El Consumo entre el capitalismo fordista y el capitalismo cognitivo (III)

Como afirman Hardt y Negri, “el centro de gravedad de la producción capitalista ya no reside en la fábrica, sino que se ha visto arrastrado fuera de sus muros. La sociedad se ha convertido en una fábrica o, para ser más exactos, la producción capitalista se ha extendido hasta el punto que la fuerza de trabajo de toda la sociedad tiende a verse subordinada al control capitalista. El capital explota cada vez más toda la gama de nuestras capacidades productivas, nuestros cuerpos y nuestras mentes, nuestras capacidades de comunicación, nuestras relaciones afectivas entre unos y otros, etc. La vida misma ha sido puesta a trabajar”. Es decir, como interpretan P. Archel y M. Gómez, el declive del fordismo como modo mayoritario de regulación de la producción económica da paso a otros modelos de producción en los que lo inmaterial —como la información— aparece como una de las principales fuentes de valor. En este contexto, la medición fiable de ese valor y del resultado empresarial constituye uno de los mayores retos a los que se enfrenta la comunidad contable. O como yo mismo prefiero interpretar, el nuevo modelo capitalista está dispuesto a adueñarse, a través del conocimiento que adquiere de cada uno de nosotros, gracias a nuestra exposición personal total a través de los medios poderosos tecnológicos actuales y —sobre todo— de las redes sociales, y ofrecernos posibilidades individualizadas orientadas al consumo incesante. Lo inmaterial —gustos, deseos, ideas, preferencias, conocimientos, etc.— produce nuevas formas organizativas en las empresas que reorientan sus recursos a satisfacer todo aquello que podamos desear con nuestros pensamientos, deseos, gustos, etc., por muy inconfesables que sean estos.

En su soledad, frente al ipad, tablet u ordenador, el indivíduo abre su intimidad de par en par para que sea fruto del deseo codicioso de las empresas capitalistas y poseído por ellas

Ya no tiene sentido la producción masiva por la producción, sino la producción orientada a la satisfacción del individuo, tan común y tan diferente al resto de los individuos. Grandes empresas intermediarias, como Amazon, han acertado en el diseño de esa nueva empresa que trabaja inmateriales. De la masa se pasó al individuo. Este queda atomizado en tanto usa las redes sociales y, en su soledad, frente al ipad, tablet u ordenador, abre su intimidad de par en par para que sea fruto del deseo codicioso de las empresas capitalistas y poseído por ellas.

Una sociedad fragmentada, atomizada, supone el fin del individuo libre y autónomo, contrariamente a lo que se pretendía. El individuo aislado debe resocializarse si quiere ver sus derechos reconocidos, su independencia confirmada, su autonomía eficaz. El consumo es una muestra de esta situación. En tanto vamos por libre, en tanto somos consumidores atomizados, somos engañados, manipulados, impedidos en nuestros derechos más elementales. Estamos en ese cambio. Lo que tardemos en ser conscientes de ello, será lo que tardemos en ser individuos libres y autónomos. Fuera del grupo social, como se decía de las iglesias, no hay salvación.

 

Si deseas aportar tu opinión sobre esta noticia, por favor, deja aquí tu comentario.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.