Carta a Pedro Sánchez

Sr. Presidente:

Cumplo con los protocolos que se estilan en estos casos y le doy mi sincera enhorabuena por su victoria electoral, sin paliativos, sobre la ultraderecha, que mi mujer, sin leer a Tezanos y dándome broncas continuas por ver debates, había pronosticado al milímetro, porque ella sí que sabe.

Soy uno de los que le ha votado, aunque la lista alicantina con el franquismo latente –de Ángel Franco, no de Francisco- me diera grima. Me siento representado porque, visto con desapasionamiento, lo que ha propiciado el subidón han sido dos causas fundamentales: la gente –yo mismo- se ha ido de Podemos al PSOE buscando sosiego, estabilidad, competencia y coherencia y la gente – ahí no he entrado jamás- se ha ido del PP hacia la derecha naranja y la ultraderecha. He escrito muchas veces en este mismo medio que los tres de la plaza de Colón son exactamente iguales y ahora se ve: se trasvasan el voto de un sitio a otro sin salir de “Montañas nevadas”, “Prietas las filas” y “Yo tenía un camarada”. He tenido que ir dos veces a urgencias del ataque de risa cuando se llamaban a sí mismos liberales. Ni puta idea de lo que era eso. Los liberales lucharon – y algunos pagaron con su vida, Riego, Mariana Pineda o el coronel Pablo Iglesias que dio origen a la novela de Galdós “El terror de 1824”- contra el absolutista y ultraderechista Fernando VII. Ellos, las tres derechas, se llaman liberales y ni han olido el significado.

Desde “okupa” de la Moncloa, hasta aviador falconeti, desde traficante de colchones hasta urdidor de contubernios con comunistas y golpistas, desde plagiador de libros hasta individuo que se cuela en los conciertos sin pagar y con el avión a la puerta aterrizando ilegalmente

La campaña electoral ha sido feroz porque todas las campañas lo son y, en ellas,  el juego sucio está a la orden del día. Ha faltado poco, Sr. Sánchez, para que lo acusen de financiarse con dinero de los ayatollahs iraníes y del cacique dictador venezolano. No han llegado hasta ahí pero poco les ha faltado. Desde “okupa” de la Moncloa, hasta aviador falconeti, desde traficante de colchones hasta urdidor de contubernios con comunistas y golpistas, desde plagiador de libros hasta individuo que se cuela en los conciertos sin pagar y con el avión a la puerta aterrizando ilegalmente.

Las intervenciones de sus oponentes han sido lamentables. Se han descalificado solos y nos han decido a muchos a mandarlos donde tienen que estar. ¿En serio teníamos que ir ya a la Guardia Civil a pedir pistolas para los hombres de bien? ¿Es verdad que tenía que poner siempre el himno de la legión – “Soy el novio de la muerte”- un señor que pidió prórrogas para librarse de la mili? ¿Somos menos españoles que él, por no ser ultraderechistas, quienes nos metimos dieciséis meses sirviendo a la patria sin chistar y sin agitar tantas banderas?  ¿Hay que cuidar tanto a los ricos para que no paguen impuestos y repercutir el coste del Estado sobre los que ni pedimos, ni falta que nos hacen, las amnistías fiscales? ¿Hay que estar continuamente agitando el tema etarra, antiguo como las coplas de la “Niña de los peines”, cuando ya se han disuelto y tienen menos pólvora que los moros y cristianos que se celebran en estos días? Por cierto, yo estuve empleado a fondo en ese asunto, en mi calidad de funcionario público y nunca vi por allí a ninguno de estos salvapatrias jugarse el pescuezo como hacíamos otros sin publicidad ni alharacas.

Ahora viene el periodo tedioso y largo de las negociaciones. Tenga cuidado con no tirar nuestros votos a la basura, Sr. Presidente. Rivera – Primo de- le ha dicho reiteradamente que no quiere ni oír hablar de usted. En un debate, despreciandolo, le entregó un libro y le dijo: Léalo porque no lo ha leído. Y el libro era su tesis, con lo cual la acusación de que usted no la había elaborado, sino que se la confeccionó un negro, era evidente. Es posible que yo, anciano ocioso y caótico, esté desbarrando pero es lo que vi. En la noche electoral, sus fieles en la puerta de Ferraz le decían: “Con Rivera, no”. Usted, prudente, y en plan hombre de Estado replicó: Nosotros no vamos a hacer “cordones sanitarios”.

Espero que nuestros votos sirvan para algo. No obstante, ya sabe usted que el voto no es eterno ni inamovible

Con todos los respetos, que yo nunca he pasado de ser un mero funcionario, le explico: los cordones sanitarios tuvieron su origen en la oposición de la derechona inquisidora y absolutista contra el progreso, y no al revés. Carlos IV, a finales del siglo XVIII, hizo publicar al Conde de Floridablanca una Orden Real – el primer cordón sanitario que yo sepa- para impedir la entrada en España de las ideas de la Ilustración francesa, ideas peligrosísimas de progreso y libertad a las que se oponían nobles, ricos, curas, obispos y demás fauna privilegiada a la que molestaba la Declaración de los Derechos del Hombre y del ciudadano.

No tenga usted duda en poner cordones sanitarios para protegernos de los reaccionarios, Sr. Sánchez. Tiene usted la oportunidad histórica de conformar un gobierno de izquierdas. Deje el pasteleo –que ha tenido durante estos diez últimos meses- actuando con espíritu contemporizador con la derecha. Le cuento una cosa que viví en primera fila –en mi condición de funcionario-: Hablando con un preboste del PP, importante cargo público, me dijo: tenemos que quitar gente porque queremos escenificar el cambio –decía que le había dicho el ministro –presunto de la policía patriótica-. Los que colocaron, más de ocho años después siguen, cobrando, en sus sillones aunque imagino que el carnet y la chaqueta ya se lo habrán cambiado. No se trata de vengarse, se trata de ser justo y lo suyo parecía, en muchos terrenos, un gobierno de coalición con el PP, puro pasteleo.

Acepte un consejo de un desahuciado que ni busca ni necesita cargo prebenda o similar:

1.- Cuide a los pensionistas que se han batido el cobre una vida entera y no están a la vejez para pasar penalidades.

2.- Olvide el medicamentazo y revise las especialidades que debe pagar la seguridad social. Tener un cáncer es una enfermedad y destrozarte los pulmones con la tos también. ¿A quién cojones se lo ocurrió quitar los jarabes para la tos de las medicinas que paga el Estado?

3.- Serene a la izquierda que no estamos en tiempos de revoluciones y son los mercados los que mandan.

4.- Cuide a los empresarios y a los trabajadores porque sin unos y otros, sin empleo y sin cotizaciones, el Estado del bienestar se va al garete. Crear trabajo de calidad es esencial para que una sociedad funcione que todos los motines y las revueltas – a lo largo de la historia- han estado propiciadas por el hambre.

5.- No se olvide de la Ley de Eutanasia – regule el testamento vital- porque es un derecho la vida digna y poder decidir en función del concepto de dignidad que cada uno considere.

Le diría alguna cosa más pero tenemos cuatro años por delante. Han hecho gastar, los intransigentes interesados, un dineral en unas elecciones que no hacían falta. Espero que nuestros votos sirvan para algo. No obstante, ya sabe usted que el voto no es eterno ni inamovible – el PP lo está experimentando en sus carnes-. Yo lo he votado en las generales pero, por ejemplo, no pienso votar socialista en las municipales porque la lista franquista de Alicante – de Ángel, no de Francisco- no me parece válida ni para tacos de escopeta – una de las que nos quería entregar Vox a los hombres de bien-.

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