Por la puta cara

Manuel Avilés, escritor fondo blanco OPINIÓNPerdonen ustedes  la expresión grosera y contundente pero es la más adecuada a la realidad que he conseguido encontrar en esta mañana de domingo radiante, con el centro de Alicante cortado para no sé qué gilipollez, y después de pegarme un madrugón para ver cómo Marc Márquez —un genio sobre dos ruedas— le moja la oreja una vez más a los dos italianos de Ducati y Yamaha, Valentino y Dovicioso. Ese es uno de los placeres que la vida nos depara a quienes, sobre la moto, ya parecemos la vieja del visillo porque en las curvas nos bajamos y las tomamos a pie y empujando.

Perdonen la expresión grosera pero es que lo ponen a uno de los nervios. Si quieres estar el día entero cabreado, sudando como los pollos, con la adrenalina saliendo a chorros por cada poro, solo debes poner la radio al ser de día y dedicarle media hora a Jiménez Losantos. Empieza con Falconetti y termina con Carmenagrado. Luego pasas a la radio de los obispos y terminas viendo a Cobo —el antiguo ordenanza maletero de Ruiz Gallardón— reconvertido en arúspice y oráculo de no se sabe bien que corriente con mi  antiguo amigo García Ferreras.

Retoman la época del Conde Duque de Olivares, cogen el hilo de las Guerras Carlistas, se remiten a Luis Companys y a su jefe de seguridad y meten a Barcelona en un berenjenal del que ni ellos mismos saben cómo van a salir

La realidad nos tiene sobrepasados y los catalanes, que parten el bacalao en esa Generalitat desconcertada, hasta los mismísimos. Esto es un puro aburrimiento. Retoman la época del Conde Duque de Olivares, cogen el hilo de las Guerras Carlistas —cuando Cabrera andaba haciendo el salvaje por las riberas del Ebro—, se remiten a Luis Companys y a su jefe de seguridad acojonado, Federico Escofet  —lean la preciosa novela de Sonsoles Onega y disfruten—, y meten a Barcelona en un berenjenal del que ni ellos mismos saben cómo van a salir. Una ópera bufa en toda regla porque la solución del bombardeo que defendían Espartero y Franco no parece la más racional y equilibrada a estas alturas de la civilización.

Torra —hace el ridículo en su calidad de ordenanza portavoz del prófugo Puigdemont— y le da un ultimátum a Sánchez: tienes hasta noviembre para darnos la independencia, dicho así… grosso modo, más o menos que paso de las citas textuales. Sánchez le dice que se pegue una vuelta y que solo está autorizado a poner paños calientes, decir palabras bonitas y llenar el diccionario político de tópicos más viejos que las cortinas de saco. Vamos a profundizar en el diálogo, vamos a potenciar la política y vamos a olvidarnos de Rajoy —Don Vagancio en acertadísimo mote del gran agitador matutino—.

El Sr. Torra no sé si es tonto —políticamente hablando que no entro en el insulto personal jamás de los jamases— o es que utiliza su imagen de profesor despistado y que no se entera de la película para perpetuarse en el sillón que inauguró Tarradellas  cuando la momia de Franco aún  estaba tibia y no había sido cuestionada en su enterramiento.

Sr. Torra: solo faltaba que se saltara aquello de “la soberanía reside en la totalidad del pueblo español”

Sr. Torra: Pedro Sánchez, aunque quisiera, no puede dejarle a usted hacer un referéndum con todos calificativos que  pide incluida la verificación internacional. Si la derechona ya lo está poniendo de traidor y de ocupa que no hay por dónde agarrarlo, solo faltaba que se saltara aquello de “la soberanía reside en la totalidad del pueblo español”, lo que enseñaba Pepe Asensi en la universidad hace  unos cuantos lustros, para que le pongan tres o cuatro querellas criminales y le den garrote vil al amanecer en el patio del penal de Ocaña .

Sr. Torra, siga usted leyendo por favor. Hace veinticinco años más o menos, andaba yo de espionaje con los etarras por las cárceles españolas y cuidando —cuando estaba en la calle— que no me pusieran una lapa bajo las ruedas como era su especialidad. Unos nos jugábamos el pescuezo y a otros les daban las cruces rojas con derecho a pensión vitalicia. Así es la vida. Cuando me tiraba bajo el coche para detectar paquetes extraños, regalitos en forma de explosivo plástico, tenía que hacer teatro y levantarme cabreado y disimulando. Una cosa así como esa política de antes del diluvio —ultraderechista de carnet aunque disfrazada de pujolista— que se llama De Gispert. Si, si, esa que, sacando pecho, le dice a Arrimadas que se largue a Andalucía.

Pues como le voy diciendo, que no sé si lo estoy torrando, Sr. Torra, en aquella época los etarras  pedían un referéndum como el suyo. Llevaban cuarenta años pegando tiros, matando y muriendo, con miles de años de talego encima y… no consiguieron el referéndum dichoso. Ni siquiera cuando el famoso plan Ibarreche. Y usted lo hace por la puta cara —esa es la expresión maleducada  del inicio— y quiere que todo vaya como la seda. Eso en política se llama estupidez. Lo voy a invitar al curso que damos en la sede de la UA, “Vamos a escribir una novela histórica”, a ver si aprende usted algo de Godoy, de Jovellanos y hasta de Don Tadeo Calomarde —un carlista vividor— o de Ramón  José de Arce, un obispo golfo que hubo en aquellos años en Zaragoza y que lo mismo sacaba la custodia en procesión piadosa que se encamaba, sin quitarse los capisallos,  con una marquesa viuda para alegrarse en este valle de lágrimas.

¿Ha visto Rodrigo Rato? Cuando era Vicepresidente económico y luego jefazo del Banco Mundial todo eran risas y palmadas en la espalda. Ahora no lo conoce nadie

Sr. Torra, aprenda usted de los antiguos, siga las lecciones de la historia y deje de meterse y de meter a sus administrados en camisas de once varas, que luego llegan las sentencias, como quien no quiere la cosa y, cuando uno se ve a las puertas de la cárcel, todo es llanto y crujir de dientes. ¿Ha visto Rodrigo Rato? Cuando era Vicepresidente económico y luego jefazo del Banco Mundial, cuando tiraba de tarjeta negra como si la pasta no fuera de nadie, todo eran risas, abrazos eléctricos, reverencias  y palmadas en la espalda. Ahora no lo conoce nadie y a la única que le da pena, y dice que noventa mil pavos tampoco son para tanto, es Esperanza Aguirre la ayudante de Casado para resucitar el aznarismo. ¿Noventa mil no son tanto? He visto a gente pegarse más de dos años de cárcel por llevarse un coche de quinta mano y que se caía a trozos.

Ya sabe usted, Sr. Torra, que Pedro Sánchez parece que está gobernando en coalición con el PP, de tantos cargos populares como quedan en las instituciones. Llegaron los peperos y arrasaron el solar porque “había que escenificar el cambio” y este anda manso como un ternero de Kobe, como queriendo no molestar para llegar a dos mil veinte. Pídale usted alguna canonjía  o un par de miles de millones y haga un pantano en el Llobregat  y verá cómo se la da, pero deje de tocar los cojones porque hasta Rufian y Junqueras van a acabar dándole de lado. Luego tendrá que salir por patas como Puigdemont y van a crear una crisis migratoria en Bruselas con tanto exiliado.

¡Señor, llévame pronto! ¡Aguanta hasta que vea a Sepulcre y Belmonte en el paro y a Pepe Asensi de alcalde, pero después llévame pronto!

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