Ruletas

Ximo Puig ha lanzado la bola de la ruleta francesa, y todos los partidos políticos hacen sus apuestas hasta que suene la voz del «rien ne va plus». El jefe de la mesa valenciana arriesga su suerte de futuro uniendo todas sus fichas en el mismo «rojo, par y pasa» de Pedro Sánchez. Bien sabe el Molt Honorable, ayer susanista y hoy sanchista, que la partida es a todo o nada. Si el tripartito logra un capital de votos suficiente para otros cuatro años, su reino en el Botánico estará salvado. Pero si el tridente de la derecha gana, saltará la banca de la socialdemocracia y sus socios nacionalistas que ahora ya siquiera prestan fichas a los muy tocados podemitas. La partida es a todo o nada: Europa, Madrid, Valencia. Vida o muerte de unas siglas, como mínimo para un cuatrienio que puede acabar en federalismo rampante o en travesía del desierto social-nacionalistas.

Puig juega con la tarjeta de oro que le otorga la presidencia de la Generalitat, presuponiendo carencia de carisma en la señora Bonig, como as en su pico de la manga, completado con la escalera de color que suministra la corrupción en el PP. Así que no dudarán las izquierdas-nacionalistas en sacar las momias del pasado popular: Zaplana, otrora virrey todopoderoso y radiante de simpatías y favores bien pagados, y ahora, triste víctima de su ambición millonaria, zarandeado inclementemente cuando apenas puede sostenerse en pie. Paquito Camps, el Bruto del César Zaplana, desprestigiado por un botarate bufón de Corte como «El bigotes», y sus fantasmagóricas amistades del alma. Y el beato Cotino, a quién hasta su orden opusdeísta dio de lado, demostrando que tanta santidad no era sino rapacería con las arcas públicas. Completan el quinteto sobre el tapete, un recién excarcelado Rafael Blasco, quién quiso ser Fouché (el político francés revolucionario, napoleónico y realista según viniera la historia), vaga cabizbajo por Valencia para volver a su casa confortándose contra hermosa colección de arte contemporáneo que pudo afanar su mujer, Consuelo Ciscar. Cerrando naipes adversos los entonces presidentes de las diputaciones de Valencia y Alicante, Alfonso Rus y J. J. Ripoll paseantes en tribunales a espera de sentencia.

Isabel Bonig intentará demostrar que se lava todas las mañanas con agua bendita; César Sánchez, contrarrestando a la anterior –siempre Alicante versus Valencia–, se venderá como lugarteniente del líder nacional Casado –uniendo sus suertes–; Luis Barcala, el más inteligente don Tancredo que haya podido tener la capital alicantina, demostrándose gestor por encima de político

Claro que el PP no lo tiene fácil presumiendo de éxitos pasados, pero intentando obviar a las personas que los lograron desde el poder absoluto y hoy infecta carne de juzgado. Por eso Isabel Bonig intentará demostrar que se lava todas las mañanas con agua bendita; César Sánchez, contrarrestando a la anterior –siempre Alicante versus Valencia–, se venderá como lugarteniente del líder nacional Casado –uniendo sus suertes–; Luis Barcala, el más inteligente don Tancredo que haya podido tener la capital alicantina, demostrándose gestor por encima de político y, por supuesto, limpio del Código Penal su ADN, con el añadido de cómo enfrente sólo tendrá a un personaje teatral, Paco Sanguino, que apenas, y desde su bisoñez fuera de los escenarios, puede aguantar tres actos, pero nunca cuatro años de cruda realidad.

Debieron aconsejarle al Secretario General de los socialistas valencianos, que el oráculo demoscópico estaba a su favor, pues el personal votante en las elecciones generales aumenta porcentualmente, con lo cual, si se pinzan las papeletas de las Cortes, Senado y Bruselas con las de Les Corts, la canica del destino rodará a su favor cayendo en la casilla del pleno que lleva su nombre. Pero eso es mucho suponer.

  • Primero: porque, aunque la política haga extraños amigos de cama, no le resultará fácil a Ximo Puig cambiar a Mónica Oltra y a Antonio Estañ por quien tenga a bien Ciudadanos, donde manda Albert Rivera y el resto son tropa.
  • Segundo: porque, sus fieles han sido laminados o, cuando menos relegados, por la apisonadora sanchista, que ítem más contra Puig, conduce Ábalos, inclemente y correoso apoderado que no olvida pasadas enemistades tribales.
  • Y tercero: porque podría darse la paradoja democrática de quedar en el límite para gobernar la Generalitat, y con la mayoría de los municipios y diputaciones en contra.

Está girando la ruleta francesa, pero puede acabar convertida en ruleta rusa, y ni siquiera el precipitado por desconfiado Molt Honorable y sus asesores áuricos saben dónde está la bala.

Hagan juego señoras y señores.

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