Manuel Avilés Opinión

Del fin de ETA y de otros insultos

Manuel Avilés, escritor fondo blanco OPINIÓNMe han invitado mis amigos de Elda a compartir con ellos un par de horas, creo que en el magnífico Casino que tiene esa ciudad,  hablando de la realidad de este siglo XXI que anda ya deprisa. Y hablando de libros – cosa que me gusta mucho más que la anterior-.

No soy profesor, ni doctor en nada, ni licenciado, ni funcionario, ni estoy en el paro ni tengo empleo al que dedique, por obligación, un horario rígido cada día

Como algunos invitados no me conocen me presento: queridos amigos, no soy profesor, ni doctor en nada, ni licenciado, ni funcionario, ni estoy en el paro ni tengo empleo al que dedique, por obligación, un horario rígido cada día. No  vale, a estas alturas, decir funcionario ni alto ni bajo, aunque a la Función Pública haya dedicado cuarenta años de mi vida, que en las cárceles de este país –no como preso que todo hay que decirlo, aunque de eso no está uno libre nunca- he pagado como si hubiese matado a más gente que Iñaqui de Juana Chaos.

Soy jubilado y escritor, que eso es algo que no prescribe, y me moriré siendo jubilado y siendo escritor porque si no se lee y no se escribe, la vida merece ser vivida mucho menos que haciéndolo. Soy jubilado pero no imbécil y miro la realidad diaria con la tranquilidad y el desapasionamiento del que no teme ni espera nada. Nec metu, nec spe, que decía Cicerón.

Muchos pensaron que cuando pintaban ETA en las paredes, estaban anunciando una nueva marca de jabón

De ese tipo citado arriba quería yo hablar, De Juana Chaos. ETA se ha disuelto. Ya era hora porque aún no tenía yo uso de razón y ya andaban estos tíos dando tiros y sembrando desastres. 59 años han pasado desde que nacieron en París como jóvenes que protestaban contra unos nacionalistas de derechas acomodados y viviendo como Dios en el exilio. Al principio de su andadura hacían sobre todo pintadas. Esa era su actividad fundamental. Tanto es así –me contaba uno de sus primeros integrantes, condenado a muerte en el proceso de Burgos y rescatado pronto para la causa democrática- que muchos pensaron que cuando pintaban ETA en las paredes, estaban anunciando una nueva marca de jabón. Algunos aplaudieron cuando mataron a Carrero Blanco y vieron bien que se terminara, con un atentado feroz, con quien se decía que era el sucesor de Franco. Un etarra clásico, Juan José Echave, sacó  de su entuerto a quienes durante años celebraron aquella muerte: nosotros no somos antifranquistas, somos antiespañoles. Y siguieron causando tragedias sin orden ni concierto. Me he fijado en el tipo de arriba no porque planeara mi muerte con otros compinches en los locutorios de la cárcel de Alcalá Meco, sino porque con el condenón que tenía –30 años por aplicación de la ley franquista que limitaba a ese tiempo la pena aunque tuvieses cien muertos- lo sacaron a la calle con dieciocho años de cumplimiento. Pedí explicaciones a la Audiencia Nacional. Les dije que yo era experto como el que más de España en cuestiones de redención de penas, de liquidación de condenas, de libertades condicionales y que las cuentas con este tipo no me salían. Me contestaron cortésmente: “no le podemos decir nada porque usted no es parte del proceso”. La muerte que planearon era la mía pero no era parte. Juicios tengas y los ganes, como reza la maldición gitana.

las penas se cumplen según el sistema de individualización científica. Su fin es lograr que el condenado viva con la capacidad y la voluntad de respetar la ley penal

No vamos a dar la brasa ni a personalizar, venga. Se han disuelto y el Estado tiene que olvidar los rencores y ceñirse a las leyes: las penas se cumplen según el sistema de individualización científica. Su fin es lograr que el condenado viva con la capacidad y la voluntad de respetar la ley penal. Deben, las penas, servir para reinsertar al penado en el ambiente al que ha de volver. No sé si me explico o, en mi condición de jubilado parásito, me ha atacado ya el alemán Doctor Alzheimer.

Las condenas hay que cumplirlas –científicamente individualizadas- y la dispersión que tantos frutos ha dado,  no tiene sentido cuando no hay una banda ni una infraestructura ni una doctrina,   predicada en cada cárcel por los abogados de la banda, para tener al colectivo terrorista hermético y con las orejeras puestas ante cualquier medida de reinserción. Seguir en la dispersión es una cabezonería para contentar a Rivera –Primo de- y a los votantes más ultramontanos de la derecha, una medida de castigo contraria a la ley.

Urkullu, en esta semana convulsa, ha dicho que Rajoy “está sensible con la política penitenciaria”. Rajoy brama en sus mítines –ya estamos en elecciones- diciendo que no moverá un músculo y yo en el Información de Alicante me he apostado dos dedos de la mano izquierda –los que no uso para escribir- a que el asunto de la dispersión está en las entrañas de la negociación con el PNV para que este partido aporte sus votos, imprescindibles para aprobar los presupuestos generales del Estado. Ya saben, en política –me decía hace veinticinco años un terrorista ilustrado en la apestosa enfermería de la cárcel de Burgos- “nunca jamás quiere decir que no en los próximos diez minutos”. La política, lo vemos a diario, es el arte de mentir sin ruborizarse, de decir una cosa y hacer la contraria, de enredar la realidad en la búsqueda del propio y electoral beneficio. Al tiempo.

Alicante es la cuarta en potencia económica pero la cuarenta y ocho en inversiones. Me gusta este sentido de la lucha política y la borreguez de la oposición, dejando claro que Barcala me gusta más que Echavarri

Rajoy se ha dignado venir a Alicante. Los socialistas –indignos y descabalgados por una tránsfuga: “El Belmontazo”- han acudido sumisos, con Belmonte y Sepulcre que sostienen a la derecha en las instituciones- a hacerse la foto con Rajoy, el señor que mantiene a Alicante como la provincia número 48 en inversiones. La cuatro en potencia económica pero la cuarenta y ocho en inversiones. Me gusta este sentido de la lucha política y la borreguez de la oposición, dejando claro que Barcala –personalmente- me gusta más que Echavarri– un mastuerzo político-.

Venía Rajoy de turismo electoral, a darse un baño de masas y de fidelidades. Blindada la plaza, los jubilados – como los pobres del Evangelio siempre estarán con nosotros o con vosotros cuando nosotros hayamos palmado víctimas de la edad, del copago y de las listas de espera sanitarias-, los jubilados, digo, pitaban y daban el follón por las pensiones. Una cámara de 12TV captó para la posteridad el gran exabrupto. En cualquier país democrático y civilizado esa señora “Secretaria de Estado de Comunicación, Carmen Martínez de Castro” ya estaría cesada y cobrando el paro o lo que le correspondiera pero esto es España. Protestan los pensionistas a gritos y con silbatos porque las pensiones deben subir conforme a las subidas de la vida. La señora se molesta y, pelota ella, con ánimos de defender y hacer méritos ante su jefe explota: ¡Qué ganas de hacerles un corte de mangas de cojones y decirles: Os jodéis!

Ahí los tenéis, esos son los políticos que trabajan y se dejan la piel por el bienestar del pueblo. Luego, jubilados que somos nueve millones, que todos vais a acabar así hasta que os ronde y os secuestre definitivamente La Parca, luego….jubilados, vais y los votáis.

Y ahora vamos a hablar de libros que es a lo que hemos venido…

 

 

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