¿El fin de la estupidez política?

Como dicen los toreros en las corridas de toros —no me gustan ni unos ni otras—, como decían antiguamente en mi pueblo aquellos conjuntos musicales que tocaban coplas de Antonio Molina y Juanito Valderrama —me gustaban más que las corridas, las de toros, evidentemente—, “a petición del respetable” voy a continuar con los argumentos del artículo anterior, aquel titulado Pedro Sánchez me cansa. Nunca se puede escribir a gusto de todos y, por ese artículo, muchos me han formulado críticas positivas y otros muchos me han dado cera, cabreados porque lo escrito no era de su gusto. Es lo que hay y uno debe estar dispuesto, siempre que publique alguna cosa o haga cualquier manifestación en público, a que le zurren la badana. Si no, lo que debe hacer es estarse callado y quietecito. No hay que significarse, que ese es uno de los consejos sabios que recibí en la mili y al que jamás he hecho caso que, el clavo que sobresale es el que se lleva el martillazo.

Gerald Brenan: “Cuando flaquea el poder central emergen los poderes periféricos”

Pedro Sánchez, en su legítimo afán de hacer durar su estancia en la Moncloa, metió las patas hasta más arriba de las ingles. Ha intentado por activa y por pasiva llegar a un acuerdo con los políticos catalanes partidarios de la independencia, más que nada por seguir en la Moncloa, o sea, por conservar la mayoría legítima que le dio el sillón. Sánchez no es un Okupa ni un presidente ilegítimo porque accedió al cargo a través de un vía legal, con unos votos del parlamento que pueden gustar más o menos a la derecha pero que son votos tan válidos como los suyos. A ver si va a resultar que sirven los votos de populares y ciudadanos y los otros son inservibles. Ya lo decía, hace varias decenas de años, Gerald Brenan, aquel inglés que, instalado en el Sur de Granada, desde una Alpujarra atrasada y mal comunicada, tan bien entendió a España: “Cuando flaquea el poder central emergen los poderes periféricos”. Lean El laberinto español y verán un análisis preclaro de la situación de aquella época —la republicana— que es idéntica a la actual porque la condición humana cambia muy poco o nada.

Los Puigdemont y los Torras no tienen otro objetivo que la independencia y para eso son capaces de votar lo que les pongan por delante siempre que por parte del gobierno central se les permita votar su independencia

Pedro Sánchez, en su afán de pervivir como presidente quiere aprobar los presupuestos generales del Estado para gobernar con cierta comodidad. Los nacionalistas catalanes ponen el listón a una altura inalcanzable y Sánchez intenta saltarlo para conseguir su meta. Los Puigdemont y los Torras no tienen otro objetivo que la independencia y para eso son capaces de votar lo que les pongan por delante siempre que por parte del gobierno central —cosa imposible— se les permita votar su independencia.

Sánchez entra al trapo y empieza a dorar la píldora con el diálogo. ¿Pero de qué va usted a dialogar con unas personas que tienen como objetivo único lo que es un imposible con el ordenamiento jurídico vigente? ¿Entramos en una espiral revolucionaria? ¿Está, acaso, el horno en la actualidad para esos bollos? Y Sánchez sigue entrando al trapo y acepta una de las cláusulas de Torra que es una trampa saducea lo mires por donde lo mires. Admite la presencia, en las conversaciones, de un mediador. Despistan el nombre hablando de un ‘relator’ que se ha convertido en la palabra de moda y en el motivo para tirarle a Sánchez a la cabeza de manera inmisericorde. Desde felón a ilegal y desde traidor hasta aprovechado, la derecha se ha lanzado al cuello denunciando la venta de España por parcelas. Incluso en el propio Partido Socialista se han agitado las aguas y hasta González y Guerra han afeado la estupidez política del relator cuando hay un parlamento para hablar de todo con mil secretarios y cámaras y periodistas que dan fe de lo que allí se cuece. No hacen falta ni relatores ni mesas de partidos que todos pueden exhibir su fuerza en la aritmética parlamentaria.

Arrecia la tormenta y Sánchez, viendo la que se le viene encima, da marcha atrás con publicidad y con todo lujo de detalles. Sanchez frena la mesa de partidos y asegura que nunca aceptará un referéndum de autodeterminación. Leo el sábado por la mañana temprano con mi café en el Cristian. Sánchez remeda a Chavela Vargas , cuya voz divina escucho mientras escribo: Cuando lejos te encuentres de mí/ cuando quieras que esté yo contigo/ no tendrás un recuerdo de mí/ ni tendrás más amores conmigo /No volveré/ te lo juro por Dios que me mira/ te lo digo llorando de rabia/ yo no volveré.

Yo no voy a ir aunque me lleven gratis y me den un bocadillo de lomo ibérico y me paguen los cafés durante el camino y me lleven a ver un musical al acabar el recorrido

La derecha, la ultraderecha, los que están incluso a la derecha de la ultraderecha forman piña y convocan la madre de todas las manifestaciones. Dicen que es por España y que Sánchez ha dado marcha atrás por miedo pero que la liará de nuevo a la menor oportunidad y que sigue siendo un okupa ilegítimo. Ellos son los que reparten carnets de legitimidad para todo.

Se desvela la gran incógnita ¿Son de centroderecha quienes llevan años proclamándose como tales? Los hechos desmienten esa proclamación. A la manifestación que convocan por España —me parto— los populares y los ciudadanos, se unen Vox, Falange, Hogar Social Madrid y España 2000, pura y dura ultraderecha. Solo hay que fiarse del sabio refranero español: Dime con quién andas y te diré quien eres. Estoy expectante. Yo no voy a ir aunque me lleven gratis y me den un bocadillo de lomo ibérico y me paguen los cafés durante el camino y me lleven a ver un musical al acabar el recorrido —que no sé si harán eso ni tengo idea del programa ni me importa—. Mi expectación, descartado el poner nombre al relator felizmente desaparecido, se centra en saber cuántos manifestantes acudirán en defensa de la patria, aunque la mili y la lucha contra el terrorismo la hayamos llevado a cabo otros y quién pagará esos desplazamientos generosos. Ya nos enteraremos. Demos tiempo al tiempo.

¡Qué tropa! Que decía Romanones. ¡Señor, llévame pronto!

2 thoughts on “¿El fin de la estupidez política?

  1. Acabo de leerle escritor, yo también me parto, de todos los q Ud nombra en su entretenido artículo, ninguno hace nada por España, o por lo menos por la de los españoles… solo por la que rebozan de su egoísmo ellos mismos. Gracias por aclarar lo mejor q puede la ropa y sobretodo por lavarla. La sucia, claro.

  2. Magnífico artículo Sr Avilés, aunque yo sea votante de Vox ( espero que no le perjudique) tiene usted mucha razón en su análisis, aunque sería conveniente que agregara aquella recurrente frase de Cicerón ” Quosque tandem abutere, Catilina, Sr Sánchez, patientia nostra” o lo que es lo mismo a cuantos de nosotros Sr Sánchez nos convertirá en violentos ciudadanos de extrema extrema derecha.
    Cuídese mucho y escriba así de bien por muchos años.
    MCV

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