‘Van Gogh, a las puertas de la eternidad’: La cordura del genio incomprendido

El arte es el mejor analgésico contra la enfermedad en muchas ocasiones. La medicina cura, pero el arte anestesia cuando estás sumergido en el dolor más profundo. Julian Schnabel, antes que director es pintor de gran prestigio, y antes de su última obra cinematográfica, ya firmó películas interesantes como: ‘Basquiat’, ‘La escafandra y la mariposa’ y la gran ‘Antes que anochezca’, que mereció la primera nominación al Oscar como mejor actor de Javier Bardem.

El hecho de que el director de ‘Van Gogh, a las puertas de la eternidad’ sea pintor aporta muchísimos matices a la hora de crear la narración cinematográfica. La especial sensibilidad artística del realizador aporta a la película un aura romántico e idealizador del proceso creativo que vive el pintor de una forma bastante acertada. Schnabel no puede evitar su infinita admiración por Van Gogh y dentro de esa mitomanía,  especialmente durante el comienzo del film, resulta demasiado pretenciosa, aunque durante el transcurso de la narración consigue sumergirte en el personaje dejando atrás esa presuntuosidad. Es una obra de arte y ensayo, un cine que no está enfocado al público más comercial, pero a través de los primeros veinte minutos el público se adentra en el objetivo del director: tratar de comprender la mente del genio. Y engancha gracias a Willem Dafoe.

No me sorprende para nada el que Julian Schnabel consiguiese una interpretación tan camaleónica del protagonista, ya que es un gran director de actores. Pero aún menos me inquieta que Willem Dafoe cree una absoluta metamorfosis con el personaje que interpreta

En los Oscar, siempre se premia antes el groso de los números que generan los beneficios de la taquilla. Pero casi nunca son justos con la calidad artística de las obras galardonadas o de los personajes interpretados. En este caso, el mejor actor fue Rami Malek, compitiendo con Willem Dafoe, Viggo Mortensen, etc… Opiné que el mejor era Viggo, pero no había tenido la oportunidad de ver a Willem Dafoe.

No me sorprende para nada el que Julian Schnabel consiguiese una interpretación tan camaleónica del protagonista, ya que es un gran director de actores. Pero aún menos me inquieta que Willem Dafoe cree una absoluta metamorfosis con el personaje que interpreta. El actor ha sido nominado cuatro veces (‘Platoon’, ‘La sombra del vampiro’, ‘The Florida Proyect’, ‘Van Gogh, a las puertas de la eternidad’) e injustamente nunca galardonado (Stanley Kubrick nunca ganó un Oscar). La película es él, y ni siquiera el Van Gogh de Kirk Douglas en la maravillosa ‘ El loco del pelo rojo’ creó una imagen del genio tan verosímil y ante todo empática con el público. Willem Dafoe ha sido Jesucristo en la obra de Scorsese, ha sido Nosferatu en la película de Max Shreck, y también fue un soldado de Vietnam en el film de Oliver Stone. Siempre ha sido exactamente el personaje que necesitaba el director. Eso es tener un don.

Estéticamente la película está muy cuidada, predominan los amarillos y azules característicos de la obra de Van Gogh, y en cuanto al estilo visual, hay muchos planos con movimiento de cámara, para generar esa ansiedad constante en la que vivía el pintor y también muchos planos detalle aportando un punto de vista intimista, por otra parte en los planos generales la composición es magnífica creando en estos casos auténticos cuadros inspirados en el estilo del artista.

Van Gogh fue todo lo que nadie conoce. Pese a sus desequilibrios e inseguridades nunca dudo ni un segundo de que su vida estaba destinada a emocionar y hacer partícipe al mundo entero que su visión es única y fundamental.

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