En el cerebro del asesino. Un análisis criminológico

No son días sino para comer desaforadamente –luego vendrán los llantos y las dietas y los vestidos que no entran–, días para desearse felicidad y andar cargados de bolsas a la búsqueda de las rebajas y los regalos. Estos días de fiesta, de alegría y vacaciones ya han sido machacados irremisiblemente y son días de tristeza para una familia que, sin comerlo ni beberlo, se ha visto inmersa en el dolor diseñado por un criminal de libro.

Por la tragedia protagonizada por el criminal aludido me han llamado de algunos medios informativos y a todos les he dicho lo mismo: es imprudente emitir el menor dictamen criminológico sin acceder antes al atestado policial, al sumario, a la historia penal y penitenciaria del sujeto a analizar, y tener, cuando menos, una entrevista en profundidad con el mismo.

Violencia machista es la que lleva a cabo el marido al que su mujer le dice que lo deja y la mata con el argumento de Neanderthal que no ha llegado a Cromagnon de que “si no eres mía no eres de nadie”

Esto no es violencia machista porque un macho, por muy alfa que sea o quiera ser, no actúa así. Violencia machista es la que lleva a cabo el marido al que su mujer le dice que lo deja y la mata con el argumento de Neanderthal que no ha llegado a Cromagnon de que “si no eres mía no eres de nadie” – es un ejemplo solo-.El que actúa como el asesino de Laura es un criminal despiadado, un psicópata desalmado sea macho, hembra, hermafrodita, transexual o de cualquier otra condición. Por violencia machista se ha entendido siempre –al menos yo así lo he entendido y también es una violencia delictiva– la que tiene lugar en el seno de una relación de pareja en el que se evidencia una relación de dominación, de anulación, de control obsesivo, de machacamiento del otro y se tiene, como patrón de conducta que informa la relación, el estar uno sobre el otro, uno con el pie en el cuello del otro de manera habitual y permanente, como estilo de vida en ese seno familiar. Aquí no había pareja, aquí no había relación, aquí solo ha habido la desgracia de vivir enfrente de un desalmado y ser sujeto pasivo del asalto depredador del mismo. Puede haber opiniones contrarias y, como en toda discusión científica, se pueden dilucidar con argumentos en el foro que deseen.

He pasado más de media vida haciendo perfiles criminales, tratando criminales, dirigiendo y organizando la convivencia de criminales amontonados en las cárceles del Estado y dirigiendo a los funcionarios que lidiaban en el día a día con esos criminales, funcionarios a los que les toca –mil veces lo he dicho y perdón por la frase machista– bailar con la más fea, convivir con aquellos que nadie quiere y a cuyo lado nadie quiere estar, siendo, encima, mal valorados porque ser carcelero no mola ni es fashion.

Eso me da una cierta autoridad para opinar en estos terrenos y, pidiendo previamente perdón por la imprudencia de pronunciarme sin ver al sujeto y entrevistarlo, sin ver al detalle la historia de sus fechorías, decir algunas verdades que admiten poca discusión en la desgracia que ha tenido lugar para esta chiquilla –Laura Luelmo– y para su familia.

Hemos visto sus fotos y las imágenes hablan por sí mismas: aspecto chulesco, posturas de manos y dedos haciendo signos de victoria, camisetas con letreros de Lucifer, como esgrimiendo su peligrosidad y su “ser malvado”

Es una temeridad que, abrazados a la alcachofa del programa que sea, gentes que jamás han visto a un criminal cara a cara, se vengan arriba y pontifiquen sin cortarse. Yo no me atrevería jamás a hablar sobre terapias del cáncer de páncreas, sobre química inorgánica, sobre física nuclear, sobre sistemas de control aéreo o sobre movimientos de tierras para hacer autopistas, por poner varios ejemplos.

