El péndulo

La directora de esta casa-empresa es una mujer y, si recuento, también son mayoritarias en plantilla. Hay heteros, homo y hasta mediopensionistas en 12TV. Jamás escuché aquí un comentario machista, pero no porque lo dicte el reglamento contractual, sino porque a la gente currita le sale de natural sin necesidad de forzar el diapasón ‘feminista’. Puede haber encuentros y encontronazos, pero por razones de eficacia, mayor o menor carga de trabajo, u opinión sobre determinado contenido de la siempre urgente cotidianidad, nunca provocado desde el género, situación o condición humana, mismamente. Y, sin embargo, a veces, solo a veces, hemos tenido que oír descalificaciones sobre si somos de uno u otro bando político, masculinistas o hembristas, racistas o excesivamente proclives al desembarco de pateras, en censuras emitidas paradójicamente por quienes no tienen pajolera idea de lo que es una televisión, ni mucho menos la pagan o la conviven.

La radicalidad suele llevar al péndulo tan arriba como luego bajara de rápido hacia el otro extremo, es ley física incontrovertible

Vivimos tiempos pendulares. Si ayer fue la calle cabreada hasta destilarse en partido político: Podemos, hoy son algunos grupos de amazonas militantes disparando contra cualquier rasgo de masculinidad contraída desde que fuimos homo sapiens, y todavía no se había dictado la gramática de género, aunque sí la biológica de supervivencia. Para entendernos en cristiano: desde que todavía no se había castigado a la especie con el Pecado Original, esa nimiedad, si se quiere gamberrada juvenil al asaltar la propiedad privada de Dios, pero tan inocente por parte de la paradisíaca pareja, como durísimamente represaliada por el Todopoderoso dueño del manzano. Desde entonces, y a lo que parece, somos mamífera dualidad mal avenida. Aunque, también debe decirse que, para los darwinistas y demás evolucionistas, es cuestión antropológica desde la división de funciones en el trabajo, cueva o pendencia exterior contra tribus y demás animales de mayor tamaño.

La radicalidad suele llevar al péndulo tan arriba como luego bajara de rápido hacia el otro extremo, es ley física incontrovertible que el desplazamiento oscilatorio se produce por la fuerza de la gravedad sobre el propio péndulo, desplazándolo gracias a la inercia toda vez que está fluctuando en el aire hasta que otra fuerza se le oponga para finalmente detenerlo. Así es, y no hay más misterios, como bien demostró Umberto Eco en su novela donde arremete contra nigromantes y esotéricos.

Vox se frota ojos y oídos viéndolas clamar eslóganes mientras bailan cánticos contra el macho; sabe la ultraderecha que todavía queda mucho hombre sin educar en el progreso de una sociedad avanzada y mujeres que están a gusto con su feliz yunta y descendencia, no habiendo escuchado insulto, ni mucho menos roce físico

Opino, sólo opino, que estas buenas señoras, camaradas y compañeras nos gritan las verdades de la barquera —en este caso—, pero desde un plano único y, por lo tanto, poco inteligente en democracia. Es decir: desde un cierto radicalismo de izquierdas, y con una actitud beligerante contra el sexo distinto —que no opuesto para la mayoría de hombres que estamos con ellas— haciéndonos culpables del injusto agravio comparativo desde el Creciente Fértil —hace 6.000 años— hasta nuestros días. Y con ello, ahí está el porcentaje de féminas que acuden a las manifestaciones, respecto a otras votantes que no responden a sus llamadas, provocando paradójicamente lo contrario a lo que pretenden. Vox se frota ojos y oídos viéndolas clamar eslóganes mientras bailan cánticos contra el macho; sabe la ultraderecha que todavía queda mucho hombre sin educar en el progreso de una sociedad avanzada, y que no menos mujeres están a gusto con su feliz yunta y descendencia, no habiendo escuchado insulto, ni mucho menos roce físico, en toda su convivencia, siendo innecesarias, por obvias, acusaciones y culpas de la parte contra el todo, por mor de una ínfima minoría, mínima si la comparamos con otros países occidentales, de bestias maltratadoras y asesinas. A las estadísticas me remito.

Andalucía puede ser toda una lección sobre cómo los reaccionarios antifeministas se diluyen en el poder, y también de por qué consiguieron tantos e impensables escaños. Cuidado con el péndulo.

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