‘La casa de Jack’: El crepúsculo de Lars

El arte y la provocación han ido íntimamente ligados desde que la historia es historia y el arte es arte. En todos lo ámbitos: literatura, pintura, arquitectura, escultura, música, teatro y como última instancia cine. El sector que nos incumbe es el audiovisual, en el cual, Lars von Trier es un maestro indiscutible. Tras una carrera de más de treinta años en la cual ha creado numerosas obras maestras entre las que destacaría ‘Dogville’, ‘Anticristo’ o la última ‘Nymphomaniac’ es inevitable tener un proceso descendente entre tantas obras prodigiosas audiovisualmente.

‘La casa de Jack’ es una obra menor. En este aspecto, de la misma manera que suele sucederle a Woody Allen, una de sus obras menores es superior al ochenta por ciento de las películas que se producen cada año. Cuando hablamos de un creador como Lars von Trier hay que recrearse en el artista, porque no es un realizador, es un artista en el mayor sentido de la palabra. Dentro del film, desarrolla una narrativa excepcional, un sentido visual deslumbrante (padre del movimiento Dogma) que marcó un antes y un después en la forma del cine independiente europeo de los noventa, y una poética digna de Blake (al que homenajea). Envuelve literatura, fotografía y poesía en un homenaje al arte global. La película gira en torno a Jack, (Matt Dilllon), un ingeniero frustrado que siempre quiso ser arquitecto. Un personaje perfectamente diseñado para que Matt Dillon demuestre su enorme calidad como actor. Un psicópata con un trastorno obsesivo compulsivo que trata de alimentar sus demonios a base de asesinatos despiadados.

En toda su obra existen reminiscencias a Bergman, Buñuel, o Woody Allen, pero siempre desde su estilo sádico, provocador y totalmente personal

Pese a mi interés por comentar la película de manera narrativa no puedo evitar caer egoístamente en el análisis de su director, ya que fundamentalmente es la estrella inevitable del film. Lars von Trier es un estudioso de Freud, un artista que ha basado sus películas en tratar comprender el trauma de sus personajes, y es en este aspecto, crear su sello particular. En toda su obra existen reminiscencias a Bergman, Buñuel, o Woody Allen, pero siempre desde su estilo sádico, provocador y totalmente personal. En cuanto a ‘La casa de Jack’, Lars se ha centrado en ciertas escenas explícitamente crudas y violentas sin una justificación narrativa, al contrario que sucedía en otras de sus obras. Estamos ante una película que baila un vals de un humor tan negro que es difícilmente comprensible para el espectador. Pretende hacer reír, pero muy pocos reímos, ya que su obsesión provocadora es difícilmente comprensible por la mayoría de la audiencia.

‘La casa de Jack’ es un homenaje a Lars von Trier, a sí mismo, a quien fue y esperemos que en un futuro volverá a revolucionar una vez más el séptimo arte

El danés es un genio, indiscutiblemente, pero la última película parece que es un exceso que demuestra su vacío creativo actual, que de forma inevitable, como cualquier otro genio, no puede vivir constantemente en una aureola de creatividad infinita. ‘La casa de Jack’ es un homenaje a Lars von Trier, a sí mismo, a quien fue y esperemos que en un futuro volverá a revolucionar una vez más el séptimo arte.

Si deseas aportar tu opinión sobre esta noticia, por favor, deja aquí tu comentario.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.