Guardar las formas

Andrés MaestreEs fundamental mostrarse educado —con respeto y decoro— allá donde vayas, digas o escribas. Ser un chico formal te abre puertas —decía mi abuelita Paca—. O así era antes. Llamar de usted a las personas mayores, ceder el paso, el asiento, la palabra y el privilegio de la razón al otro —mientras debatimos con argumentos la postura contraria— permite enriquecer el propio pensamiento. Pero me da a mí que estos son valores en desuso. La militancia dogmática elimina cualquier posibilidad de empatizar con el otro. Ser del Madrid —o del Barça— agnóstico —o católico— del PSOE, Podemos, Cs o PP determina nuestro comportamiento hacia los demás, especialmente si son del ‘bando contrario’. Cuando eso pasa ya no se atiende a razones y solo se ve la pajita en el ojo ajeno y nunca la viga en el propio.

¿Qué dirías si un presidente del gobierno ‘coloca’ a su mujer como directora del recién creado Africa Center dependiente de la administración que dirige su marido? Pues seguro que –depende de quién se trate- hay quien lo criticará con firmeza y hablará de ‘cohecho impropio’ y quienes defenderán que —de verdad de la buena— se trata de un excelente fichaje por la capacidad intelectual de la susodicha. Aunque —ahora que caigo— para eso están las oposiciones.

Los pensamientos ‘políticamente correctos’ se pueden compartir sin reparo, pero si uno tiene opiniones discrepantes –con la corriente de moda- parece más aconsejable guardarla para sí mismo

Una cosa es lo que pienso y otra lo que digo, lo que digo y lo que hago o lo que hago y lo que creo que debería hacer. La vida pública nos lleva a moderar o exaltar las opiniones. Los pensamientos ‘políticamente correctos’ se pueden compartir sin reparo. Pero si uno tiene opiniones discrepantes —con la corriente de moda— parece más aconsejable guardarla para sí mismo. Si no compartes la buena sintonía de los okupas, el aborto libre, la inmigración ilegal o la valencianización de las aulas y defiendes la regulación de las ayudas públicas, la centralización de determinados servicios y la unidad estatal sin diferencias entre territorios, entonces más vale que te calles si no quieres ser ‘clasificado’ y vilipendiado en las redes sociales. No hay debate. En estos temas, o estás conmigo o estás contra mí. Pero, es más, me atrevo a decir que la mayoría de las personas tampoco han madurado una opinión razonada sobre estas cuestiones. No hay debate reflexivo. No se escucha al otro. Si eres de Sánchez-Iglesias defenderás una cosa y si te va Casado-Rivera darás todo tipo de argumentos sobre la opinión contraria.

Despreciar al sistema judicial, criminalizar al PP, deslegitimar a los periodistas o desoír a los autóctonos, para favorecer a los que divulgan la integración, son posturas que están de moda. Hacerlo nos ubica en la buena onda social, aunque se haga con pobres argumentos no cotejados.

Después los hay quienes confunden libertad de expresión con una carta blanca para insultar, faltar al respeto o difamar gratuitamente —entendido como adverbio de modo— y despreciar sin mesura a quien se ponga por delante. Como periodista —primero— coordinador de un medio de comunicación y ciudadano favorable a la crítica sin censura, defiendo las palabras de Voltaire (filósofo francés): «Abomino tus palabras, pero defenderé con mi vida que tengas derecho a decirlas». Y al mismo tiempo, suscribo otras referencias a la libre opinión: «La libertad de expresión sólo puede existir en el contexto del decoro, la buena educación, el buen gusto y el respeto a la dignidad de las personas», Fernando Sánchez Dragó (escritor) o «Si no creemos en la libertad de expresión de aquellos que despreciamos, no creemos en ella en absoluto», Noam Chomsky (lingüista, filósofo y activista estadounidense).

Es posible tener diferentes modos de entender la vida sin que eso nos lleve al constante enfrentamiento despectivo

Criticar, denunciar, discrepar, discutir y no llegar nunca a ponerse de acuerdo. Es posible tener diferentes modos de entender la vida sin que eso nos lleve al constante enfrentamiento despectivo. Yo creo que cuando uno debate siempre convence al otro de algo y se deja convencer a su vez de una parte de la otra postura. Eso si se escucha, claro. Porque eso tampoco es habitual. Ni se escucha ni se lee. Hay personas que opinan solo de lo que dice un titular. A lo sumo un par de destacados de la publicación, pero no han dedicado tiempo a leer la noticia o la columna. Puede que hasta este párrafo no haya llegado ni la cuarta parte de los que empezaron a leer este post. Por eso no creo que deba extenderme más. Dejaré para otro día el resto de ideas que rondan mi cabeza y me quedo con lo esencial. Reflexión sí, pero guardando las formas. Entrando al cuadrilátero con la predisposición de convencer, y de ser convencido, pero sin derrotar.

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