¿Quién teme al lobo Vox?

Están todos acojonaditos, y digo tal porque las feministas —agresivas o convincentes— también presumen hoy de ‘bemoles’ en una equiparación a marcha más forzada que inteligente, como si el cerebro tuviera algo que ver con los pedestres sálvense las partes.

En Andalucía el lobo ultramontano de la fachenda ya ha pegado su primera dentellada, aunque travestido de cabrón —macho cabrío— elevándose sobre las patas traseras y después pegando orgullosos topetazos a imagen y semejanza de sus antecesores europeos. Se repite la iconografía medieval del cornúpeta diabólico desafiando a Dios y a la tiranía del maniqueísmo.

Cae la noche, el personal, ya vuelto de trabajo y cenando dieta para mantener el palmito convencional, escucha aterrorizado los aullidos de la bestia en telediarios, tertulias y otros programas de varietés pseudopolíticas y de aparente interés social, que buscan ganar audiencia a base de vomitar fenómenos que suban la adrenalina del espectador antes de irse a la cama plácidamente empastillados, para pintando el alba contaminada volver a levantarse, radio y ducha, con los mismos mensajes espantosos sobre la manada feroz acercándose a las puertas de nuestra aldea global y democrática.

Los alicantinos somos ‘menfotistas’, nos la bufa

Se acusa a Vox de ir sorteando los límites de la Constitución, pero se calla —por omisión fragante— que los independentistas, no sólo se la saltan por la brava de la boquilla, colocándose en la ilegalidad, sino que la atacan frontalmente denominándose, a ellos en exclusiva, —ignorando al resto conciudadano mayoritario—: «pueblo de Catalunya», hostil al Reino de España. ¡Toma ya lenguaje de preguerra civil! Y luego dicen que dicen de Venezuela.

Los alicantinos somos —unos y otros— ‘menfotistas’ al punto que es palabra ajena a la RAE, y sin embargo, asumida como buena aquí, por puro ‘menfotismo’ como sinónimo de indolencia y otras desidias: nos la bufa.

Si la compañera Sole —12tv— saca cámara y micrófono a la calle y pregunta quién es el jefe con mando en plaza alicantina de Vox, apuesto enésimo contra sencillo, que nadie lo sabe; pero si sondea acerca de si piensan votar al partido surgido de los infiernos retardatarios, ya habrá algunos que le digan que sí, y otros muchos que lo piensan, aunque les parezca excesivo reconocerlo ante el objetivo.

Mientras en los partidos ‘clásicos’ nos cantan «La vida sigue igual» con el mismo balido caprino. Barcala repite en el Ayuntamiento y César Sánchez en la Diputación: ¡viva las cadenas! Y los socialistas, que como no podía ser menos han puesto a un actor de teatro para que interprete el papelón de perder otra vez más, discuten los mismos compañeros y con los mismos collares, entre la defenestrada Montesinos, que rabia por volver a sueldo fijo, y el profesor Pepote Asensi, eterno aspirante a la utopía; o sea: más de antes-de-ayer, en una asamblea que cabe dentro del taxi para tullidos.

Con este panorama «más vale lo ‘malo’ por conocer que lo ‘bueno’ conocido»

Los recién llegados, Ciudadanos y Podemos —con todas sus sinonimias—, se presentan dispares. Los primeros, a esperar no tanto que ganen ellos, como que pierdan otros. Los segundos, presos de la anarquía que los parió con el ADN callejero de aquellas justas reivindicaciones sociales y ahora juntos y revueltos quitándose el megáfono en el recreo.

Con este panorama a nadie debe extrañar pues, que los apocalípticos mensajes simplistas de Vox, calen en mucho despreocupado o escéptico de ambos sexos, que barruntan cambiar el tópico: «más vale lo ‘malo’ por conocer que lo ‘bueno’ conocido».

Alicante camina desganadamente hacia un tripartito PP, Ciudadanos, Vox. La culpa la tienen las izquierdas, intentando subir más de lo aconsejable el péndulo del «prohibido prohibir», y ahora, por ley física y natural, la inercia lo dispara hacia la derechona de intolerancias: Vox. ¿Quién dijo miedo? No era nada preocupante lo del ojo y lo traían en la mano.

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