Consumo responsable

Cecilio Nieto, Consumo Blanco CON FALDÓNComo siempre, nos toca a los ciudadanos ser responsables, tener sensibilidad medioambiental, ser educados y coherentes, comedidos, modélicos, equilibrados y austeros; vamos, unos santos. No nos podemos exceder ni siquiera en las letras de las canciones, algo que otrora fue inocuo. Vean ustedes la sinrazón de nuestra sociedad. La producción de bienes es continua y no puede parar; no en balde, estamos en una sociedad capitalista, de producción y producción y más producción, sin parar. Y para que la cosa funcione, todo lo que se produce debe ser consumido y usado y posteriormente tirado para volver a la cadena de vuelta a comprar y a usar, y así sucesivamente. Es la esencia del capitalismo. Nadie ha dicho que sea malo –ni bueno- moralmente hablando. Estamos instalados en este sistema y nos parece, desde pequeños, de lo más normal. Estamos, como digo, en un sistema de excesos, de producción, de usos y de consumos. Todo es susceptible de poder ser consumido; todo es todo; pocas cosas quedan al margen de esa posibilidad. Es un dicho común y aceptado que “todo el mundo tiene un precio”, queriendo decir con ello que todo, persona, animal o cosa, es producto de uso y consumo; todo se vende y se compra; solo hay que saber encontrar el precio que vale. El precio puede ser monetario o no; la ambición, el poder, la vanidad, etc., son otras monedas (qué más quisiera el bitcoin llegar a tener tanta influencia) que han tenido una importancia enorme en este mercadeo de la compra y venta.

Nosotros somos los que hemos de ser prudentes en su uso y consumo. Con coches potentes y brillantes no podemos ir a más de 120 km/h.

A lo que vamos, la producción cada día es más sofisticada, cada vez seduce mejor con su propaganda, sabe ofrecer mejor la satisfacción a nuestros deseos; por ejemplo, los coches, las bebidas alcohólicas, las armas de fuego, la ropa de vestir, lo deportivo, etc. Cada vez todo es mejor y más potente. Nosotros somos los que hemos de ser prudentes en su uso y consumo. Con coches potentes y brillantes no podemos ir a más de 120 km/h. Con la gran variedad y calidad de las bebidas alcohólicas que hay en el mercado y al alcance de nuestros bolsillos, no debemos ser inmoderados en su consumo, ya que sus efectos pueden ser negativos para los demás. Las estanterías de las tiendas están repletas de artículos, objeto de nuestros deseos. Todos está, diciendo: llévame contigo. Se hacen buenas ofertas y grandes y tentadoras rebajas. Todo para que lo adquieras. Y simultáneamente se nos advierte que seamos prudentes y sobrios, que no acumulemos innecesariamente, que no por tener y acaparar vamos a ser más felices. Incluso, yo mismo he traído a colación más de una vez la cita de San Francisco de Asís: “yo necesito muy poco y aun eso, lo necesito muy poco”. A esta austeridad y moderación se le llama consumo responsable.

Conviene que de vez en cuando nos recordemos que hemos de ser prudentes y moderados; porque a los demás, al resto de los responsables del sistema de producción,  no hay manera de hacérselo saber

Tiene la cosa guasa que haya de ser así; es decir, que rodeados de un sistema de excesos, hayamos de ser nosotros, el último eslabón de la cadena -pero el más importante, porque sin consumidores y compradores no habría tal sistema- los responsables y los moderados. Y en líneas generales, lo somos. Hemos de concluir que el resto de la sociedad no está a nuestra altura; ni empresarios ni políticos ni publicistas ni ninguno de los grupos responsables del funcionamiento equilibrado, y no desmesurado, de nuestro sistema. Esto no quita para que alguna vez caigamos en la tentación, continua y fuerte, del consumo descontrolado; humanos y débiles que somos. Por tanto, conviene que de vez en cuando nos recordemos que hemos de ser prudentes y moderados; porque a los demás, al resto de los responsables del sistema de producción,  no hay manera de hacérselo saber.

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