Me veo en la abstención

Escucho por la mañana a mi amiga Luz Sigüenza en Onda Cero, anuncia un circo que va a actuar en las explanadas de Rabasa y dice algo así como: “risas garantizadas con los payasos del circo tal y cual”. Me revuelvo en mi orejero, sigo con el curso de novela histórica, repasando a Godoy, a Escoíquiz, al duque del Infantado y a toda la camarilla en pleno del traidor Fernando VII y me pregunto: ¿Queremos risas hasta partirnos la caja? ¿Queremos desternillarnos sin soltar un euro? Solo hay que poner  la radio o la televisión y escuchar las encuestas electorales de la precampaña.

Ni el Sr. Félix Tezanos, con todo su golpe de director del CIS – y su sueldo-, se cree los resultados que ha publicado. No sé si habrá mucha cocina o mucho laboratorio en las encuestas pero nadie, que no esté tomando medicación para facilitar la conexión neuronal,   se cree que el PSOE doble en intención de voto directo al PP. ¿Casado a dieciséis puntos de Sánchez? Eso no se lo creen ni Sánchez Dragó, Ussia, Rivera, Abascal y Villalobos juntos. Es posible que el Sr. Tezanos haya querido hacer un chiste con esa publicación y hasta en el propio gobierno le han recomendado que se serene porque tanto triunfalismo puede ser perjudicial para las expectativas socialistas. No se vengan arriba no sea que el guantazo sea más terrorífico.

A mí jamás nadie me ha preguntado sobre a quién voy a votar. Es raro que habiéndose publicado  miles de encuestas a mi no me hayan preguntado nunca

No sé dónde hacen las encuestas porque a mí jamás nadie me ha preguntado sobre a quién voy a votar. Es raro que, habiéndose celebrado más de cien votaciones desde aquella primera sobre la Ley de Reforma Política, allá por el 77, y habiéndose publicado desde entonces miles de encuestas, a mi no me hayan preguntado nunca. Debo de ser extraterrestre o andar  con un letrero en la frente en el que ponga: tipo raro y peligroso, no  lo encuesten. No veo el letrero y no me miro mucho al espejo, pero a lo peor lo llevo.

Se confirman todas las sospechas, al menos las que yo tenía: Ciudadanos, Populares y Vox son la misma cosa. Nada de centroderecha. Derecha pura y dura con todas y cada una de sus letras. Miren  el trasiego porque es lo más parecido que he visto al camarote de los Hermanos Marx: entra uno y otro y otro más y no termina de entrar gente a ver qué es lo que allí se reparte. Desapareció como si hubiera sido víctima de un truco de Juan Tamariz aquel partido fantasma que apadrinaba Rosa Díez y todas sus estrellas han ido aparcando en Ciudadanos como su destino natural, que hay que buscarse la vida. Se fugan del partido “Casadoaznarista” – véase la expresidenta de las cortes castellanoleonesas, Silvia Clemente, o el expresidente balear y ex senador, José Ramón Bauzá- y aparecen en Ciudadanos. Todo  ser político, arrumbado en un partido – echado a la puta calle para ser exactos- funda el suyo porque se cree imprescindible y cree que va a ganar su sillón por sus propios méritos y su jeta preciosa. Luego se estrella… y vuelve a la cruda realidad: el paro, por ejemplo, la búsqueda de empleo en la que constata que todos aquellos que se decían sus amigos cuando era una estrella política, han desaparecido.

 Dicen que hay una seria sangría desde los populares hacia Vox, el partido rampante, y que Casado está echando el resto para detener la hemorragia. Mala forma de pararla cuando en el último gran Congreso popular, un miembro de Tabarnia, invitado a discursear a los reunidos con la excusa del problema catalán, soltó ante la alcachofa y con el recinto lleno: “Me han pedido que os afiliéis a Vox” – ver discurso de Jaume Vives en Ifema-. No se sabe, no ha habido noticias de que  francontiradores de élite abatiesen al instante al atrevido, imprudente y revienta mítines catalán.

Cuando la greña está en su cenit y todos toman posiciones para pelear por el escaño va el líder de Podemos y se coge permiso de paternidad porque queda muy progre cuidar a los gemelos en el casoplón de Galapagar

Ya tenemos el experimento andaluz como ejemplo de lo que va a pasar después de las elecciones de abril. Felizmente defenestrada la faraona de Híspalis, la derecha trifálica –afortunado sobrenombre acuñado por Delgado, ministra de justicia- se dispone a configurar Andalucía como territorio blindado de la derechona  hispana desde el que iniciar lo que ellos llaman la Reconquista. ¿Qué hay que reconquistar? ¿Adonde van a expulsar a quienes consideren  moriscos?

Mientras tanto, Podemos está desaparecido, pero no en combate sino de baja por paternidad. Todo el mundo se hace cruces de esa estrategia que parece diseñada por el enemigo. Cuando la greña está en su cenit, cuando todos toman posiciones para pelear por el escaño, los momios y las sinecuras, cuando los prohombres se brean por dirigir el país, va el líder y se coge permiso de paternidad porque queda muy progre cuidar a los gemelos en el casoplón de Galapagar. No sé si quedará muy progre o no, pero yo tuve gemelos, hace más de treinta años, cuando no había in vitros ni se habían inventado… y me harté de cambiar pañales, de preparar Milupas y empujar el carro biplaza sin que me dieran no ya unos meses, sino ni un día siquiera. Algo ha avanzado el país y la función pública.

¿Qué diremos de Sánchez? Tras su éxito editorial – agradezco que haya subido las pensiones congeladas hace años- intenta enfriar las profecías de Tezanos no sea que le salga el tiro por la culata ante tantas previsiones de triunfo arrasador. No vendamos la piel  del oso  antes de cazarlo y, dicen las malas lenguas, que está usando el vehículo del decreto ley para poner en marcha medidas populistas que le eviten hacer una mudanza urgente tras el último domingo de abril.

La izquierda me tiene desencantado, deprimido, enganchado al anafranil en vena, indeciso porque todavía Angel Franco no ha destapado el tarro de sus esencias para pergeñar una lista perdedora para el Congreso

Y aquí me tienen. En un ¡Ay!. Sin saber a quién votar. A la derecha trifálica, no. La izquierda me tiene desencantado, deprimido, enganchado al anafranil en vena, indeciso porque todavía Angel Franco no ha destapado el tarro de sus esencias para, compinchado con Puig, hacer lo mismo que con la alcaldía y pergeñar una lista perdedora para el Congreso. Me veo en la abstención. Esto es un sinvivir.

Cambio de tema. Ha muerto Javier Arzallus. Jesuita, enciclopédico, ilustrado, maquiavélico, torero de frases cortantes y dueño del País Vasco en el que no caía ni una hoja ni una nuez sin su permiso. Comí con él en el Andra Mari de Galdacano. Éramos cinco. Ya han muerto tres: él, Gorka Aguirre –ventanilla permanentemente abierta del PNV a etarras y familiares- y Antonio Asunción, el mejor político que he conocido. Solo quedamos dos. Esto se está terminando.

¡Señor, llévame pronto! Antes de las elecciones si tienes conocimiento de que me va a tocar  aburrirme en una mesa electoral. ¡Qué torro!

 

 

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