Debatiendo

Me entretuvo el primer debate en la supuestamente televisión pública, pero que todos sabemos privativa, porque quien dispone al director/a, y éste a su vez al jefe de informativos, coloca la trampa de sus siglas partidistas más que de su ideología. Sin embargo, el que esta misma televisión montó en plan territorial o autonómico, tanto se nos da, fue soso y aburrido al punto de tentarme a cambiar de canal aun a riesgo de tragarme un péplum bíblico a los que tan acostumbrados nos tiene la Semana Santa. Si no lo hice, muy a mi pesar, fue precisamente para poder escribir este artículo comparativo.

En la primera confrontación entre segundos y segundas espadas, debo reconocer que Cayetana Álvarez de Toledo, aunque más pija que una boutique de la madrileña calle Serrano, estuvo sembrada de arrojo, desplante y verbo-respondona. La ministra socialista María Jesús Montero se cayó del coche oficial para arremangarse en Carmen de Merimé, pero no llegó siquiera a manola madrileña. Le sobraba texto memorizado y le faltaba inspiración en el regate corto.

Ahora entiendo por qué no están en Madrid, y a Toni Cantó, Ciudadanos lo ha exiliado a remar en el cauce seco del Turia

Irene Montero de Unidas Podemos se nos ha hecho señoritas de Galapagar y no aguanta las réplicas y cacareos de otros palos a los que ya no asusta; y eso que lo tenía fácil como víctima consorte del impresentable marrano Villarejo. Rufián, y continuo de mayor a menor interés mediático, travestido de honorable hasta que al final no tuvo más remedio que soltar la bilis independentista que lo atragantaba, estuvo mediocre porque no se puede mandar al zorro vocinglero a cuidar de las gallinas y pollos debatientes con la simple armadura de unas anteojeras que sólo miran a su cámara.

El peneuvista Aitor Esteban, tan vasco como un industrial con chapela vendiendo su mercancía federalista del no me pises que llevo chanclas. Juntos, pero no revueltos con la Catalunya divorcista. E Inés Arrimadas, target niña mona (que lo es físicamente) a rezar el rosario de Albert Rivera crucificado por los independentistas; le bastaba con «arrimarse» a Cayetana para intentar dar la puntilla al resto. Y es lo que pasa con los teloneros, que a veces dan más juego que los crooners, quizás porque tienen menos que perder y mucho todavía por ganar. Lo suyo es versionar las canciones de sus jefes, pero sin salirse de la letra.

Bochornosamente no podemos decir lo mismo del debate entre nuestros próceres y procederesas valencianos. Ahora entiendo por qué no están en Madrid, y a Toni Cantó, Ciudadanos lo ha exiliado a remar en el cauce seco del Turia. Mientras, a Mónica Oltra la ha engordado tanto el poder como para haber perdido esa agilidad dialéctica y faltona que la hizo fallera mayor de las boutades progres, con relativos éxitos, para entrecomillar titulares de periódicos, e intervenciones acordes con el amarillismo político de algunos programas en televisiones privadas.

Equidistante entre el firme, aunque simpático liderazgo caciquil de Zaplana, y el melifluo y manejable Paquito Camps, a esta mujer le falta boxing político, cintura, gancho en cuerpo a cuerpo inclemente, asestar nocaut definitivo con un directo al adversario

Ximo Puig, pésimo actor interpretando mofas y despechos, no quiso bajarse de su papel como president (ahora interino), dando por supuesto que el viento favorable de las encuestas lo restablecerá en el trono del Reino de Valencia que, desde tiempos de Jaume el Conqueridor, nunca estuvo tan cerca del nirvana como con él, ofrendando nuevas glorias al Botànic. La señora Bonig no tiene trazas de lideresa: es pequeña y suave, tan blanda por fuera, que se diría toda de algodón de feria. Equidistante entre el firme, aunque simpático liderazgo caciquil de Zaplana, y el melifluo y manejable Paquito Camps, a esta mujer le falta boxing político, cintura, gancho en cuerpo a cuerpo inclemente, asestar nocaut definitivo con un directo al adversario, y salirse de las cuerdas cuando la acorralan con el pasado corrupto del PP.

Toni Cantó, en su papel histriónico de buen actor, mas no se sabe su papel y guión temático en valenciano. Es comparsa del sainete trifásico, pero no figurante principal. Como advenedizo, como todavía descolocado, como falto de tablas en el Cap i casal. Por debajo de la mediocridad general sólo estuvo el podemita Rubén Martínez Dalmau: brillante intelectual con mejor currículo que sus adversarios/as, pero absolutamente insulso y mal vestido para el espectáculo de la política televisada («el medio es el mensaje»), incapaz de conectar con la gente que no haya decidido ya su voto. De momento los primeros debates, no es que hayan quedado en tablas, sino que se nos han escurrido en la memoria como agua de borrajas que va a dar al olvido. Pues eso.

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