¿Qué es eso de la igualdad ante la ley?

Manuel Avilés, escritor fondo blanco OPINIÓNCuando yo estudiaba Derecho en la Universidad de Alicante había —como en todos los sitios— nulidades absolutas que aburrían a las ovejas y profesores brillantísimos a los que uno no se cansaba de escuchar. Manuel Atienza y Pepe Asensi, ambos del grupo exiguo de los brillantes, me explicaron el mismo tema —coincidiendo en casi todo— aunque cada uno desde el punto de vista de su disciplina: la Filosofía del Derecho y el Derecho Político.

Somos iguales ante la ley sin que pueda existir discriminación por razón de raza, religión, sexo o cualquier otra circunstancia personal o social

Somos iguales ante la ley sin que pueda existir discriminación por razón de raza, religión, sexo o cualquier otra circunstancia personal o social. La igualdad, esa antiquísima aspiración de los humanos que han recogido de manera fervorosa todos los movimientos humanistas y revolucionarios como un logro indiscutible. La Revolución Francesa que decapita —literalmente— a las monarquías absolutistas y corruptas incluye el concepto como ideal —¿propagandístico?— del nuevo Estado que acaba de nacer: Libertad, Igualdad y Fraternidad. Todo muy bonito sobre el papel, como bonito era en muchas de las Constituciones españolas en las que figuraba como una aspiración permanente nunca realizada.

La vigente —no puede ser de otra manera— consagra también la Igualdad. ¡Cómo les gusta a los políticos llenarse la boca hablando de las consagraciones constitucionales para embobar al personal y despistarlo de los incumplimientos!

Leo que un alcalde alicantino exige un plan de deportaciones masivas y el tránsfuga fiel apoya lo que haga falta porque sus ideas son firmes y sus convicciones políticas y sociales son inamovibles

Cautivo y desarmado, tan inútil como aquel ejército rojo desorganizado y en desbandada, esperando solo el cobro puntual de la pensión para los desahuciados y que mi descenso al Hades se dilate lo más posible en el tiempo para que se joda Christine Lagarde —esa mandamás del FMI— que se queja de que los ancianos vivimos demasiado. Dice que eso es un riesgo para la economía mundial y que así son insostenibles las pensiones. Lo dice ella que tiene los mismos años que yo. Si tanta dificultad hay y tanta prisa tiene, no tengo  inconveniente en que ella palme primero. Ya la seguiremos a la fuerza cuando la Parca se empeñe en rebanarnos el pescuezo con su guadaña.

Cautivo y desarmado —repito— leo prensa y libros de historia, oigo tertulias y veo noticias que me asombran un día sí y otro también demostrándome que eso de la Igualdad ante la ley es una quimera irrealizable por el momento, casi una falsedad con todas las letras.

Leo que un alcalde alicantino —con un puestazo en la Diputación sostenido por un tránsfuga— en la línea de la ultraderecha de Salvini, de la Sra. Le Pen o del fallecido neonazi austriaco Jörg Haider, demuestra una admiración adorante por el fascista Donald Trump y exige “un plan de deportaciones masivas a la vez que subraya la necesidad de cerrar las fronteras”. No habla de hacer un muro por ahora. Después pide disculpas y recula pero, leyendo sus mensajes, intuyo que le han salido del alma.

Titular de un periódico alicantino: “El PP y el tránsfuga vetan en la Diputación la reprobación a Morant por su alegato racista”. Uno de los pata negra de Pablo Casado no será reprobado públicamente por el compinchamiento del PP y el tránsfuga ex de Ciudadanos, firma mi amigo y excelente periodista Pere Rostoll.

Si un trabajador público —yo mismo lo he sido en los últimos cuarenta años— se pega esa pasada racial, le aplican el reglamento de régimen disciplinario y le meten un puro que se va por las pencas como si le hubiese entrado una gastroenteritis fulminante. Aquí, la izquierda nominal ha propuesto la reprobación. Eso es nada,  no llega ni a sanción por falta leve, un mero tironcillo de orejas testimonial, pero no sale adelante porque la ley no es igual para todos. La derecha saca músculo y el tránsfuga fiel apoya lo que haga falta porque sus ideas son firmes y sus convicciones políticas y sociales son inamovibles. No se reprueba a nadie aunque quiera poner una valla desde Tarifa hasta el cabo de Santa Pola.

Un nuevo caso —plenamente documentado— que prueba de manera definitiva la igualdad constitucional. Todos somos iguales pero unos mucho más que otros.

Los podemitas ponen de manifiesto que Orwell era profeta cuando escribió Rebelión en la granja

Como culebrón permanente del verano no ha habido televisión que no emita una y mil veces unas cintas adjudicadas a un antiguo comisario que está ahora preso. En ellas se habla de dinero, de comisiones por contratos, de blanqueo y de testaferros que tienen propiedades que no son suyas sino de otra persona que así las oculta. Dice el juez de la Audiencia Nacional que la señora Corinna —amiga íntima del rey emérito según es vox populi— “pone de manifiesto unos actos que supuestamente habría llevado a cabo el rey entre 2009 y 2012… y que en esas fechas estaba amparado por la inviolabilidad”. Los podemitas —que con sus chalets y su integración en la casta ponen de manifiesto que Orwell era profeta cuando escribió Rebelión en la granja— piden una comisión parlamentaria que investigue el asunto: ¿hubo comisiones? ¿alguien se llevó pasta? ¿hubo testaferros?

Nunca más se supo. La supuesta izquierda —se llaman socialistas y eran republicanos en su fundación— y la derecha más dura de occidente —rajoys, riveras y sucesores….— se compinchan en unión indisoluble. No hay nada que investigar. El que no vea que en este país existe una igualdad ante la ley a toda prueba es que tiene que dedicarse desde ahora mismo a vender cupones porque ve menos que un gato de yeso.

La pela es la pela y hasta Kichi, el alcalde podemita de Cádiz, se ha puesto a favor de fabricar y vender armas porque no se le puede obligar a decidir “entre defender el pan y la paz”

Estoy encantado con los políticos. Mientras escribo esto oigo que Margarita Robles —fue mi jefa directa y la sigo considerando una mujer intelectualmente brillante, honrada y consecuente— ha puesto en cuestión la venta de cuatrocientas bombas a Arabia Saudí. Hemos visto que los saudíes, en su guerra peninsular, el nueve de agosto bombardearon un autobús en Yemen en el que viajaban cuarenta niños que murieron evidentemente. Robles, honestamente como corresponde a una ministra prestigiosa y a una jurista de nivel, dice que no se van a vender bombas a los saudíes. Como esto es un mercado carente de cualquier conciencia humanitaria o social, ya empiezan a correr los rumores de que los monarcas wahabitas anularan el contrato de compra de unas cuantas corbetas —barcos de guerra para entendernos—. La pela es la pela y hasta Kichi, el alcalde podemita de Cádiz, se ha puesto a favor de fabricar y vender armas porque no se le puede obligar a decidir “entre defender el pan y la paz”. Ya tiene los votos de quienes fabrican barcos de guerra. Tranquilo.

Son una falacia absoluta todas las buenas intenciones publicadas, los deseos de paz y de fraternidad universal mientras el negocio de la industria bélica necesite seguir funcionando, o sea, siempre. Hoy expectante. A ver qué nos prepara Torra el día 11 con la Diada. Quiere volver a la época del Conde Duque de Olivares.

Ayyyyy señor….¡llévame pronto!

 

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