Después no vale quejarse

Votar es un derecho y una obligación moral. Las decisiones importantes deben contar con la participación suficiente. La abstención es también un derecho reconocido del sufrido contribuyente, pero no me vale en los tiempos que corren. Abstenerse es una práctica muy habitual -y tremendamente cómoda-. No participar en la organización de las cosas y después sacarles todo tipo de pegas es muy común en la sociedad en la que vivimos. Pasa en las fiestas, el deporte, la cultura, en el colegio de nuestros hijos y en la propia comunidad de vecinos. Abstenerse es una opción cobarde, cómoda y contraproducente. La posición valiente es dar un paso al frente y tomar decisiones.

La democracia nos ha hecho cómodos. Damos por hecho que ‘alguien’ tiene la obligación de gestionar nuestras cosas como nosotros creemos que se debe hacer, y dejamos que fluya la vida. La crítica social se reduce a un par de comentarios en las redes sociales, a una acalorada defensa de los ideales en la sobremesa de un domingo familiar o a una exposición fundamentada en un café con amigos. Y ahí se queda. ¡Pues no señor! Ahora es el momento de decidir quién tomará las decisiones que nos afectan: ¿Nos dejarán elegir modelo educativo o habrá que aceptar las directrices? ¿Se hablará valenciano en el Ayuntamiento de Elda? ¿Y en los colegios? ¿Y en las actividades culturales? ¿Se protegerá la propiedad privada o se permitirá la okupación ilegal?

No estoy muy convencido de que se deba escuchar después a quien no quiso pronunciarse cuando se le preguntó

Sí, ya sé que puede sonar catastrófico, pero son decisiones a las que una mayoría de personas dará respaldo o descartará, dependiendo de la cantidad de votos que reciban. Después llegarán los lamentos y las legítimas quejas, porque quejarse y protestar es un derecho. La verdad es que yo no estoy muy convencido de que se deba escuchar después a quien no quiso pronunciarse cuando se le preguntó, pero así está establecido.

Está en juego la economía, el empleo, las oportunidades, un modelo de gestión, la educación, la unidad de España, las señas de identidad, el modelo de familia, los valores y las costumbres

No participar es como decir ¡hagan ustedes lo que les parezca! Y al final esa es una postura con la que luego hay que apechugar. Ya sé que me dirán que al votar tampoco nos aseguramos de conseguir la gestión deseada pero, al menos, elegimos el modelo con el que conviviremos los próximos años. Está en juego la economía, la creación de empleo, las oportunidades para emprendedores, la defensa de la industria local, la consolidación de un modelo de gestión, la educación de nuestros hijos, la unidad de España, la defensa de las señas de identidad, del modelo de familia, el fomento de unos valores y costumbres o su cambio y sustitución por otros.

El domingo 28 de abril es un día para dar un paso adelante. Muchas personas lo han hecho valientemente, al asumir responsabilidades en las listas de los partidos políticos. El resto debemos hacerlo decidiendo con nuestro voto. Después no vale quejarse.

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