Acariciando libros

La novela de Umberto Eco, El nombre de la rosa, una novela negra e histórica, que tiene lugar en la Edad Media con frailes –Guillermo de Baskerville–, monasterios, intrigas, muertes violentas y un pupilo del fraile principal–Adso de Melk–, que supuso una revolución sin paliativos en la novela histórica, a principios de los años ochenta. En la edición que aún conservo –llena de anotaciones al margen y de frases en latín que me preocupé de traducir en su momento– hay una que desde el primer minuto me aprendí de memoria: “En todos los sitios he buscado el descanso y no lo he hallado en ninguna parte, salvo en un rincón con un libro”.

En el mundo hay personas preocupadas por medrar –vean las luchas políticas, los ajustes de cuentas y los navajazos en la espalda a cuenta de las listas electorales–, personas ocupadas —exclusivamente— por enriquecerse a cualquier precio –vean las famosas operaciones policiales, desde la Gürtel a la Brugal y desde la Púnica a la Erial o la Taula–. Personas dedicadas a la tontería más clamorosa –vean los mil y un realities que convierten la estulticia en norma de conducta– y personas que no hacen nada, que vegetan, sin pena ni gloria, haciendo buena aquella distinción que hizo en su momento Camilo José Cela, entre dormido y durmiendo o estar jodido y estar jodiendo, modelo de actitud pasiva y holgazana o creativa y fecunda.

Conozco al profesor Manuel Desantes hace más de treinta años. Sabía, evidentemente, de su especialidad en Derecho Internacional Privado, materia de la que es catedrático en la Universidad de Alicante. Desconocía, hasta hace unos días, la distinción que él mismo hizo la tarde que quedé con él para acariciar libros, sin saber exactamente qué me esperaba ese día. Bibliófilo, decía Desantes, es una persona que ama a los libros. Bibliómano es un hombre adicto a los libros. Bibliópata es un enfermo por amor, adicción y dependencia de los libros. El profesor Desantes, se definió, en el paraíso que ha abierto en el centro de Alicante, como un bibliópata. Buscó  de manera amorosa y casi compulsiva, incunables, libros publicados entre 1455, fecha en que Gütemberg imprimió la primera Biblia, y 1500. Tiene dieciséis en su biblioteca. Busco libros postincunables, los publicados entre 1501 y 1540. Tiene cincuenta en su biblioteca.

El profesor Desantes ofrece a quien lo visita una pequeña talla de madera que es el verdadero dueño y vigilante perenne de esa cámara del tesoro: don Biblio

Generosamente, ha ubicado en la segunda planta del Colegio de Notarios de Alicante, su magnífica biblioteca de 4500 obras, atestada de joyas literarias cuyo valor es inconmensurable. La ha instalado y, cada día, se dedica a enseñar, a promocionar, a trabajar por el placer que generan los libros, un bibliópata en toda regla. Casi por cumplir con una vieja amistad atendí su invitación a conocer ese espacio en el que viven los “libros felices”. No sabía el tesoro –en la calle Bailén, en pleno centro de Alicante– que iba a encontrar allí. En el centro de la biblioteca, en una gran mesa había diez o doce libros con solera, chorreando siglos por sus lomos y sus portadas. Ahí comenzó la liturgia.

El profesor Desantes ofrece a quien lo visita una pequeña talla de madera que es el verdadero dueño y vigilante perenne de esa cámara del tesoro: don Biblio. Hay que acariciar su calva para empezar ese paseo fecundo por la historia, el derecho, las ciencias, las guerras,  las atrocidades, los crímenes y la mejor literatura.

“Los libros están tristes” —afirma Desantes con cara compungida—. Si un libro es antiguo y muy valioso, De Senectute de Cicerón, por ejemplo, aunque vayas donde esté con tu carné de investigador, no te dejan tocarlo. Esos tesoros que nos han sido dados hace siglos están digitalizados para ser consultados, los originales están guardados en una cámara para preservarlos de todos los peligros externos. Ese aislamiento protector les genera tristeza y por eso, el catedrático, para paliar la tristeza de sus cuatro mil quinientos ejemplares, prácticamente únicos, los ha puesto a disposición de la gente para que los acaricien y palíen la tristeza que embarga a todo libro aislado, escondido y protegido en un lugar oscuro.

