La universidad y la política

Hace ya casi un año un día me encontré con mi amigo Jorge Olcina, Director de la Sede de la Universidad de Alicante en Canalejas, hablamos sobre la posibilidad de impartir en dicha sede un curso de novela histórica, un taller de escritura del que debería salir – y va a salir y ustedes podrán asistir en junio a su presentación y podrán leerla- una novela con todas las letras. Con alumnos entusiastas, en la sede de Alicante y en la de Elda, hemos conseguido armar una historia que es mezcla de realidad y ficción. Me fijé, para impartir este taller histórico-literario, en una época riquísima, complicada y convulsa de este país al que todavía muchos nos empeñamos en llamar España porque hay una serie de mastuerzos que, intentando parecer muy progres y muy de izquierdas, se empeñan en llamarlo estado español. Esa expresión – lo aprendí hace muchos años de un gran autor medio paisano mío llamado Muñoz Molina- la acuñó Franco o sea que de progresista y de izquierdas tiene muy poco. Llamó estado español a lo que no podía llamar Reino – la monarquía desastrosa y sinvergüenza había huido a Roma arramblando con lo que pudo para subsistir – y la República, al igual que la primera, terminó como el rosario de la autora, con mil luchas cainitas en su seno que hicieron imposible su supervivencia. Aquella monarquía corrupta, aquella republica incapaz y el fascismo criminal que sobrevino hicieron buena la famosa frase del llamado canciller de hierro, Von Bismarck: “España es el país más fuerte del mundo. Lleva siglos queriendo destruirse a sí misma y todavía no lo ha conseguido”. En eso parece que seguimos.

El barbero de Godoy. Una novela coral del siglo XIX. Ese es el título de nuestro trabajo. Como buena novela histórica que pretendemos que sea tiene algunos personajes ficticios y otros reales, pero todos están plenamente insertados en la época en que nos movemos. Propuse a los alumnos del curso, alicantinos y eldenses, un personaje que fuera el guía de nuestro recorrido por la época: Santiago Riquelme, un chico joven que deja su Badajoz natal para ir hasta Madrid, donde un cura de los de misa y olla, le había recomendado para entrar al servicio de Godoy como barbero.

Ya tenemos la época convulsa y mucho más que tormentosa. En España reina una pareja nefasta, es el ocaso del antiguo régimen, que ve degradarse poco a poco la situación del país y de su imperio americano, sin ser capaz de remediarlo. Carlos IV, un rey grandullón, fofo y con pocas luces que empleaba sus días en la caza, los trabajos manuales, los relojes …y no se sabe en qué más. María Luisa, una mujer “bon vivant” a la que tachaban de marimandona y ninfómana, bastante más lista que su marido y que propició el ascenso de nuestro protagonista: Godoy, del que el personaje guía de la novela fue barbero.

Los nobles, condes, duques y marqueses, no tragaban a Godoy porque no era de su casta y las castas siempre han sido reacias a admitir en su seno a los venidos de la nada

El curso nos da la oportunidad de entrar a saco, desde la comodidad del centro de Alicante, en la Sede universitaria de Canalejas y en la de Elda, en la vida de aquella corte llena de batallas feroces por el poder y el dinero. Los nobles, condes, duques y marqueses, no tragaban a Godoy porque no era de su casta y las castas siempre han sido reacias a admitir en su seno a los venidos de la nada. Lo consideraban un advenedizo que debía sus ascensos a sus líos de cama con la reina. Los curas, pegados al poder como de costumbre, veían en Godoy un peligro porque, al parecer, le gustaban las ideas ilustradas, era amigo de la modernidad y de los liberales – los liberales de la época no tienen nada que ver con los de Esperanza Aguirre, no confundamos, aquellos serían los rojos de hoy-. Los curas vivían a gusto con la Inquisición rampante, sin pagar impuestos y acusando a Godoy de lascivo y de bígamo. Ellos que eran castos por sistema, tenían queridas a las que casaban con hombres de paja – con perdón por lo de paja- para salvar las apariencias. Lean la novela – cuando salga- y vean a Ramón de Arce, inquisidor general, arzobispo de Zaragoza que apacentaba a su grey desde Madrid, donde vivía  amancebado con una marquesa. Vean al cura Escoiquiz, preceptor del gran traidor Fernando VII e intrigante de carnet, amancebado con una maña a la que casó con su machaca José del Peral. También para salvar las apariencias que eran lo fundamental, igual que hoy.

El personaje Fernando, rey deseado y detestado, era un tipo rastrero y psicópata que no hizo ni una buena a lo largo de su vida. Se arrastraba mientras vivía y cobraba de Napoleón y le suplicaba que le diera por esposa a alguna de su familia

Carlos IV y Fernando VII, padre e hijo al menos sobre el papel, se peleaban por la corona, el hijo da un golpe de estado contra el padre y acaba chivándose de todos sus compinches y yéndose de rositas tras pedir perdón y prometer ser el mejor hijo del mundo. Digo hijo sobre el papel y digo bien porque tres autores distintos, Fray Juan de Almaraz citado por Zabala en “Borbones y bastardos”, Pío Baroja en “La nave de los locos” y Carlos Le Brun en “Vida de Fernando VII” que lo pone en boca del propio Napoleón, afirman que el hijo insidioso de la tal María Luisa de Parma, no lo era de su marido canónico. Estudiar historia, a veces, te pone los pelos de punta. El personaje Fernando, rey deseado y detestado, era un tipo rastrero y psicópata que no hizo ni una buena a lo largo de su vida. Se arrastraba mientras vivía y cobraba de Napoleón y le suplicaba que le diera por esposa a alguna de su familia. Toda su ilusión era emparentar con el hombre más grande que habían visto los siglos. Eso decía al general francés mientras los españoles, imbéciles, se enfrentaban al ejército galo a pecho descubierto, escondidos los militares en sus cuarteles por orden real.

Nos estamos divirtiendo y estamos aprendiendo con nuestra novela casi tanto o más de lo que ustedes se van a divertir y van a aprender cuando la lean. Tampoco la realidad y la vida política ha cambiado tanto. Echen ustedes un vistazo a su alrededor y verán las puñaladas traperas volar veloces para liquidar al adversario – no necesariamente de distinto partido que suele ser más del propio-. Vean cómo desde Floridablanca a Godoy, desde Saavedra a Ceballos, desde Cabarrús a Caballero, lo mismo que hoy – pongan los nombres que quieran- se disfrazan las ambiciones y los caprichos privados de necesidades públicas para pagarlas con el dinero de todos. Vean cómo dan marcha atrás cuando les interesa y dicen, por ejemplo, que van a hacer primarias y utilizan el dedazo para colocar a quien cree que les será más beneficioso. Vean cómo quienes se llaman “independientes” – en política- pasan a ser dependientes del aparato que los ficha y quiere colocarlos. En concreto, en Alicante, del aparato franquista. La historia nos enseña que el ser humano no cambia, que la ambición, el poder, el sexo, el dinero, el enriquecimiento… han sido, son y serán los motores que nos empujan cada día.

¡Señor….llévame pronto!

 

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