Quedarse atrás en el tiempo

Andrés MaestreLlega el mes de agosto y —con agosto— llega el calor intenso, las vacaciones —para los que no paramos en todo el año— las verbenas de verano y los viajes en familia y amigos. Es cuando a mí más me asaltan los recuerdos del pasado. El primer amor, los colegas de la playa, mi Vespa tuneada y las litronas de «La Bodega del Club del Mar» en Playa San Juan. Me gusta el sabor del pasado. Me conmueve recordar la tecnología de los noventa con la que funcionaba ‘el mundo moderno’. Pero, he de confesar que me encanta el futuro, y el presente de hoy que ayer era el futuro.

Yo pinchaba discos de vinilo en unos platos Technics. Singles y maxisingles de David Bowie, Loquillo, Rebeldes, Duncan Dhu, Bryan Ferri, Modern Talking —por exigencias del guion— Nirvana, Eminem, Guns N’Roses, Foo Fighters y REM. Pasé del vinilo y el cassette al láser disc, al minidisc, al cd y al pen drive casi sin darme cuenta. Hoy la lista de música la tengo en la nube y la escucho en el móvil cuando salgo a correr o a pedalear con mi bici para recorrer Hondón de las Nieves y Aspe. No me planteo ver a los fabricantes de aquellas piezas de museo reivindicando que se ponga freno a la evolución, para no perjudicar sus negocios y desestabilizar su zona de confort.

Los libros los compro en el kiosco de mi barrio porque me dan conversación, se preocupan de lo que necesito, muestran novedades en su canal de Facebook, ponen ofertas en su blog y publican entradas interesantes

Mi querida Begoña cerró una agencia de viajes ante la ‘manía’ de los turistas y empresarios de buscarse la vida sin intermediarios ‘lentos, inexpertos y con limitaciones a lo que tenían que vender’. Yo mismo di de baja el teléfono fijo de mi casa y —ahora que lo pienso— hace años que dejé de utilizar las cabinas telefónicas. Esta semana he comprado un zapatero monísimo en Amazon y Olga se ha hecho con un vestido, y unos zapatos a juego, también vía on line. ¿Significa eso que deben cerrar las tiendas de mi pueblo? Yo creo que no. Pero sí se deben reinventar. Los libros los compro en el kiosco de mi barrio  —bueno, no todos— porque me dan conversación y se preocupan de lo que necesito. Muestran novedades en su canal de Facebook, ponen ofertas en su blog y publican entradas interesantes que invitan —de manera indirecta— a tenerlos en cuenta para hacerles consultas y pedirles recomendaciones. Vaya, que está al día.

Por eso no comprendo la reacción de los taxistas. Entiendo su malestar, pero creo que equivocan el tiro. La salida está en la liberalización del servicio, la lucha contra el monopolio y la mejora de la competitividad. Eficiencia y eficacia, palabras clave en economía de mercado. Lo que pasa es que alguno —nunca son todos iguales— había caído en la soporífera posición de control hacia el cliente. Se podían permitir vestir de cualquier manera, llevar el coche no muy decente y contestar con groserías a los clientes. La competencia es lo que tiene. Nos hace más amables, más agradables de ver, y consigue de nosotros que queramos ser mejor personas —como decía el personaje de Jack Nicholson en Mejor… imposible—.

He de confesar que en este asunto —como en tantos otros— me asaltan constantemente las contradicciones. Y es que las dudas que me plantea la vida son más interesantes que mi vida en general.

No soy el único que incurre en pensar hoy lo contrario a lo que dijo ayer. El PSOE de Alicante va como pollo sin cabeza intentando abocar capazos de su basura —y valga el ejemplo por la gestión que hicieron de esa parcela— sobre el gobierno municipal del PP. Defendían a Echávarri cuando estaba imputado en dos causas judiciales y ahora piden dimisiones desveladas. “Llegas muuuy tarde, Matías” —le dicen al genial periodista en el anuncio de los seguros—.

Los socialistas alicantinos podrían poner en marcha una estrategia de comunicación basada en los principios, las ideas y la cercanía con el vecino, en vez de entrar en la sucia batalla política judicializada y vengativa

Los ediles socialistas de Alicante pelean —cada uno por su lado— en distribuir notas de prensa a los medios donde le espetan a Barcala: “¡Vos sois el gato, y el rato, y el bellaco!  —como le dijo Don Quijote al comisario—.  Se empeñan en buscar en D. Luis —Barcala— los defectos que ellos cometieron en su agónica etapa de gobierno tripartita.

¿A quién no le ha pasado eso de estar buscando un lápiz por todos lados, y al rato darte cuenta de que el lápiz lo tienes en la mano…? Pues eso le pasa a los socialistas alicantinos con la política. Podrían poner en marcha una estrategia de comunicación basada en los principios, las ideas, la cercanía con el vecino o la reclamación de políticas que se identifiquen con sus raíces. Lo tienen fácil. Cuentan con la connivencia de papá estado y del Molt Honorable President. Pero, en cambio, han puesto en marcha una campaña de judicialización absurda de la política municipal, basada en atribuir al nuevo gobierno popular las meteduras de pata que ellos cometieron en su corto —y agónico— periodo al frente del Ayuntamiento.

Las dudas que me plantea la vida son más interesantes que mi vida en general

Pero esta es solo la visión de un inquieto periodista de proximidad, que observa con estupor cómo se desconectan los políticos de la realidad cuando atraviesan las puertas del consistorio. Por eso, cuando lean esto, pueden citar al ingenioso hidalgo don Quijote y descargar en mí eso de: “¡Calla bellaco villano, mal mirado, descompuesto, ignorante, infacundo, deslenguado, atrevido, murmurador y maldiciente!”. De esa definición a la de periodista de ciudad dista poco, según reza en muchos de los comentarios que recibo a diario en las redes sociales, otra herramienta del progreso.

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