La tercera guerra mundial

Sonia Gonzálvez con faldónCircula por Internet —por Facebook y diferentes redes sociales— un chiste que afirma algo así como que la Tercera Guerra Mundial empezó en un grupo de WhatsApp de madres y padres. Ja, ja, ja… si no fuese porque tiene su parte de posible verdad. Los grupos creados con el fin de conectar a los padres de los alumnos de un mismo grupo —que no están obligados a llevarse bien y relacionarse fuera del ámbito escolar y de pronto o están en el grupo o están fuera— se convierten en segundos en el lugar perfecto para criticar, manipular y desprestigiar la práctica docente y buscar apoyos para hacer causa común, difundir rumores, iniciando conversaciones que se “van de las manos” y nada tienen que ver con la información educativa cuando ciertos padres intentan solucionar sus diferencias con mensajes descontextualizados.

Los grupos de WhatsApp de madres pueden perjudicar seriamente a sus propios hijos si se usan de un modo no adecuado

Más allá de lo serio que resulta el hecho de que se pueda calumniar y de que las familias se crean con derecho a someter a escrutinio público y de fácil y rápido acceso para el resto de la comunidad educativa la labor del profesor o cualquier otro órgano responsable del centro, los grupos de madres —porque mayoritariamente los llevan las madres— también pueden perjudicar seriamente a sus propios hijos si se usan de un modo no adecuado. Empezando por el hecho de que los niños copian sus conductas y aprenden que un chat es un lugar adecuado para resolver sus conflictos, insultar, difamar o calumniar —los adultos no acostumbrados a trabajar con niños— tienden a hablar delante de ellos como si estuvieran sordos, como si por tener 4, 7 o 9 años no escucharan ni entendieran. El grupo de padres y madres del curso de sus hijos no se ha creado para favorecer la sobreprotección que, en general, los padres ejercen sobre sus vástagos impidiéndoles madurar y asumir sus responsabilidades como cuando continuamente se pregunta sobre las tareas, fechas de entrega de trabajo o exámenes que alguno de los niños no recuerda o no ha anotado correctamente en su agenda. Si un hijo olvida y no gestiona este tipo de cosas —sus responsabilidades— debe asumir lo que implica no entregar un trabajo, no hacer determinadas tareas o no recordar la fecha de un examen ni las páginas que entraban —que el profesor ha dicho y anotado en la pizarra por mucho que el niño se empeñe en decir que no, que no se lo han dicho— y que su madre o padre supla su falta de organización preguntando al resto de la clase no va a ayudarle a convertirse en un adulto resuelto y organizado porque su madre está asumiendo sus obligaciones y porque además, el mensaje implícito es: no te preocupes que mamá —o papá— siempre van a resolver tus lapsus como si fuese su asistente personal.

La implicación de la familia en la marcha educativa del alumno es sinónimo de buen rendimiento y eso solo se consigue potenciando las tutorías y confiando en los educadores

Es cierto que estos grupos —bien gestionados—, pueden tener su parte positiva y que la mayoría de los malentendidos se generan por mensajes malinterpretados y por respuestas que se cruzan y se escriben de manera simultánea pero la implicación de la familia en la marcha educativa del alumno es sinónimo de buen rendimiento y eso solo se consigue potenciando las tutorías y confiando en los educadores que pasan con los niños la mayor parte del día, todo lo que esté en el exterior de esa bidireccionalidad no importa. Pero cuando las cosas están al borde de la Tercera Guerra Mundial solo hay dos alternativas: abandonar el grupo ¾cosa por la que nadie debería verse cuestionado¾ o permanecer en él ignorando todo lo que no sea escrito con sentido común, rehuyendo ciertos comentarios y recordando siempre la finalidad del grupo: intercambiar información útil sobre los hijos y la clase.

Como defensora de las nuevas tecnologías aplicadas a educación creo que estos grupos son una oportunidad —aunque la experiencia me dice que casi nunca se usan bien—. La finalidad debería ser establecer una sólida alianza educativa por el bien de nuestros hijos y alumnos y no la generar y promover la Tercera Guerra Mundial.

 El curso escolar finaliza, feliz verano y para el próximo, autoevaluación y propósito de enmienda.

Sonia Gonzálvez

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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