afirmaciones hilarantes. Hablaba el amante, aunque no en su calidad de tal, sino haciéndose el desentendido. Y la señora le propinaba las mismas patadas. Hablaba a señora y era el marido o su sustituto en ocasiones quienes pateaban bajo la mesa a la parlanchina. Había una guerra soterrada por debajo del tablero pero por encima de la mesa las caras eran sonrientes, alegres y jocosas, disfrutando de los vinos, los arroces y los lomos de merluza  – congelada, nada de merluza de pincho- como si el mundo fuese un lugar de disfrute permanente. La Santísima Trinidad – así llamaban en la época al trío formado por Carlos IV, María Luisa de Parma y Manuel Godoy- hacía como que no se enteraba de nada aunque entre esos tres solo había un ignorante, el usurpado.

Uno se trasmuta en hombre de Estado, los llama, los saluda con la sonrisa profidén y se planta ante fotógrafos y cámaras de todas las televisiones escenificando una escena del sofá  idílica y amistosa

En cierta medida la situación política actual –estoy viendo el telediario mientras escribo esto- me recuerda a la situación más que chusca descrita en la comida de marras. El Sr. Sánchez ha sido reiteradamente insultado durante la campaña electoral por Abascal, Rivera y Casado – el trío de la plaza de Colón-. No pasa nada, uno se trasmuta en hombre de Estado, los llama, los saluda con la sonrisa profidén y se planta ante fotógrafos y cámaras de todas las televisiones escenificando una escena del sofá  idílica y amistosa. Recibidos como amigos desde y para siempre, Casado y Rivera han pasado por el sofá y por las salas lujosas de Moncloa manteniendo lo que para ellos es una firmeza en sus convicciones y para un morro de libro. No vamos a apoyar la investidura y la formación de Gobierno por parte de Sánchez, que lo apoyen los de ciudadanos que ya lo han hecho en ocasiones anteriores. Además exigimos que no se apoye en los que quieren destruir España. Algo parecido ha dicho Rivera: no apoyaremos la investidura de Sánchez en ningún caso. Una vez investido y formado gobierno, apoyaremos con nuestros votos la aplicación del 155 a los catalanes.

Esto es lo que en mis tiempos de estudiante en Granada, cuando la filosofía aun servía para algo, se llamaba moral jesuítica, también conocida como utilitarista o circunstancial: yo le pido imposibles y luego, haga usted lo que haga, miro para otro sitio y le hago a usted responsable.

Sr. Sánchez: déjese usted de escenificaciones de la bondad y olvide su política franciscana. Ha estado usted diez meses metido en una especie de pacto tácito con las derechas -¿le recuerdo otra vez la muchedumbre de cargos que siguen en sus sillones?-y le ha llegado la hora y la oportunidad de conformar un gobierno de izquierdas en el que paguen más los que más tienen, en el que se cuide a quienes han trabajado una vida entera aportando y ahora necesita que el Estado les aporte a ellos y no que les pida que mueran lo antes posible para aliviar la carga, en el que se desmonten los chiringuitos y las gilipolleces que solo sirven a quienes están metidos en ellos y colocados de puta madre.

A Iglesias no le de Hacienda ni Interior ni Economía ni Asuntos Exteriores. Dele  Cultura. Créele un Ministerio Ecológico y cuidese de vascos y catalanes porque esos sí que le van  a sacar los higadillos a la chita callando

¿Cómo permite un presidente, por muy educado y contemporizador que quiera ser, que un señor le diga: yo no voy a ayudar a investirlo, pero cuando otros lo hagan, gobierne usted con mis ideas y haga lo que yo le pida? Eso le han dicho los dos que andan en eterna trifulca a ver quién es más líder de la oposición. No entiendo ese empeño. ¿Tiene el líder de la oposición – puesto sin complemento específico- que Felipe se inventó para tranquilizar a Fraga y que pensara que aún estaba en Inglaterra? Iglesias quiere “pillar cacho” por aquello de que “el poder desgasta pero desgasta mucho más no tenerlo”. Dele usted algo. Hombre no le de Hacienda ni Interior ni Economía ni Asuntos Exteriores. Dele  Cultura. Créele un Ministerio Ecológico y cuidese de vascos y catalanes porque esos sí que le van  a sacar los higadillos a la chita callando. Esos sí pueden hacer que se estrelle sin notarlo haciendo que aumente la desigualdad y luchando, coma han hecho siempre, que los ciudadanos de sus autonomías sean seres privilegiados en relación con el resto.

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