Capitalismo a la carta

Estamos en plena vorágine del conflicto entre taxis y Uber y Cabify. La aparición de estas empresas privadas ha supuesto un cambio importante en la percepción de un servicio considerado como SP (servicio público, en cuanto las licencias y las tarifas están reguladas por las administraciones); estas empresas han ampliado la posibilidad de encontrar un taxi cuando suele resultar difícil encontrarlo y, a veces, a precios más económicos, ya que sabes de antemano el precio que debes pagar por ese transporte y así evitas el pirateo de algunos conductores que te lleven dando vueltas por rutas más largas, para que corra el contador. Por otra parte, este tipo de servicios privados ya se usan, aunque no de manera masiva, por empresarios, políticos, asistentes a eventos, por personalidades varias. Y nunca ha pasado nada. Ahora, cuando la masa social puede beneficiarse es cuando surge el conflicto. Es un tema de competitividad, pura y dura. Diferentes empresas compiten por el mismo mercado. Hasta ahora no había tal. De tal manera que las licencias de taxis, que en origen no cuestan más de 1000 euros, se adquieren por 140.000, 250.000 o por muchos más euros (en la reventa), lo cual es un disparate, además de una ilegalidad manifiesta, que ocasionan serios perjuicios a quienes las adquieren. Las licencias de las VTC, por su parte, pueden conseguirse por 30 euros pero en la reventa pueden llegar a 50.000 euros, ya que se han disparado en el último año, lo que supone otro disparate, pero más barato. Se debe empezar por el control y persecución de la reventa y así habrá un buen comienzo para la resolución del conflicto.

¿Qué tipo de licencia debe predominar, la engorrosa y cara del taxi o la más sencilla y barata de las empresas privadas?

Los consumidores queremos y deseamos poder elegir y para eso debe haber una real competitividad, un mercado libre, garantizado y regulado, para evitar la ventaja desleal y la desigualdad de ofertas. El tema del conflicto viene cuando queremos definir el significado de regulado. ¿Qué quiere decir regulado? ¿Que los VTC deben asemejarse al taxi o bien al revés, éste a los VTC? ¿Qué tipo de licencia debe predominar, la engorrosa y cara del taxi o la más sencilla y barata de las empresas privadas? ¿Cambiaría en algo el servicio que se ha de dar al ciudadano si se opta por el predominio de uno u otro modelo? Estas son algunas de las cuestiones que deben resolverse con prontitud. La competencia, si estamos en un sistema capitalista de libre oferta y demanda, es buena que exista; no debe eliminarse.

Las compañías que actúen en nuestro país deben pagar impuestos aquí, con lo que se desmontarán los argumentos de una cierta izquierda que aún no entiende que estamos en un sistema capitalista y que la libre competencia es el alma del sistema

Tampoco se debe confundir con una ausencia de reglas de mercado, a pesar de los neoliberales para quienes el mercado mismo por si solo regula la competencia. Ya está demostrado que no es así. Pero no se debe usar un capitalismo a la carta; no se debe tener un monopolio del mercado para unos negocios y para otros permitirse. Las compañías que actúen en nuestro país deben pagar impuestos aquí, con lo que se desmontarán los argumentos de una cierta izquierda que aún no entiende que estamos en un sistema capitalista y que la libre competencia es el alma del sistema. Seamos consecuentes; hay multitud de casos así en otros campos del mercado, sobre todo de consumo. El consumidor, con su opción, va dirigiendo el futuro empresarial; es inevitable y no se puede ir contra eso con argumentos demagógicos. Se debe exigir seriedad y legalidad al mercado y a quien pugna en competición; eso es responsabilidad de los gobernantes. Si éstos, además, tienen un mínimo de inteligencia, el conflicto estará resuelto en breve.

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