Acabo con los catalanes… y a otra cosa

Manuel Avilés, escritor fondo blanco OPINIÓNComo decían, años ha, aquellos conjuntos que sonaban a hojalata y ejecutaban la copla española en las verbenas de los pueblos —y que más que ejecutarla  la asesinaban—: “ahora a petición del respetable interpretaremos…” y te salían por Juanito Valderrama o por Antonio Molina, Yo soy minero, El emigrante o Mi primera comunión. Debo de ser un anciano mucho más decrépito de lo que aparento porque me lanzo al paleolítico con la misma facilidad con que Aznar se tira a mentir sin pudor en las  inútiles comisiones parlamentarias.

A petición del respetable —les aseguro que es verdad, no es un farol, y tengo los mensajes guardados— seguiré escribiendo por ahora y metiéndome en los berenjenales de siempre e incluso en alguno más. Pese a las horas de trabajo y de insomnio que me lleva preparar el curso en la sede de la UA: “Vamos a escribir una novela histórica”, con base en el avispero que fue el siglo XIX español, he de seguir con los artículos en 12endigital porque no puedo consentir que mi colega del Coro de Icali, Victoria Casanova, se quede en ascuas, achicharrándose con la intriga que le genera el problema catalán. Es solo un ejemplo.

Si investigaran a todos los mentirosos y les metiesen mano en el peor de los sentidos España sería un campo de mártires inacabable

Tampoco puedo consentir que la publicidad de la angustia que me generan las investigaciones de los másteres y que con ellas lleguen hasta la época en que yo iba a los exámenes de reválida cargado de chuletas, haga que alguna buena amiga pregunte también con gesto ansioso: ¿En serio que no te la encuentras cuando piensas en las investigaciones sobre los máster fraudulentos de la Universidad Rey Juan Carlos? ¡Qué dura es la vida! Si investigaran a todos los mentirosos y les metiesen mano en el peor de los sentidos España sería un campo de mártires inacabable. Ríete tú de las matanzas de cristianos que organizaba Nerón.

Fíjense ustedes en Rajoy, por ejemplo. No sabía, sentado en el estrado de la Audiencia Nacional, nada de la financiación de un partido en cuya pomada llevaba cuarenta años. Nada del pago de aquellas plazas de toros valencianas reventando por las costuras con autobuses, bocadillos, música y sonido como si tocaran los Rolling Stones. Aznar no sabe nada de una sentencia que dice que su partido se benefició de una caja B, no conoce a Correa que casi fue su compadre en la boda de El Escorial y no tiene ni idea de los  soldados españoles que fueron a la guerra de Irak y murieron allí. Pablo Casado saca pecho: “los militantes populares deben estar orgullosos porque el PP ha dejado un legado impecable”. ¡Olé! ZapLana sigue preso en Picasent —yo inauguré esa cárcel y fui su primer director y no me satisface que Zaplana ande como alma en pena por su enfermería—,  Fabra ha salido hace poco de una cárcel madrileña. Y lo que nos queda por ver…

El Psoe —aquí tenemos para todos— no es capaz de meter a Zapatero en una urna e impedir que siga haciendo el ridículo ante el analfabeto sanguinario venezolano, intentando argumentar y justificar lo injustificable —dicho esto sin dar la razón a la ultraderecha y al capital que pretende seguir enriqueciéndose con el oro negro del lago Maracaibo—. El Psoe hace el ridículo y enfrenta a un caimán con veinte caparazones, Aznar, ante un inocente pardillo que de ninguna manera habría sobrevivido a la matanza de Herodes: Simancas. ¿Qué hace ese señor todavía en la política? ¿Qué problema va a solucionar a los ciudadanos? Este hombre era candidato a la presidencia de Madrid y bordó el ridículo porque le dieron un golpe de estado en sus narices y no se enteró hasta que ya lo habían echado sin que la votación se produjera. Miren la historia y recuerden el Tamayazo, uno y una escondidos en un hotel mientras se producía la debacle y Esperanza Aguirre resurgía triunfante con sus estanques y sus ranas contadas.

