Activista radical y yogui

Sonia Gonzálvez con faldónDicen que todos tenemos tres vidas: la personal, la profesional y la secreta. Hace varios meses decidí no volver a compartir la más mínima información sobre mi vida personal en ningún tipo de red social —excepto mis artículos, escritos varios y causas que deseo reivindicar… y las tres cosas vienen a ser lo mismo—.

Ahora me contengo con mayor facilidad y he aprendido a esperar el momento adecuado

Los años me han apaciguado —la visceralidad e impulsividad de décadas anteriores han dado paso a cierta reflexión mucho más efectiva y preocupante, sin duda— ahora me contengo con mayor facilidad y he aprendido a esperar el momento adecuado, la frase exacta con la que dar el golpe definitivo en vez de arrancar desde la ira. Sin embargo el tema de la reivindicación femenina —ahora que soy más consciente que nunca de lo que implica— me ha hecho soltar más de un improperio en el ámbito privado cuando escucho ciertas frases en relación a las mujeres, como van o deberían ir vestidas o a qué deberían dedicarse y que me posicione calificándome como “activista radical” —tal y como compartí en uno de mis últimos artículos—, pese a que odio las etiquetas, pero es exactamente eso lo que deseo: la igualdad.

¿Cosificar a las mujeres no es justo pero a los hombres sí? ¿Qué hubiese ocurrido si el presentador hace el mismo comentario a la colaboradora?

En mi lucha por esa igualdad de géneros ya aclaré que el movimiento feminista no pretendía su superioridad en otro artículo comentando el neologismo “hembrismo” que es el que puede entenderse como sinónimo de misandría, por eso, necesito llamar la atención sobre un hecho que presencié ayer en uno de mis programas favoritos de televisión —de hecho el único que prácticamente veo durante el invierno. Prime Time de su franja, las 22 horas, Pablo Motos entrevista a Miguel Ángel Silvestre que ha ido a divertirse al Hormiguero para promocionar su aparición en la serie Narcos— es una reposición típica de la época estival. La conversación entre ambos trascurre entre bromas —el actor siempre ha demostrado ser muy afable, accesible y cooperativo cada vez que ha ido al programa encajando las bromas y participando en ellas con buen humor y mente abierta— cuando una colaboradora se une a ellos y suelta un comentario a modo de halago al actor que decía algo así como que si Miguel Ángel se quitase la camiseta subiría todavía aún más la temperatura y el calentamiento global. El actor lo encaja bien —siendo mucho más correcto de lo que yo lo hubiese sido si me dicen algo así—, sonriendo a medias, dejando entre ver algo de vergüenza, rubor. No se pronunció sobre la frasecita —vale, está muy acostumbrado y es conocido por ser uno de los actores más sexis y atractivos del país sobre todo desde su interpretación del personaje del Duque— pero no pareció gustarle. A mí desde luego no solo no me gustó si no que —en mi faceta de feminista activista y radical— me veo en la obligación de reflexionar al respeto: ¿Qué hubiese ocurrido si el presentador hace el mismo comentario a la colaboradora? ¿Cosificar a las mujeres no es justo pero a los hombres sí? Si un actor está promocionando su papel en una serie ese tipo de comentario sobra, es irrespetuoso hacia su labor y no es procedente. Si queremos igualdad debemos ofrecer lo mismo y ser consecuentes.

Si como escritora asisto a un programa para promocionar alguna de mis novelas y alguien comenta algún aspecto de mi físico —para bien o mal— me sentiría tremendamente molesta y ofendida, me resultaría irrespetuoso hacia mi trabajo como escritora e improcedente. Encajaría cualquier crítica sobre mi obra pero mi físico no sería un tema oportuno, inadmisible.

Pese a mi auto veto sobre lo de compartir información personal en las redes voy a cambiar mi estado de WhatsApp como protesta y voy a escribir: Activista radical y yogui.

Lo de yogui es porque hace dos meses que practico yoga y me ha cambiado la forma de entender y ver la vida, física y mentalmente, pero eso ya lo contaré en mi próximo artículo… o no.

Sonia Gonzálvez

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