El péndulo populista

Pedro NuñoMe pide Andrés Maestre, jefe de informativos de esta casa, que le haga una valoración a vuela-ordenador —antes vuelapluma— sobre las elecciones andaluzas: paralelismos y diferencias que pudieran darse en Alicante.

En primer lugar, debemos mirar al pasado, por aquello que se ha quedado en el aserto popular con categoría casi axiomática cuando advierte que quienes desconocen su historia o intentan ignorarla, están obligados a repetirla. Así pues, no está ni de más ni de menos recordar que España en menos de 100 años ha tenido tres guerras civiles: dos de carlistas —representantes de la «reacción»— contra isabelinos —liberales—; y otra tercera, todavía más terrible, la de 1936 entre la República legalmente constituida, y el levantamiento africanista apoyado por la Falange filofascista y una Iglesia aterrorizada por la quema de sus conventos y lugares de culto. El resultado fue, no estaría de más recordarlo a las nuevas generaciones que han nacido en democracia, 40 años de oprobiosa dictadura.

“Ayer Andalucía se acostó de izquierdas y se ha levantado de derechas”

Parafraseando otro dicho, este del almirante Aznar, pero que también ha pasado al refranero político popular: “ayer Andalucía se acostó de izquierdas y se ha levantado de derechas”.

Bueno, eso ya ha ocurrido otras veces. Pero lo que verdaderamente nos llama la atención a los analistas, repitiéndonos más que una indigestión de alubias, es la llegada a España de la ultraderecha, cuando en realidad nunca se había ido; simplemente dormitaba en el recóndito compartimiento donde el Partido Popular colocó a aquel Fraga, único híbrido de democracia orgánica e inorgánica, capaz de pactar quietud con los correajes franquistas y sosiego revolucionario con el eurocomunismo, a cambio de no liarla parda otra vez con paseíllos en ambas direcciones.

Y dicho todo lo anterior, pues lo que nos trajo la Transición, cuando todavía se leía en los libros de texto —en castellano-español— lo cainitas que habíamos sido los españoles. Desgraciadamente aquellas letras sobre odios sanguinarios entre familias, diputados muertos al amanecer, y hasta regiones enteras, se fue diluyendo en el olvido como antoje era de piedra que esperaba a la próxima vuelta del camino histórico.

La democracia se nos muestra muy bonita en los libros de texto y bastante manejable para los políticos, pero hace aguas con los populismos

No es que los andaluces se hayan ido a la cama plácidos de bienestar y subvenciones para los parados, y se hayan despertado fachas perdidos. Es que se metieron preocupados en el catre, y después de un mal sueño, algunos se quitaron las legañas con alcohol de quemar. Si le preguntan a una gran mayoría los votantes de Vox quiénes fueron Hitler, Mussolini o José Antonio, seguro que suspenden un test para primaria, y todavía más cierto que jurarán por sus difuntos que ellos no son “fachas”, para, a renglón seguido, explicarnos en el reverso de su papeleta: “estábamos hasta los cojones u ovarios”.

Es ahí, donde también entramos los alicantinos. La democracia se nos muestra muy bonita en los libros de texto y bastante manejable para los políticos, pero hace aguas con los populismos, sean separatistas, véase Cataluña, o callejeros, ahí está Podemos y sus muchas derivadas.

La utilización de los cabreados hace unos años llevó a Pablo Iglesias del pupitre universitario a contertulio en la Moncloa, pero ha perdido las acampadas. Puigdemont y Torra se disolverán en un imposible para Europa. Sin embargo, y eso se percibió la noche en que Vox sacó más diputados de los que estaban en las cuentas demoscópicas, y sus militantes botaban gritando con alegría de niños, mientras sus inexpertos dirigentes no hilvanaron un discurso medianamente coherente.

Del Partido Socialista del País Valenciano sólo hayan quedado las dos últimas siglas, mientras la marca blanca Guanyar tiene más dirigentes enfrascados en guerrillas internas que militantes

Ahora y aquí, alguien comenzará a explotar la injusticia o inhabilidad de que se aprenda valenciano-catalán por narices nacionalistas; el vivir con menos de 1000 € mientras los políticos se han llevado dinero a espuertas al extranjero; y que, del Partido Socialista del País Valenciano sólo hayan quedado las dos últimas siglas; mientras la marca blanca Guanyar, a las asambleas nos remitimos, tienen más dirigentes enfrascados en guerrillas internas, que militantes.

Llega la ultraderecha gracias a que los otros partidos al escupir hacia arriba les ha caído en la cara. Los problemas latentes siguen ahí, sino los solucionan los políticos al uso, el pueblo, como pasó con Adolf y Benito, les pondrá siglas Voxciferantes. Alicante no será la excepción.

 

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