Actualidad Alicante

La literatura y los ahogados en el Mediterráneo

Manuel Avilés, escritor fondo blanco OPINIÓNLa inmigración es un fenómeno universal que trasciende a cualquier tiempo y circunstancia. El ser humano se ha movido siempre – desde los hombres del Paleolítico que venían en oleadas de África a Europa- en busca de comida, de condiciones favorables de existencia y así seguirá siendo mientras el universo y el hombre existan. A pesar del fascista de Trump y por mucho que se empeñe en meter a los niños en jaulas separándolos de sus padres.

 Kirstjen Nielsen, su secretaria de Seguridad Nacional y defensora de la tolerancia cero contra la inmigración, fue expulsada de un restaurante mexicano. Le hicieron un “escrache” en toda regla: si los niños no comen en paz tú tampoco comes, le dijeron quienes se oponían a esa decisión torturante de separar a los niños de sus padres y meterlos en jaulas como método disuasorio para que no intenten pasar ilegalmente  la frontera de Méjico con EE.UU. Bien por el escrache.

Hemos vivido paso a paso  la travesía del Acuarius a lo largo del llamado Mare Nostrum. Mateo Salvini ministro del Interior italiano – otro fascista que deja pequeño a Mussolini- da saltos de alegría tras rechazar el barco cargado de hambre y de miseria. Le ha cerrado los puertos italianos y grita: ¡Victoria! Los inmigrantes del Acuarius van camino de España. Pese a él y pese a su intransigencia ultraderechista los movimientos migratorios – por mil y un motivos- van a seguir existiendo. No se puede poner puertas al campo.

Mientras aquí andábamos de hogueras y mascletás, ha habido más de mil acogidos en las costas andaluzas

Sánchez ha tenido un gesto  grande ordenando la acogida del barco en Valencia aunque haya habido algo o bastante de sobreactuación. El mismo fin de semana, mientras aquí andábamos de hogueras y mascletás, ha habido más de mil acogidos en las costas andaluzas  -además de casi cincuenta desaparecidos en el mar de Alborán-.  Desaparecidos es una forma dulce de decir ahogados y de esos también hay a diario. En los mil casos andaluces no ha habido escenificación política de la generosidad, ni ha salido Mónica Oltra dando abrazos escoltada por  la Cruz Roja y por batallones de traductores y trabajadores sociales.

Pedro Sánchez se acaba de reunir con Macron y ambos proponen la creación de centros en donde sean recibidos los migrantes y en los que se pueda estudiar la situación y el destino de cada uno. Por ahí van los tiros, por implantar medidas europeas conjuntas y no adoptar cada país, por libre,  las que Dios le dé a entender.  El hambre, las guerras, la miseria africana, centroamericana o surasiática, los desastres políticos establecidos en esos países, van a seguir empujando e ignorando las leyes administrativas del primer mundo. Es tontería querer blindarnos con jaulas al estilo Trump o rechazos y abandonos en alta mar al estilo del Mussolini italiano.

El hambre y la lucha por la supervivencia empujan mucho más que cualquier ley restrictiva

No se trata de practicar el “buenismo” porque cualquier persona medianamente informada sabe hasta qué punto todos los países intentan blindarse de mil maneras, con leyes penales y administrativas, defendiendo las condiciones de vida para sus nacionales y cómo, todos los países, establecen filtros por aquello de proteger sus culturas, sus infraestructuras y sus presupuestos. Pero el hambre y la lucha por la supervivencia empujan mucho más que cualquier ley restrictiva.

Muchos de los que sacan pecho y españolean frente a la avalancha migratoria  miran para otro sitio poniendo cara de póquer o pretenden desconocer que nosotros hemos emigrado hasta al rincón más escondido del mundo buscando lo mismo que buscan quienes vienen ahora. Cuando yo era un joven estudiante, un viejo y sabio profesor de historia me dijo una frase que nunca he olvidado: Hay que unificar el lenguaje. No podemos decir “la conquista de América” y luego hablar de “la invasión árabe”. O las dos son conquistas o las dos son invasiones. Los que iban a “conquistar América” en el siglo XVI también buscaban mejorar su vida.

Mucho más recientemente nosotros hemos huido de una España sangrante – el desastre en que la sumió  el nefasto Alfonso XIII y el ardor golpista y guerrero de los Franco, Mola, Sanjurjo, Queipo de Llano y Cia- y hemos pedido refugio en Méjico, en Argentina, en Argelia y hasta en Francia, que es donde peor nos trataron. Pregúntenle, si no, a algún superviviente que aún queda de los campos de concentración de Argeles Sur Mer. Tantos episodios de huida tuvieron su punto final en la salida del puerto de Alicante del carbonero inglés “Stanbrook”. Quienes no consiguieron embarcar en él dieron con sus huesos en el campo de concentración de los almendros –ahora la Goteta-, en el campo de Albatera o en la cárcel de Benalúa, hoy juzgados.

María Dueñas ha armado una grandísima novela con la emigración como hilo conductor que subyuga y atrapa desde la página uno hasta la última letra. El viernes 6 de julio estará en las cenas literarias del Maestral

No se me ha ido la olla con el título. Ahora llego a la literatura que es adonde quería ir desde el principio, literatura de la buena que no es sino un fiel reflejo de la realidad porque a mí la ciencia ficción me trae al fresco.

Con la emigración como hilo conductor, mi amiga María Dueñas  -esa autora cartagenera que dio el gran pelotazo literario con “El tiempo entre costuras”-, ha armado una grandísima novela que subyuga y atrapa desde la página uno hasta la última letra.

Novela a una familia malagueña humildísima compuesta básicamente por la madre y tres hijas porque el padre anda recorriendo el mundo buscando lo mismo que quienes emigran ahora: una vida mejor para él y los suyos. Después de muchos tumbos – hablamos de los años treinta, los inmediatamente anteriores a la guerra civil española- y tras un viaje que recuerda a los barcos de esclavos de siglos anteriores, llegan a Nueva York “con una mano delante y otra detrás”, hablando para  entendernos.

Llegan a añorar el “corralón” pobrísimo en el que sobrevivían en Málaga por los sufrimientos  y miserias a que se enfrentan. Los mil avatares que concurren en la familia al completo y en cada hermana en particular –los mafiosos y los aprovechados surgen en todos los sitios- son fiel reflejo de la lucha por sobrevivir que ha llevado a cabo el hombre en todo tiempo y en todo lugar. No hay nada nuevo bajo el sol.

María Dueñas viene a Alicante. Presenta esta nueva obra y cena con nosotros en las Veladas literarias del Maestral —viernes 6 de julio—. No piensen que me aprovecho de los artículos para hacer publicidad porque, como dice el viejo refrán, “el buen paño en el arca se vende”. Estas veladas literarias se han convertido, a la chita callando, en el evento cultural, enológico y gastronómico de Alicante un mes detrás de otro. Disfruten con “Las hijas del Capitán” como yo he disfrutado con cada una de sus seiscientas páginas.

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