En la mente del asesino. Un análisis criminológico II

Tenía este artículo escrito desde el mismo instante en que escribí el anterior del mismo título. Publico el número 2 una semana después por razones de espacio porque no es posible un artículo periodístico de cinco folios y, a la vez, reitero mis perdones por tocar estos temas cuando las fechas invitan a la fiesta, al marisco, al cava, los matasuegras y los gorros pintados de purpurina.

En una semana han ido aumentando las noticias sobre la violación y el asesinato terribles de esta profesora zamorana, ha habido discrepancias entre la guardia civil y los forenses, sigue el cuerpo insepulto porque serán precisos más estudios, los medios han informado y elucubrado y se han publicado muchos artículos –con distinta fortuna– sobre el asunto.

“No hay que conocer el historial ni entrevistar en profundidad para hacer el perfil criminológico de este asesino. Con un rebuzno ya sabemos que es un burro”

Mi buen amigo –jurista y magistrado brillante– Luis Segovia, ha escrito aplicando al caso la vieja teoría lombrosiana del criminal nato, un ser atávico y un loco moral. El doctor Pérez Martín, también brillante psiquiatra con larguísima trayectoria en el tratamiento de delitos violentos cometidos por personas con clarísimas patologías mentales, ha escrito en mi facebook: “no hay que conocer el historial ni entrevistar en profundidad para hacer el perfil criminológico de este asesino. Con un rebuzno ya sabemos que es un burro”. Estoy de acuerdo con él, como escribí la semana pasada con cita evangélica incluida: “por sus obras los conoceréis”. Su ser psicópata desalmado está claro con esta acción y con su trayectoria delictiva, pero para hilar fino, para trabajar con los detalles, incluso los que puedan parecer más insignificantes, la entrevista criminológica, el estudio de su expediente carcelario y su protocolo de personalidad son imprescindibles. Una amiga, también intelectualmente brillante, trabajadora en ambientes de marginalidad y delincuencia, me corrige cariñosamente en lo relativo a la violencia machista: “estos crímenes, que incluyen agresión sexual o su intento, y tienen como únicas víctimas o susceptibles de serlo a las mujeres, algo de machismo tienen”. Evidentemente, querida Miriam, es machista en el sentido de que el móvil primero es el sexual, como ahora veremos, y el objeto sexual de este tipo odioso –me ahorro los insultos que me sugiere porque seguiría llamándolo hijo de puta y algo peor– es una chica joven, guapa y físicamente apetecible. El coronel de la guardia civil ha hablado en su comparecencia de que, al criminal, la chica “le gustó mucho”. Si el asesino hubiese sido homosexual, la víctima podría haber sido alguien de su mismo sexo. Me ratifico en mi anterior artículo: para entendernos cuando hablamos de violencia machista debemos usar un criterio unívoco, o sea, usar la expresión siempre en el mismo sentido para referirnos a la que tiene lugar en el seno de la pareja estableciendo una relación de opresión y dependencia en la que el macho sitúa de manera permanente y multiforme “el pie en el cuello” con manifestaciones violentas de muy distintos tipos. Podríamos hablar, si no, de agresión machista cuando un joven arrastra a una anciana para robarle el bolso y no lo hacemos.

Todos corren golpeando el coche de la guardia civil cuando va dentro detenido, todos hablan de lo malo que era y del miedo que le tenían pero nadie hizo antes nada

Situémonos de nuevo en el caso: un tipo que ha salido hace poco de prisión, tiene “la suerte” –la “mala suerte de su víctima”– de caer como el vecino de enfrente en un pueblo pequeño en el que todo el mundo “le guarda el aire” porque le tiene miedo. Ese es otro de los fenómenos a analizar: todos corren golpeando el coche de la guardia civil cuando va dentro detenido, todos hablan de lo malo que era y del miedo que le tenían pero nadie hizo antes nada. Somos muy amigos de hablar y actuar a toro pasado. Todo el mundo lo veía cuando ya ha ocurrido.

El asesino ve a la chica y piensa: me gusta, está buena, esa es para mí –así  piensa, no se enfaden y recuerden el título, en la mente del asesino–. Piensa así y además –solo hay que ver sus fotos en las que “va de guapo y de machote”– piensa que a ella le va a gustar porque está gentuza no entiende la negativa por respuesta. La que dice no y se resiste es porque va de estrecha pero en el fondo le gusta. A todas las mujeres les gusta el hombre dominante y no el blandengue –ese es su pensamiento–.

