La estafa del amor

Sonia Gonzálvez con faldónSegún el periódico La Vanguardia el “estafador del amor” quedó de nuevo en libertad tras ser detenido por segunda vez ayer. Cavallé —tipo de dudoso atractivo que se considera algo así como un dios griego de la perfección, aunque para gustos colores, y tremendamente narcisista por lo que pude ver y oírle decir en el Programa de Ana Rosa— tenía una orden policial de búsqueda y captura que había cursado la comisaría de los Mossos d’Esquadra de Horta y Guinardó. Es un hombre acusado de estafar al menos a 17 mujeres y será juzgado por primera vez esta semana por dos de los casos de estafa que tiene abiertos, a raíz de la denuncia de dos mujeres a las que presuntamente pidió dinero “aprovechándose de su amistad”, y luego nunca lo devolvió.

Soy mujer y feminista pero no estoy ciega y por mucha vergüenza ajena y repulsión de género que me produzcan hay muchas mujeres que han hecho del arte de estafar utilizando los sentimientos una forma de vida

Amor,  amistad y dinero… mezcla explosiva que estalla y suele destrozar cuanto tiene a su alcance. Durante nuestra etapa de formación nadie nos explica que las relaciones interpersonales son la cosa más enrevesada del mundo, la empresa más difícil en la que vamos a trabajar a lo largo de nuestra existencia y que, además, se complican y claramente empeoran con el paso de los años. Llevo días reflexionando al respecto, concretamente desde la entrevista emitida en televisión al presunto estafador del amor —de la cuenta bancaria—, por la tremenda repercusión que está teniendo cuando por cada uno de estos tipejos hay 100 mujeres que hacen lo mismo y ni se las denuncia ni provocan el efecto de este caso. Ha sido precisamente esta mañana cuando el mismo programa se ha hecho eco de un caso en el que el estafado es un hombre, un señor de unos sesenta años, —daba pena, mucha— y ya era hora… —me he dicho en uno de mis debates internos— ¿Por qué lo consintió? Porque la soledad es muy mala, porque los hombres la llevan peor que las mujeres y porque —por mucho que nos pese— para estafar hay que hacerlo a quien tiene y suelen ser ellos los que ocupan las posiciones de privilegio que los convierten en posibles víctimas. Ocurre lo mismo que con el acoso, implica poder y suelen tenerlo ellos, al igual que situaciones económicas, laborables y sociales superiores a las de las mujeres,  que, además,  y durante siglos, han tenido como único cometido encontrar un “buen marido”. Soy mujer y feminista pero no estoy ciega y por mucha vergüenza ajena y repulsión de género que me produzcan hay muchas mujeres que han hecho del arte de estafar utilizando los sentimientos una forma de vida —y les compensa y mucho— y van de dignas, vestidas de exclusividad y de señoras de y hasta de primeras damas… cuando no son más que mulas con arnés de caballo.

El amor implica una serie de sentimientos que llevan a querer compartir tiempo, proyectos y vida con la persona amada y el matrimonio regula determinados derechos y obligaciones que no tienen nada que ver con los sentimientos

Los matrimonios, en origen, eran pactados por motivos políticos,  económicos y sociales y siempre con el ánimo de prosperar,  sumar y nunca restar,  pero después a alguien se le ocurrió que debían ser por amor… ¿Qué tiene que ver el amor con eso? —como cantaba la diva Tina Turner— el amor implica una serie de sentimientos que llevan a querer compartir tiempo, proyectos y vida con la persona amada y el matrimonio regula determinados derechos y obligaciones que no tienen nada que ver con los sentimientos, pero había que organizar a las sociedades, sus uniones, bienes y legitimar sus derechos de sucesión.

Hoy en día las relaciones son una lotería y si uno es ganador puede darse por dichoso, supongo que de ahí viene la frase que asegura que “afortunado en el juego, desgraciado en amores”, porque no se puede pretender tener todo en la vida. Las decisiones que tomamos a lo largo de nuestra vida nos condicionan y debemos cargar con las consecuencias que conllevan para bien o mal. Equivocarse en lo más importante no es irremediable, nunca es tarde para conocerse y empezar una nueva etapa, la vida se compone de ellas, nada es eterno aunque en ocasiones nos guste pensar que sí.

Si uno retrocede en su decisión y compromiso de boda el otro puede demandarlo y luchar por enmendar las pérdidas materiales que el cambio de opinión haya podido ocasionarle

La estafa a los sentimientos debería estar penada porque las pérdidas materiales son reparables pero las personales, en ocasiones, no y, aunque no se trate de una muerte física, las heridas permanecen con cicatrices invisibles de por vida porque para destrozar a una persona no es necesario emplear la fuerza física. Ser egoísta, utilizarla en beneficio propio y echar abajo sus sueños puede resultar igual de demoledor. Si alguien estafa el sistema judicial dispone de mecanismos para intentar resarcir al perjudicado —como en los casos descritos en las que todos y todas “dieron” el capital pedido sin coacción y de buena fe—, incluso si uno retrocede en su decisión y compromiso de boda el otro puede demandarlo y luchar por enmendar las pérdidas materiales que el cambio de opinión haya podido ocasionarle, pero nuestros códigos no mencionan las emocionales y alguien en nuestra sociedad debería luchar porque se hiciese justicia también en ese terreno —creo que alguna víctima ya ha conseguido se le reconozca su daño a este respecto—. No me cabe duda de que, por encima de la pérdida económica cifrada en diferentes cuantías dependiendo del caso, el dolor de la estafa a los sentimientos y a la confianza otorgada supera con creces a cuanto un juicio pueda reconocer y sus secuelas son eternas: alerta emocional, desconfianza o aislamiento social por miedo, por nombrar algunas. Si, por el momento, cuanto podemos es denunciar la pérdida económica y luchar por recuperar los bienes robados o estafados que no quede impune y que paguen… y se sepa. Hay que denunciar y superar la vergüenza y el sentido de ridículo que este tipo de delito genera en la víctima. No se puede ir por la vida haciendo daño a quien se ha portado bien contigo ni hacerle sentir peor por confiar y ser buena persona. El estafador, sea hombre o mujer, lo es para siempre…

Sonia Gonzálvez

 

 

 

 

 

2 thoughts on “La estafa del amor

  1. Totalmente de acuerdo, interesantísimo artículo a la par que acertado, y, únicamente como nota jurídica, señalar que, aunque no los códigos pero sí la doctrina, se ha elaborado para estos casos lo que se denomina como «pretium doloris», cuya traducción equivale a » precio del dolor». Un saludo enorme desde Elda.

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