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La mano negra

Manuel Avilés, escritor fondo blanco OPINIÓNA estas alturas de mi pertenencia al colectivo de parásitos sin vuelta atrás – jubilados sin derecho nada más que a que se rían de uno en la propia cara- no puedo entender cómo trabajé, echando más horas que un reloj durante cuarenta años, olvidando  otras parcelas importantes de la vida. Por eso ahora, parásito reconocido y dependiendo de la bondad inconmensurable de Montoro, no me da tiempo a hacer las dos mil cosas que tengo pendientes. La literatura, la música,  las motos….En un intento de blindar el alzheimer.  ¿Cómo conseguía yo estar cada mañana a las ocho en mi despacho y que me dieran allí las mil y quinientas? No resolveré jamás esa duda y ante tal imposibilidad, siguiendo los consejos de los epicúreos, dejo de planteármela.

La mano negra fue un movimiento anarquista de finales del siglo XIX y principios del XX que se desarrolló principalmente en Andalucía como reacción al hambre y a la explotación de los campesinos. Llevaron a cabo algunos asesinatos e incendios de cosechas y edificios como expresión de su protesta por una vida de miseria –lean los interesados “El laberinto español” de Gerald Brenan o “Los orígenes sociales del anarquismo en Andalucia” de Temma Kaplan.

Aún hoy ante hechos desoladores para personas u organizaciones se alude a “una mano negra”  que, escondida, les busca la ruina a ellos

El nombre arraigó y aún hoy ante hechos desoladores para personas u organizaciones se alude a “una mano negra”  que, escondida, les busca la ruina a ellos, inocentes como los niños asesinados por Herodes cuando quería cargarse a Jesús de Nazaret recién nacido.

Rajoy, arropado por la plana mayor de su partido, allá por el 2009 proclamó con toda solemnidad que la Gürtel no era algo del PP sino una trama contra el Partido Popular – más o menos, que la cita no es exacta porque en mi ancianidad soy cada día más analfabeto para buscar cosas en esa máquina diabólica del “gugel”-. El ardid escaqueante de que existe una conspiración contra su partido, como escudo defensor lo mismo que “los casos aislados”, ha sido usada y abusada por todos, desde Cospedal a Maillo y desde Trillo que acusaba a la policía de Rubalcaba hasta el ínclito Hernando. Una banda.

Mis colegas del Coro del Colegio de Abogados – unos fenómenos con las leyes y con la música- me han pasado la sentencia y llevo todo el fin de semana leyendo cómo el Tribunal desmonta la teoría de “la mano negra que conspira contra el PP”.  Trescientos cincuenta años de trullo a veintinueve acusados no son una cosa menor. La Audiencia habla de una extensa red de corrupción que se implantó de puta madre y con mando en plaza en las administraciones y da por probada la existencia de la caja B. O sea que los que nos piden que paguemos impuestos, trabajan por eludir los suyos. La contabilidad extracontable que decía el Sr. Bárcenas. La contabilidad extracontable es lo que llaman los filósofos una “contradictio in terminis”: una gorda delgada, una fea guapa, un casto pederasta o un imbécil inteligente.

Esa manía de la justicia de oscurecer el lenguaje. No hay ninguna donación lo que hay son sobornos

La trama –que actuaba dentro del PP y con él como escudo y árbitro-  provocó prevaricaciones por un tubo “para violentar los procedimientos de contratación con el fin de detraer los caudales públicos que tienen bajo su custodia”. La sentencia es apabullante y me he fijado expresamente en una expresión: “Donaciones finalistas”. Esa manía de la justicia de oscurecer el lenguaje. No hay ninguna donación lo que hay son sobornos: Yo te doy un pastón para que tú, que mandas un huevo, me des una obra pública. Con esa concesión que tú me vas a dar yo  recupero lo que te he dado y gano otro pastón mucho más grande y de eso que yo te doy tú te quedas una parte sustanciosa. Todos ganamos, salvo los españolitos de a pie que no están en el ajo, que no se enteran de la película, que viven como pueden y son los que pagan. No son unos cuantos casos aislados que aquí hay veintinueve condenados y la fiesta no ha hecho más que empezar.

Conozco perfectamente la cárcel. Me he pasado cuarenta años en ellas y no le deseo a nadie que entre allí –perdón, hay unos cuantos, no más de media docena, a los que sí se lo deseo, pero ninguno está en esa sentencia-. No obstante, en aras de la igualdad ante la ley – que cada día me creo menos-, estoy esperando a ver qué pasa en los próximos días. La sentencia va a ser recurrida – ha dicho Rajoy solemnemente-. He visto presos en las cárceles por las que he pasado condenados a penas muy inferiores a las que aquí se manejan, con recursos ante el Supremo y esperando en la cárcel a que el recurso se sustancie. ¿Van a esperar en sus casas la resolución de los recursos al estilo del Yernísimo? Confiemos en que todos seamos iguales ante la justicia.

Estaba  un día en mi flamante despacho como director de la cárcel de Picassent. Vino a verme D. Luis García Berlanga. Quería que le dejase la cárcel vieja recién cerrada para rodar allí una película: Todos a la cárcel. Y lo dejé y fui tan imbécil de no hacer un cameo –como me ofreció- dando una bronca a alguien o paseándome con López Vázquez o con Sacristán o con Mónica Randall. Le dije: “Don Luis ¿cómo voy a salir yo en una película, siendo el director de la cárcel de verdad, cuando el director en la ficción acaba fugándose con un travesti?”. Ya les digo, un imbécil –yo- con todas las letras eludiendo entrar en una película profética.

En esa cárcel que inauguré en el verano del 93 ha entrado el que fuera el hombre más poderoso de la Comunidad Valenciana

Pues en esa cárcel que inauguré en el verano del 93 ha entrado el que fuera el hombre más poderoso de la Comunidad Valenciana. ¿El motivo? Todo parece indicar que es más de lo mismo: blanqueo, prevaricación… y la madre del cordero. Presumamos la inocencia. El todopoderoso, el que fulminaba con una mirada, aquel ante quien se rendían las beldades más imponentes, aquel a quien todos pugnaban por ver quien le hacía mejor la pelota, va a saborear la soledad.

Me apuesto un arroz  – en algún sitio de menú del día, que los jubilados inútiles no estamos como para tirar cohetes- a que el ministro Zoido ha llamado al Secretario General, éste se ha puesto firme y ha llamado al Director de la cárcel – ni sé quién es ni me interesa saberlo-. Este se ha puesto firme y habrá  dicho con solemnidad: Ejérzase una discreta y eficaz vigilancia sobre el interno…

El interno va a saborear el abandono como Jesús de Nazaret en Getsemaní. Quienes hacían cola a su puerta esperando que su dedo divino los señalara con algún puestecillo, los que con ojos suplicantes y casi sin atreverse a decirlo susurraban “¿qué hay de lo mío?” Ahora dirán que no lo conocen.

Dice Maíllo que eso es el pasado, que hace más de diez años que dejó la política. Le van a dar de baja en el partido pero están interesadísimos en cada minuto de su estancia Picassentiana. Leo en prensa alicantina una pregunta  que se hace Mireia  Moyá: ¿Podemos hablar ya de organización criminal? Interesante cuestión.

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