La Criminología, la Ejecución penal y el Derecho punitivo son ciencias. No exactas, es cierto, pero tampoco ciencias para la charlatanería, para excitar sentimientos en busca de votos, para manipular multitudes de electores ni para nombrar asesores penales del gobierno a quienes tienen la desgracia de sufrir una tragedia así en el seno de su familia por aquello de que las decisiones importantes en materia de convivencia, de seguridad y de todo lo que es esencial en la vida diaria de las personas hay que tomarlas en frío y no bajo la influencia de las legítimas emociones y la indignación que suscita un hijo de puta de este calibre. Hemos visto sus fotos y las imágenes hablan por sí mismas: aspecto chulesco, posturas de manos y dedos haciendo signos de victoria, camisetas con letreros de Lucifer, como esgrimiendo su peligrosidad y su “ser malvado” y hemos visto sus hechos, que hasta el Evangelio avisa: por sus hechos los conoceréis. Intenta ocultar el crimen, limpia las pruebas que lo incriminan, inventa una historia que suaviza el asesinato y hasta tiene la jeta de pedir perdón, diciéndole a la familia que lo siente, cuando lo meten en el coche de la Guardia Civil para llevarlo a la cárcel.

No soy fatalista. No creo en el destino ni en la casualidad. Creo en las causas que provocan catástrofes  y afirmo con todos los penalistas que he estudiado en mi vida que “lo que es causa de la causa, es causa del mal causado”, con perdón del trabalenguas.

Hace su carrera y quiere ejercerla, lógico. Se va de casa porque encuentra una sustitución y quiere hacer méritos para el futuro. Tiene la mala suerte de coincidir con la sabandija que acabó matándola

A esta pobre chica le es de aplicación el título de la última novela de mi amiga Marta Robles: La mala suerte. Hace su carrera y quiere ejercerla, lógico. Se va de casa porque encuentra una sustitución y quiere hacer méritos para el futuro. Alquila una vivienda humilde porque cuando uno sale de casa para trabajar, como hemos hecho tantos, en algún sitio tiene que vivir y los medios no son ilimitados. Tiene la mala suerte de coincidir con la sabandija que acabó matándola, como él mismo ha reconocido aunque pretenda quitarle hierro a la muerte. Aunque la quiera revestir de accidental, de “se me fue la mano”, de “hubo una discusión”, de “iba colocado”, de “quise abusar pero me puse nervioso y no pude”. Maniobras orquestales –he conocido delincuentes muy peligrosos que saben más derecho que muchos abogados– para evitar el asesinato que tiene bastante más pena que el homicidio simple, imprudente o preterintencional.

Hace quince años –con prólogo de los ministros Asunción y Belloch, y del catedrático de Penal Del Rosal– publiqué un libro actualizando la tipología criminal de Ernest Seelig. No pretendo que compren el libro y por eso no voy a dar ni el título que está muy feo y es muy macabro buscar réditos en estas muertes de inocentes por un funcionamiento –digamos… manifiestamente mejorable– del Estado.

En el capítulo dedicado a los “Delincuentes por agresividad” describo, como si de un adivino se tratara, la personalidad y la conducta de este depredador organizado. Me recuerda con ciertas diferencias al asesino de una chica de Elche en los carnavales alicantinos. La violó, la mató y pegó fuego a su coche cerca del faro de Santa Pola, creo recordar…

Si los políticos fueran más capaces para tomar decisiones y no basaran estas en la influencia electoral. Si estudiaran más y fueran a menos cócteles o cenas, estas muertes tendrían más posibilidades de ser evitadas

Si los políticos estudiaran más y hablaran menos. Si fueran más capaces para tomar decisiones y no basaran estas en la influencia electoral de las mismas. Si estudiaran más y fueran a menos cócteles, cenas, saraos, presentaciones y postureos varios, estas muertes tendrían más posibilidades de ser evitadas. Sé perfectamente que las ciencias de la conducta –la Criminología lo es– no son ciencias exactas, sé perfectamente que la seguridad absoluta no existe y sé también que el fallo más garrafal le puede ocurrir al más preparado y más prudente.

El próximo artículo hablaré de los fallos. Alguien debería subsanarlos y no me refiero a la prisión revisable.  Disculpen por amargarles los polvorones y las fiestas con este escrito.

4 thoughts on “En el cerebro del asesino. Un análisis criminológico

  1. Totalmente de acuerdo contigo Manuel como siempre.. pero yo me pregunto?
    Como semejante “BESTIA” está en la calle con semejantes antecedentes y la mala suerte de LAURA de ir a coincidir con un MONSTRUO que está donde no debiera de estar. Yo como ciudadana me avergüenzo que estas cosas sigan sucediendo, con lo cual habrá que buscar a estas barbaridades una solución inmediata.

  2. Mucha razón y bien argumentado por don Manuel Avilés. Creo que hasta el Discurso de esta noche va a tocar el tema…. ¿para qué? Pobre España de castañuelas!

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