La inhumana condena a muerte

Pedro NuñoSegún el diccionario de la RAE, la palabra “criterio” tiene dos acepciones principales: 1.m. Norma para conocer la verdad. 2.m. Juicio o discernimiento. Viene tal precisión a cuento porque ciertamente hay algunas profesiones cuya mayor función, casi única por primordial, es la de tener un “buen criterio” ya que en su discernimiento va la futura vida de los demás. Por ejemplo, en Medicina cuando se dictamina entre un tratamiento u otro contra una determinada enfermedad que puede ser abordada convenientemente, o terminal, como todavía sucede con ciertos tipos de cáncer resistentes a las terapias conocidas, incluso, ahora son noticia, equivocaciones de mala praxis quirúrgica al colocar dispositivos que, en lugar de remediar, llevaron al paciente a la inutilidad de por vida, cuando no a la defunción.

También en la Justicia al dictaminar si una persona debe pasar en la cárcel unos años o toda una existencia cuando no le queda demasiado por delante. Desconozco persona alguna que no se haya sentido tan acobardados como impotente cuando le ponen una ligerísima batita verde, y con las posaderas al aire es transportado por los interminables pasillos hospitalarios hasta llegar al quirófano. Tampoco sé de nadie que sentado en el banquillo de los acusados, espere sentencia, después de haber pasado por largo juicio, con absoluto sosiego y displicencia.

L@s médicos no entendemos de derecho y l@s jueces/as no entienden de medicina y menos de leucemia o #rasplante. Sin embargo, tod@s deberíamos entender de Humanidad. Y lo de Eduardo Zaplana es inhumano

Hoy el criterio de una jueza, la magistrada Isabel Rodríguez, se enfrenta al criterio de Guillermo Sanz, médico y Jefe de servicio de Hematología del hospital La Fe en Valencia. Y viceversa. Quizás no nos hubiésemos enterado, pues deben darse bastantes casos parejos a este tan actual y mediático de Eduardo Zaplana, pero la persona sobre la que discrepan Medicina y Justicia es, nada menos que un expresidente de la Generalitat Valenciana y todopoderoso ministro de Trabajo en el Gobierno de Aznar. El Twitter del facultativo, que ha volado de las redes a los medios de comunicación, no tiene desperdicio y talmente se lo traslado a ustedes: L@s #médicos no entendemos de #Derecho y l@s #jueces/as no entienden de #Medicina y menos de #leucemia o #trasplante. Sin embargo, tod@s deberíamos entender de #Humanidad. Y lo de Eduardo Zaplana es #inhumano. Deduzco que el especialista en oncología emite un juicio muy grave contra la jueza calificándola de “inhumana”; pues ésta atenta no menos gravemente contra la vida de quien está preso, pero todavía no es reo, es decir, carece de una sentencia condenatoria.

Nos preguntamos si los presuntos delitos de Eduardo Zaplana son infracciones penales suficientes como para condenarlo a muerte, igual que se hacía con los piratas en el siglo XVIII, dejándolos fallecer de inanición

Si la salud de Zaplana fuese buena este artículo carecería de sentido, pero resulta que el hematólogo, cuya autoridad en la materia se da por supuesta, asegura que, de seguir en la cárcel al señor Zaplana no le queda mucho tiempo entre nosotros, por no decir: casi nada. Y es cuando nos preguntamos si los presuntos delitos de tal personaje público, a quien la policía acusa de extraviar dineros caribeños, son infracciones penales suficientes como para condenarlo a muerte, igual que se hacía con los piratas en el siglo XVIII, dejándolos fallecer de inanición en un islote mismamente tropical.

Hemos contemplado a etarras cuyo cancerígeno diagnóstico les promocionó su inmediata salida de la cárcel, y los remedios paliativos les permitieron andar de vinos y bailongos entre tabernas euskaldunes y homenajes

Es más: cuando hemos contemplado a etarras cuyo cancerígeno diagnóstico les promocionó su inmediata salida de la cárcel, y los remedios paliativos les permitieron andar de vinos y bailongos entre tabernas euskaldunes y homenajes como supuestos gudaris, no compartimos la liberación de asesinos probados, pero acatamos la decisión judicial justificada por pura “humanidad”. Que yo sepa, el único delito de sangre que tiene Eduardo Zaplana, es en la malhadada propia, lo cual lo lleva a una debilidad extrema, y por ende pocas carreras podría emprender para evadirse de su casa en Benidorm o de un hospital con medios suficientes para sostenerlo vivo.

Resumiendo: cuando ni siquiera sabemos el tiempo al que puede ser condenado el exministro y, en lo que nos concierne, expresidente de Generalitat —vaya una recua que llevamos entre aprisionados y por aprisionar—, debemos convenir en que la jueza con su “criterio” intolerante está condenando, por supuesto involuntariamente, a Eduardo Zaplana a la pena capital.

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