Acecha a la chica, la estudia, sabe que está recién llegada, forastera y sola, ve cuando sale de casa y espera el momento propicio. Ambos viven en una calle  poco transitada. La asalta al volver de la compra y con la bolsa de los huevos y las patatas aún en la mano. Nada de asesino desorganizado como ha dicho el teniente coronel de la UCO –con todos mis respetos–. Un depredador organizado, muy organizado al que ha podido la pulsión del acceso carnal porque ha pensado desde el minuto uno que ella iba a consentir. La mujer tiene miedo y asco, se resiste y, desde ese mismo instante, está muerta porque no se puede violar para ser denunciado al minuto siguiente cuando la víctima sabe perfectamente quien eres. Él la golpea para vencer su resistencia y después empieza el camino atropellado para poner distancia entre su crimen y él mismo.

Dicen que “había salido hace poco de la cárcel” y eso no significa nada porque también he leído y visto: había salido de permiso, cumplió condena por asesinar a una abuela que iba a testificar en su contra,  agredió gravemente a un funcionario de la prisión, en un permiso cometió otra agresión, cometió otro delito de robo con fuerza. ¿Es esto cierto? ¿Si es esto cierto cómo estaba en libertad? ¿Salió en libertad por cumplimiento definitivo? ¿Estaba en libertad condicional? ¿Había salido de permiso o en tercer grado por esos delitos anteriores?  ¿El ser interno destinado en mantenimiento, como dicen los medios, influyó en la concesión de permisos o en su progresión de grado? ¿Había sido condenado por esos delitos a que los medios aluden en caso de que fuesen ciertos? ¿Dónde están las propuestas dichas –si existieron– y las resoluciones?

“Métame en la cárcel porque si no volveré a hacerlo”

Dicen los medios que ha dicho a la jueza instructora: “Métame en la cárcel porque si no volveré a hacerlo”. ¿Qué les decía en sus entrevistas a los especialistas de los equipos de tratamiento encargados de informar las propuestas de permiso y progresión de grado o libertad condicional en caso de que estas existieran? ¿Les decía lo mismo o actuaba como el psicópata que es falseando su realidad y poniendo cara de preso modelo y de no querer romper jamás un plato?

El mero buen comportamiento en la cárcel no es suficiente, los plazos de condena cumplidos tampoco. Un delincuente puede ser muy buen preso y muy mal ciudadano

Mi maestro  –he hablado de él  en mil conferencias y en infinidad de artículos– el gran penalista Antonio Beristain inventó un término que todos los funcionarios y jueces deberían grabarse con un punzón en el rabillo del ojo –Juan Eslava Galán dixit–. Hay muchos presos que saben ‘carcelear’ perfectamente. El mero buen comportamiento en la cárcel no es suficiente, los plazos de condena cumplidos tampoco. Si eso fuera así los permisos, los grados y las condicionales los podría conceder una calculadora comprada en los chinos, no necesitaríamos pagar a especialistas en ciencias de la conducta. Hay que valorar la estructura de la personalidad, la voluntad y determinación de vivir respetando la ley penal. Sabemos que los técnicos no son adivinos, no tienen bola para predecir el futuro pero son especialistas estudiados y no me valen argumentos simples y manidos: tiene buen comportamiento, desempeña un destino, tiene cerca el cumplimiento, carece de sanciones. Un delincuente puede ser muy buen preso y muy mal ciudadano. Ahí es donde hay que hilar muy fino y por ahí van los posibles fallos del sistema a que aludía en el artículo anterior.

¡Señor, llévame pronto. Para nada echaré de menos este mundo hipócrita en el que todos se sacuden las pulgas cuando les toca!

3 thoughts on “En la mente del asesino. Un análisis criminológico II

  1. Manuel ;estoy totalmente de acuerdo contigo en tus dos artículos.
    Creo que está mas que demostrado, que esta gente no puede estar fuera y se deben tomar soluciones inmediatas, para que estos “MONSTRUOS” anden en la calle.
    pienso que el sistema “juridico-phiquiatrico tiene que poner cartas en el asunto.
    Y me pregunto…. ? Hasta cuando tendremos que sufrir estas barbaridades.

  2. Muy bien explicado por don Manuel Avilés, pero ¿qué hacen las mentes jurídicas que no decretan,ordenan, o dan soluciones a todas estas personas antes de que “carceleando” salgan a la calle y hagan cosas como ésta ? ¿tan mal estamos de juristas y de psiquiatras? ¿tan buenos somos que creemos que las mentes de los asesinos se ponen a O como los coches? Personalmente y en alguna que otra reunión navideña pasada con gente capaz en leyes y psiquiatría, no podíamos comprender cómo ningún vecino advirtió a la víctima de quién vivia enfrente. ¿ahora es llanto y crujir de dientes,como en la Biblia?
    Me gustaría confiar en los mandamases. Que no pasara ya nunca más.
    De verdad.

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