El postureo y la disciplina

Llegó un día en el que yo también caí en la tentación. Era necesario entrar en este mundo virtual y vivir las experiencias del debate interespacial en mi propia piel. Las redes sociales son un medio de comunicación en sí mismas. El periodismo adquiere una nueva dimensión. Después de cometer casi todos los pecados de un social media común, estoy en disposición de retrotraer algunas de las costumbres adquiridas. Creo que voy a deconstruirme para volverme a formar, como hace el cocinero José Antonio Sánchez —Els Vents— con los exquisitos platos que elabora en el programa de tv ‘Cocina Mediterránea’ que dirige mi buen amigo Pedro Nuño de la Rosa.

Y es que he llegado a la conclusión —puede que equivocada, pero es la mía— de que no es verdad que twitter sea una mesa de debate de grandes dimensiones. Ni Facebook es una plaza pública donde encontrar amigos. Ni Instagram es un club social de personas con aficiones comunes que muestran imágenes de su buenrollismo. En el fondo se trata de un espejismo interiorizado que nos creemos y en el que participamos para no reconocer la falsedad. The great pretender —decía Mercury— nos envuelve en sus paredes de cuatro o cinco pulgadas para captar la atención y abstraernos del mundo. Abandonamos las conversaciones cara a cara, la lectura en papel, las miradas cómplices a desconocidos y las sensaciones de cuando se escucha o se mira a los ojos a la persona con la que se debate. Somos presos de las fotos de postureo —con morritos incluídos— y de la disciplina de aquella doctrina a la que decimos pertenecer, que nos impide razonar con quien piensa diferente.

Las fotos en las redes sociales ya no sirven ni para lucirse uno mismo, sino para demostrar a los demás que hemos estado allí y hacerles creer que lo pasamos bien

En las redes sociales las cosas no son como son, sino como parece que son. En una de sus canciones, el rapero Toteking enlaza su crítica social con frases como “etiquétame, agrégame, quiero ser tu amigo. Las fotos ya no sirven ni para lucirse uno mismo, sino para demostrar a los demás que estuviste allí y que lo pasas bien, no importa si es o no así…“

Los conciertos cambiaron la luz de los mecheros por la luminiscencia de los móviles. Las cosas importantes –conciertos, obras de arte, acontecimientos o espectáculos- ya no se ven directamente con los ojos, sino a través de una pantalla de catorce o diecisiete  pulgadas, se graban y se observan después. Perdemos la magia del momento. “Una puesta de sol, échale una foto, no vaya a ser que la veas con tus ojos[] Seamos sinceros, ni tú eres esa rubia ni yo aquél moreno[] Posturea para que el mundo lo vea, que la vida con un filtro no es tan fea [] Facebook me recuerda que hoy es el cumple de mi madre”. (Arnau Griso – ‘Para que el mundo lo vea’).

Opinar con convicción en twitter es arriesgarse a caer en un hilo de estupideces sin sentido

Hoy he sabido que Juan Cruz –Director adjunto de El País y Premio Azorín de novela de 1988 por El sueño de Oslo- se ha salido de Twitter. Me ha dado que pensar. Si un periodista de su talla deja la que nos vendieron como ‘la red social de los periodistas’ es porque ya no es como creíamos que era. Pensándolo bien ¿cuándo fue la última vez que tuve un debate constructivo en twitter? En mis últimas tentaciones –hace más de un año- acabé encarnizadamente vilipendiado por quienes no comparten mi punto de vista. Opinar con convicción en twitter es arriesgarse a caer en un hilo de estupideces sin sentido. No hay derecho a réplica, ni a explicar las posiciones adecuadamente. Quienes ladran en internet no leen ni escuchan tus aportaciones. En twitter solo eres una clasificación a favor o en contra de algo, sin matices, sin grises ni tonos pálidos. Decía Montaigne que “nadie está libre de decir estupideces, lo malo es decirlas con énfasis”, y de eso twitter está sobrado. Ahora con los ‘hilos’ se multiplican las estupideces de quienes ‘monologuean’ y luego son sometidos al vox pópuli. Es lo que tiene un universo en manos de quien no tiene rubor para escupir cualquier cosa, y lo que es peor, a la cara de cualquiera que se ponga delante.

En los últimos meses me limito a retuitear las publicaciones de la cuenta de 12tv y poco más. Estoy pensando bajarme de twitter. Por ahora ya soy solo un usuario pasivo, como un voyeur. Ya veremos.

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