En la biblioteca dicha, en el Colegio notarial de la calle Bailén 25, vigilados día y noche por don Biblio – vean la foto que he mandado al editor de 12digital- está la edición facsímil de la Biblia de Gütemberg, cuyo  único original en España, se conserva en la biblioteca provincial de Burgos. Puede uno ver, y acariciar, los Decretales del papa Bonifacio VIII, que imperó en el siglo XIII, impetuoso y arrogante, nepotista y guerrero, promotor de Cruzadas pues creo que confundía con facilidad, la voluntad de Dios con la suya, como luego han hecho tantos otros. El Corpus Iuris Canonici, publicado en 1509, fue una fuente esencial del derecho. No olvidemos que, con base en sus doctrinas jurídicas, la Iglesia mandó a la hoguera a bastantes miles de personas durante varios siglos.

Vigilado por don Biblio está el Directorio de la Inquisición, impreso en 1585, dedicado al papa Gregorio XIII y que contiene la doctrina en que se basaba el proceso inquisitorial en el que se fundamentaban los inquisidores sus condenas a los hombres por conductas heréticas. Es curioso: ese libro descansa hoy – y es feliz cuando alguien lo acaricia- junto a otros muchos por los que sus autores fueron perseguidos con base en las normas en él contenidas. No sé si me explico o les he hecho un lío.

Los evangelios que la Iglesia decidió que fuesen canónicos, o sea buenos, están llenos de interpolaciones y añadidos que dificultan llegar a las “ipsisima verba Iesu”

Quintiliano, un jurista y retórico romano – nacido en Calahorra en el siglo I d.c- está en esa biblioteca, en edición incunable de 1482. Junto al hispanorromano Quintiliano, gobierna una de las grandes estrellas que vigila don Biblio: Marco Tulio Cicerón, el mejor orador y jurista que ha existido jamás. Un siglo más antiguo que Jesús de Nazaret, de Jesús no se sabe casi nada y de Cicerón se sabe absolutamente todo. Jesús no escribió ni una letra y, los que escribieron sobre él, lo empezaron a hacer casi un siglo después de que fuese crucificado y desde la fe en que había resucitado. Los evangelios que la Iglesia decidió que fuesen canónicos, o sea buenos, están llenos de interpolaciones y añadidos que dificultan llegar a las “ipsisima verba Iesu”- las mismísimas palabras de Jesús. Cicerón escribió muchísimo y muchos escribieron sobre él. Se sabe todo de este iuris prudens y en ese paraíso hay doscientas cuarenta y cinco ediciones de distintas épocas de sus obras. El siglo de las luces también está bajo la tutela de don Biblio. Los ochenta y seis tomos de la Enciclopedia francesa –Diccionario razonado de las ciencias, las artes y los oficios, editado en 1778– y puesto en orden por Diderot y D´Alembert, tuvo que imprimirse en Lausana porque el Discurso preliminar, en el que Diderot explicaba el contenido y finalidad de la obra, indignó profundamente a la Iglesia –la que quemaba herejes en la época–. Por su propuesta humanista, laica y racional, que señaló el principio de la Edad Moderna, debió imprimirse en tierra dominada por los calvinistas que, por lo que parece, eran más tolerantes.

No les doy más la lata. ¿Quieren disfrutar viendo, leyendo y acariciando libros? El catedrático Desantes, especialista en Derecho Internacional Privado y bibliópata, les espera, con don Biblio que es encargado perpetuo de esa sala del tesoro. Si allí no vive la felicidad absoluta y perpetua, el lugar debe de estar muy cerca.

5 thoughts on “Acariciando libros

  1. Comparto plenamente la percepción y el magnífico artículo de Manuel Avilés que al igual que quienes han visitado la biblioteca del Colegio Notarial (inmejorable sponsor), hace un merecido reconocimiento a la labor que Manuel Desantes, valenciano de origen, y alicantino de destino, viene desarrollando en nuestra ciudad desde hace ya muchos años. Mi aplauso y reconocimiento emocionado a su amor por los libros y por Alicante. Luis Corno

  2. Es extraordinario que Alicante cuente con esa joya. Como tantas veces ocurre, una sola persona, con su voluntad, decisión y esfuerzo, hace por sí y por los demás lo que muchas otras perdonas, entidades e instituciones, deberían procurar. Solo nos queda presentar nuestro reconocimiento, nuestra admiración, nuestra gratitud.

  3. Un auténtico lujo para Alicante la biblioteca del profesor Manuel Desantes. Ha sido una experiencia inigualable tocar la calva de Don Biblio y perderse en la historia que sus libros nos cuentan.

  4. Estuve en la inauguración de la biblioteca tocando la guitarra y fui partícipe de esa maravillosa colección puesta al alcance de todos. Allí los libros cobran vida, disfrutaron las interpretaciones haciendo eco de la música de Tárrega, Sor y Albéniz… Gracias Desantes por regalarnos estas maravillas invaluables. Enhorabuena a Manuel Avilés por este artículo.

Si deseas aportar tu opinión sobre esta noticia, por favor, deja aquí tu comentario.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.