¿Qué te hace feliz?

Sonia Gonzálvez con faldónHoy que hace un día hermoso y soleado impropio del mes de diciembre, hoy que mientras escribo escucho música y la voz de Thomas Anders y me suena extrañamente ronca mientras canta Heaven will know, es cuanto menos irónico que después de varios meses de sequía creativa propiciada por la desgana, el hastío, la desilusión y el escaso tiempo libre del que dispongo me decida a escribir, precisamente, sobre el concepto de felicidad. He leído un artículo que resume las principales claves propuestas por el profesor de Harvard Tal Ben-Shahar y la psicóloga Belle Beth Cooper para ser feliz y me he sorprendido porque sus supuestos son rutinas en mi vida y no considero que me hagan feliz. Reflexiono:

Practico deporte de manera habitual desde que tenía cinco años —como ya comenté, ahora practico yoga— y me ayuda a estabilizar mi mente para mantenerla fría y despejada, a canalizar la ansiedad, a sosegarme y no precipitarme y, supongo que también, a mantener mi cuerpo en buena forma. Salud, desde mi punto de vista, implica mental y física. Deporte y alimentación van unidos para mí. Hace años que aprendí lo de dividir en seis las ingestas diarias, me he documentado y estudiado lo suficiente como para entender que la comida es un placer —un acto social en nuestra cultura mediterránea— pero también el combustible que nutre mi cuerpo, y he asimilado unas rutinas alimenticias coherentes y respetuosas con las necesidades de mi organismo mientras contemplo, a diario, la poca formación que existe a este respecto entre los que me rodean, su despreocupación y aberraciones alimenticias. Este dúo de deporte y alimentación son dos de las claves propuestas en el artículo que he leído. Yo las respeto y las sigo, no discuto de sus múltiples beneficios porque los disfruto, pero feliz… feliz no me hacen.

Tengo que demostrar continuamente que no soy idiota, ñoña o estúpida ni peor feminista y que puedo hacer lo mismo que hace cualquiera de los hombres

Cualquiera que me conozca mínimamente sabe de mi pasión por la música y que siempre acompaño mis rutinas con una melodía de fondo, diferente en cada momento porque cada situación requiere de un ritmo y una voz diferentes. Tengo mis artistas favoritos —como los tiene todo el mundo— y su inspiración hace posible la mía, pero escuchar a todas horas sus canciones, feliz… feliz no me hace.

Tal y como ya intenté reflejar en mi novela Perfecto, siempre he defendido que preocuparse por el aspecto externo tanto como por el interno y querer verse bien no significa que seas una estúpida, tengas la autoestima baja y necesidad imperiosa de agradar y que, en muchos casos, tener un buen físico obstaculiza y no ayuda para que te tomen en serio profesionalmente en nuestra sociedad patriarcal. Dicen los expertos que tener un buen aspecto nos ayuda a encarar mejor el día a día. A mí me ha supuesto tener que demostrar continuamente que no soy idiota, ñoña o estúpida —ni peor feminista— y que puedo hacer lo mismo que hace cualquiera de los hombres que me rodean y hacerlo subida en unos tacones de diez centímetros —si me apetece usarlos—. Cuanto lo hago es con el único propósito de agradarme a mí misma y no voy a ceder ni a cambiar ante comentarios malintencionados. Luego, preocuparme por tener un buen aspecto, feliz… feliz no me ha hecho —más bien lo contrario—.

Dado que mi principal actividad profesional la desarrollo en el sector de la docencia, lo de ayudar a los demás es algo que hago a diario sin proponérmelo. Me considero una buena persona que procura vivir y dejar vivir y sin embargo esta política de ayuda y respeto al prójimo, feliz… feliz no me hace.

Las personas somos felices en la medida en que nuestras expectativas se van cumpliendo y percibimos que vamos superando las etapas que nos habíamos marcado

Intentar hacer las cosas bien no es garantía de nada. Uno puede pasarse la vida luchando por algo que nunca termina de llegar porque hacer planes y listas es algo que después la vida se encarga de reajustar, porque es ella quien decide, no nosotros. Con todos mis respetos hacia los autores del estudio y a sus claves para ser feliz: seguir sus pautas no garantiza la felicidad, puede que sí cierto bienestar.

Y a ti, ¿qué te hace feliz?

En mi opinión las personas somos felices en la medida en que nuestras expectativas se van cumpliendo y percibimos que vamos superando las etapas que nos habíamos marcado pero, en ocasiones, la existencia entra en un bucle del que no se puede salir y es cuando aparecen la frustración, la tristeza y la sensación de fracaso y tiempo perdido que ni el deporte, ni la alimentación adecuada, ni la música pueden aliviar. Hay algo que, sin duda, es decisivo para sentirse feliz: las expectativas satisfechas y la cercanía de las personas a las que queremos. Lo peor que uno puede tener en esta vida son expectativas, porque si nada esperas nada pasa si nada llega. Pero las metas, las metas incumplidas son losas que nos impiden ser felices, porque nos arrastran a lo más profundo. Además, creo firmemente que también se puede ser feliz con la felicidad ajena —cuando contemplamos que aquellos a los que queremos están bien— porque las cosas son reemplazables, pero las personas —los seres vivos—, no. He aprendido a aceptar lo que no puedo cambiar y sé perfectamente lo que me haría feliz —que es muy diferente de lo que me hubiera hecho feliz hace años— y de lo que estoy segura es de que no tiene nada que ver con lo que el estudio publicado asegura que tiene que ver.

En unas semanas todos empezaremos a desearnos lo mejor y a felicitarnos las fiestas con —y por— educación… sinceramente: a ti, ¿qué te hace feliz?

Sonia Gonzálvez

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