Bueno pues ahí tienen al líder político Simancas, todavía intentando sacar pecho y enfrentarse a un viejo lobo de la política que ha sobrevivido incluso a Rajoy, al que puso él digitalmente, y al que odiaba con odio africano, como solo es capaz de odiar una ex tras quedarse tu piso y tu coche, y colocarte compartiendo cuchitril en una litera con tres subsaharianos, dos magrebíes, tres bolivianos y un refugiado de la división azul. Eso sí, con derecho a cocina y a una décima parte del frigorífico cochambroso y a usar la lavandería de monedas que hay en el chaflán de las carolinas altas.

El Alicante multicultural y sucio sobre el que planean ya las elecciones municipales es el de los contenedores rodeados de  bolsas perfumadas a las nueve de la mañana, con aceras asimétricas por las que las abuelas se apoyan en el carro de la compra como elemento estabilizador

Ese es el Alicante multicultural y sucio sobre el que planean ya las elecciones municipales, el de los contenedores rodeados de  bolsas perfumadas a las nueve de la mañana, el de las aceras asimétricas por las que las abuelas circulan apoyándose en el carro de la compra como elemento estabilizador y yo voy a diario con mi colega Santiago y con un látigo —al modo de Indiana Jones— para colgarme de él y atravesar las zanjas. Tengo que invitar un día a Luis Barcala y que se dé un paseo con nosotros para que vea el percal.

Los políticos mienten —una verdad que no me ofrece la menor duda— lo mismo que las comisiones parlamentarias no sirven para nada salvo para darse un paseo saludando al tendido, mentir sin rubor y largarse a la comida que el partido triunfador tiene apalabrada en las callejuelas traseras del Congreso que tan buenos recuerdos me traen. No por nada, solo que cuando andaba por allí era veinticinco  años más joven.

En el PSPV ser intelectual de prestigio y tener las cualidades dichas casa mal con ser un lebrel sumiso que siga las condignas franquistas o Ximistas

¿Quieren ver si mienten y hasta qué punto lo hacen? Pregúntenles a Ximo Puig y a Ángel Franco, gran muñidor de todas las debacles socialistas alicantinas desde que Franco —Francisco, su primo, el de la losa de la discordia— era sargento en Marruecos. Por favor, explíquennos sus contubernios para buscar un candidato perdedor a la alcaldía. Ya verán como todo son buenas palabras y proyectos de lujo. Ellos saben que tienen a la persona adecuada para ganar: José Asensi, catedrático de derecho Constitucional, cabeza magníficamente amueblada, intelectual prestigioso, hombre con la vida hecha y resuelta que no necesita ningún cargo ni ningún partido como trampolín para nada. Pero claro… ser intelectual de prestigio y tener las cualidades dichas casa mal con ser un lebrel sumiso que siga las condignas franquistas o Ximistas y arruine la municipalidad en conjuras e intrigas tránsfugas para darle trabajo a los fiscales.

Una mentira me parece a mí —juicio de valor subjetivo y político— lo que leo en un periódico de papel alicantino: habla el tránsfuga de la diputación y anuncia la creación de otro partido instrumental que suena a reality de la televisión del hígado. Contigo, creo que se llama. Una excrecencia más de ese partido de aluvión, de recortes y rebotados de otros que quiere englobar al mundo mundial con el nombre de Ciudadanos. Yo soy un ciudadano y ni lo he votado ni pertenezco ni lo votare nunca. Pues bien, ese señor proclama: “He elegido la vía más honrada de presentarme a las elecciones locales en Alicante”. Me gusta el titular y me gusta el texto que rellena la página: honradez, servicio y una sola preocupación, el servicio de la ciudad sin reparar en esfuerzos, en fatigas, en sacrificios y en horas de trabajo. De día, de noche, en días laborables o en festivos.

¡Señor, por favor, llévame pronto de una puta vez, cojones, que esto no hay quien se lo trague!

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