Inteligencia y felicidad

Sonia Gonzálvez con faldónAhora que vivimos un momento social en que los títulos, los másteres y los logros académicos parecen ser indispensables y hay que tenerlos sí o sí se hayan cursado o no, tal y como yo lo entiendo la Inteligencia no es acumular conocimiento, es emplearlo en ser felices —que debería ser nuestro principal objetivo en la vida y a la pregunta: ¿Qué quieres ser de mayor? Un niño debería responder siempre y sin dudarlo: feliz—.

Sin embargo la inteligencia es definida —al DRAE me remito— como la capacidad de entender y comprender, la capacidad para resolver problemas, como una habilidad. La American Psychological Association (Neisser et al., 1996) afirma que cada persona tiene una concepción distinta de la inteligencia, pero que todos los expertos encuentran ciertos rasgos comunes por lo que la inteligencia podría ser descrita como un conjunto de habilidades que nos permiten aprender de la experiencia, entender ideas complejas, razonar, solucionar problemas y adaptarnos al entorno…en definitiva: evolucionar y sobrevivir.

El concepto de felicidad resulta ambiguo y, en función de a quién preguntes si realizas un muestreo en tu entorno, hasta parece ser que no existe como tal

Mi concepto de inteligencia es otro y discrepo con lo que se conoce como inteligencia operacional: aquello que es medido por los tests de CI porque como bien asegura el Dr. Puig en su libro Reinventarse: “cuando las emociones tales como el miedo o la desesperanza se apoderan de nosotros, se produce un auténtico “secuestro emocional”,  no importa  lo inteligentes que seamos; nuestra inteligencia no brillará por ninguna parte”. Supongo que también por eso existen discrepancias entre quienes aseguran que a mayor CI más nivel de felicidad y los que afirman exactamente lo opuesto. El concepto de felicidad también resulta ambiguo y en función de a quién preguntes si realizas un muestreo en tu entorno y hasta parece ser que no existe como tal, que es algo puntual, de un momento, de un instante, un estado —vuelvo al DRAE— de grata satisfacción espiritual y física o todo aquello que contribuye a ello pero también, curiosamente, como la ausencia de inconvenientes o tropiezos… pero no especifica el tiempo, ¿por cuánto?: ¿Una semana? ¿Un mes? ¿Un año? ¿Cuándo sopesamos? ¿En nuestro cumpleaños? ¿Con el cambio de año? ¿De década? ¿De etapa en la vida?

La ignorancia es una bendición, porque quien nada espera nunca se decepciona, porque a menos expectativas mayores logros

Después de leer y evaluar y pensar y repensar creo que la felicidad de una persona se basa en el progreso, entendido como la consecución de metas y que ser inteligente es utilizar todas nuestras capacidades para conseguir ese estado de grata satisfacción espiritual y física que el DRAE define durante el mayor tiempo posible que dure nuestra existencia. La felicidad la baso en el avance, cuando una persona se siente estancada empieza a sentirse mal, la sensación de fracaso la invade, la anula y da igual lo inteligente que sea que no le va a servir para encontrarse mejor si no es consciente y reacciona y entonces ¿de qué sirve saber? ¿Será por eso que dicen que la ignorancia es una bendición, porque quien nada espera nunca se decepciona, porque a menos expectativas mayores logros?… Intentar hacer las cosas bien no es garantía de nada. Uno puede pasarse la vida luchando por algo que nunca termina de llegar porque hacer planes y listas es algo que después la vida se encarga de reajustar porque es ella quien decide, no nosotros.

La inteligencia debería medirse como la capacidad para evitar el arrastre, la destreza para detectar que hay que poner en marcha ciertos mecanismos para rescatarnos

Las personas somos felices en la medida en que nuestras expectativas se van cumpliendo, en la medida en que percibimos que vamos superando las etapas que nos habíamos marcado pero en ocasiones la existencia entra en un bucle del que no se puede salir y es cuando aparece la frustración, la tristeza y la sensación de fracaso y tiempo perdido que ni el deporte, ni la alimentación adecuada, ni la música, ni un vestido pueden aliviar. Hay algo que, sin duda, es decisivo para sentirse feliz: las expectativas. Lo peor que uno puede tener en esta vida son altas expectativas, porque si nada esperas nada pasa si nada llega pero las metas, las metas incumplidas son losas que nos impiden ser felices porque nos arrastran a lo más profundo y oscuro. La inteligencia debería medirse como la capacidad para evitar ese arrastre, la destreza para detectar que hay que poner en marcha ciertos mecanismos para rescatarnos. Supongo que soy una persona inteligente porque siempre tengo un plan B que sustituye al plan A y reconduce mi existencia para hacerla soportable. He aprendido a aceptar lo que no puedo cambiar, busco alternativas factibles y sé perfectamente lo que me haría feliz —que es muy diferente de lo que me hubiera hecho feliz hace años— y lo que no sé es cuándo llegará, si es que llega…

Y a ti, que seguramente te consideras una persona inteligente, ¿qué te hace feliz?

Es tan simple ser feliz pero tan difícil ser simple… si eres inteligente…

Sonia Gonzálvez

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