Maternidad y paternidad

Sonia Gonzálvez con faldón¡Te arrepentirás!

¡Te arrepentirás de no tener hijos!

Con estas sentencias se inicia la introducción al libro Madres arrepentidas de Orna Donath y me resulta irónico que sean exactamente las frases que toda mujer —dudo que algún hombre se haya visto en esta situación— ha tenido que soportar en algún momento de su vida. Nunca he pensado que el hecho de querer ser madre vaya unido necesariamente a tener una pareja o relación estable y una determinada edad, ni que sea una “necesidad” exclusiva del género femenino para lograr la realización personal completa y la plenitud. Hoy en día disponemos de mecanismos que nos permiten elegir pero el modelo de mujer dedicada exclusivamente a tener hijos y criarlos era el único posible hasta hace muy poco —perpetuar la especie, esposa y madre, cuidar de la prole— en la historia de la humanidad y fue a finales del siglo XVIII cuando la función materna sufrió una transformación fundamental ante el creciente riesgo de despoblación por el alto índice de mortalidad neonatal y se inició una glorificación de la maternidad que se impuso a principios del siglo XIX y se consolidó a lo largo del S.XX. ¡Demasiados años soportando la presión de una única función: concebir, parir y cuidar de los hijos! ¿Instinto? ¿Necesidad? —¿Exclusividad del género femenino?…no, nunca lo fue pero se imponía— Siglos y siglos con un claro rol asignado pesan, mucho: el hombre provee.

No todas las mujeres son buenas madres y eso no las convierte ni en mejores ni en peores personas

No voy a ignorar en este artículo la felicidad de las mujeres que me dicen serlo con la simple sonrisa de uno de sus hijos porque no voy a poner en duda lo que me aseguran es uno de los sentimientos de amor más fuertes —o lo que cabría esperar en una madre no desnaturalizada— pero ni todas las mujeres son buenas madres —ni todas merecen serlo— ni todas quieren serlo —y eso no las convierte ni en mejores ni en peores personas.

Dicen que una de las ventajas ser de ser una madre añosa es que se tiene más capacidad para sopesar lo que implica una maternidad y que se es más consciente de la realidad porque es un tema que está idealizado —y, desde luego, nadie tiene derecho a hacerte sentir incompleta ni menos mujer si se opta por no ser madre de nadie—. Considero que todas las mujeres deberían compartir lo duro que puede llegar a ser un embarazo —incluso en ocasiones llegar a conseguirlo— un parto, los primeros meses y hasta el primer año del bebé para que todas pudiésemos elegir desde el instinto y conscientes, libres pero con la información necesaria para poder sopesar: la falta de sueño,  las secuelas del parto, los cuidados que demanda un recién nacido —la desesperación de no tener ni idea del motivo de sus llantos, la falta de experiencia y la incertidumbre acerca de si lo estás haciendo bien o no, la inseguridad, los miedos—, el cóctel de hormonas que te deja subida en una montaña rusa hasta varias semanas después,  y —dato importantísimo— cómo va a afectar a la relación de pareja —suponiendo que se tenga— porque ya nada volverá a ser como antes…

Un hijo es la ruptura total y repentina con tu propia identidad, tus proyectos, tus ambiciones, tu trabajo, tus amigos, tu cuerpo, y todo aquello que llamabas tuyo, que ya nunca lo volverá a ser

En la vida avanzamos y pasamos etapas. Nos independizamos, nos casamos, nos divorciamos, nos mudamos, enfermamos, nos recuperamos… pero un hijo es mucho más que todo eso: Es la ruptura total y repentina con tu propia identidad, con aquello que hasta el momento de parir —o tener a tu hijo— te había definido: tus proyectos, tus ambiciones, tu trabajo, tus amigos, tu cuerpo, y todo aquello que llamabas tuyo, que ya nunca lo volverá a ser.

Me dicen mis fuentes que todo lo descrito en el párrafo anterior es cierto pero que cuando tu hijo te regala una sonrisa  piensas que todo el esfuerzo ha merecido la pena. Como cuando te llama mamá o papá por primera vez o lo ves correr feliz por el parque, jugar con otros niños, sus primeros logros que te mostrará orgulloso, alcanzar sus metas —que en parte son tuyas— todo habrá merecido la pena…

Es injusto asegurar que una persona necesite ser progenitor para sentirse completa, feliz y realizada en todas sus facetas

Creo que en abril de 2018 la maternidad no es crucial para la realización de una mujer, es una opción, aunque durante siglos nos hayan hecho creer lo contrario. Algunas mujeres tienen esa necesidad —como también muchos hombres— y otras y otros no, depende de cada persona. Es injusto asegurar que una persona necesite ser progenitor para sentirse completa, feliz y realizada en todas sus facetas, cada persona es un mundo y sus necesidades y aspiraciones también y tiene derecho a luchar por conseguirlas… pero a las mujeres —como en todo— se nos machaca, reprocha y exige mucho más y se nos comprende mucho menos.

Sonia Gonzálvez

 

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