Actualidad Manuel Avilés Opinión

Viva el gatopardo

Manuel Avilés, escritor fondo blanco OPINIÓNNo es ningún secreto, o en todo caso es un secreto a voces, que no comulgo en absoluto ni con Mariano Rajoy y sus adláteres, ni con Rivera –Primo de- y los suyos. Este último –listo como un rayo- se ha sacado de la manga un partido de aluvión, rellenado con descartes y desechos socialistas, populares, de upeyderos, y de tantos otros que tras andar arriba y abajo han encontrado acomodo en algún sillón para seguir en el chollo de la moqueta, los billetes en AVE gratis y el sueldazo. Buscaban eso como locos y lo han encontrado. Nada nuevo bajo el sol. Los ciudadanos  parece haber cambiado todo para no cambiar nada y seguir con las políticas de derechas que es lo suyo. He ahí la política del «Gatopardo», la célebre novela de Lampedusa. Pueden parecer nuevos, pueden parecer con ánimos de instaurar no sé cuántas cosas distintas pero no cambiarán nada porque la derecha está en su esencia. Lo tienen en la masa de la sangre como dicen en mi Andalucía natal.

Olvidaos de cualquier cambio, olvidaos de políticas sociales, de actualización de las pensiones conforme a las subidas de precios imparables, de la atención a los dependientes o de la sanidad universal e igualitaria si no tenéis un pastón en la cuenta

Perded toda esperanza, como escribía Dante a las puertas del infierno, olvidaos de cualquier cambio, olvidaos de políticas sociales, de actualización de las pensiones conforme a las subidas de precios imparables, de la atención a los dependientes o de la sanidad universal e igualitaria si no tenéis un pastón en la cuenta. Conozco una persona a la que se le ha pedido una resonancia para ver el estado de sus vértebras cervicales y está esperando desde agosto. Está claro que al que tiene que fijar la cita no le duele el cuello. Esas cosas en la sanidad privada se hacen en cuatro días pero hay que pagar una pasta cada mes.

Andan los socialistas en caída libre y los podemitas dando palos de ciego y entregados a la prensa del corazón, que Pablo Iglesias e Irene Montero van a tener gemelos

Lo triste de este movimiento –que cada día se parece más al Movimiento, pero no de militarotes africanos sino con corbata y traje a medida, con formas de «yupie» educado en colegio inglés,  con todo ajustado a derecho y con formas exquisitas sin saltarse ni un ápice la legalidad que cambian a la medida de sus caprichos- lo triste de este movimiento, digo, es la inexistencia de la izquierda desaparecida. Andan los socialistas en caída libre y los podemitas dando palos de ciego y entregados a la prensa del corazón, que Pablo Iglesias e Irene Montero van a tener gemelos. No les pregunten ya por la estrategia para crear una sociedad más igualitaria que ahora están en otro rollo. ¿Bautizarán a los niños? ¿Los vestirán de rosa y azul conforme al diseño clásico? ¿Nacerán en la sanidad pública o en una clínica de postín para el famoseo? ¿Les llamarán Pablo e Irene o Rosa Luxemburgo y Vladimir Ilich? Lo siento en el alma pero no veo una alternativa de izquierdas por mucho que mire el horizonte intentando vislumbrar una esperanza mínima.

Mi Semana Santa ha sido laica. De pensionista jubilado paseante y comedor de gorra. Mientras disfrutaba un guiso de alcachofas con pulpo que me hizo tocar el cielo en una especie de Asunción gastronómica pecaminosa y nada mística, veo en el telediario a los ministros propagandistas. Trabajar no trabajarán, pero lucirse y disfrutar del folclore lo hacen a conciencia.

No sé si alguno de los cuatro habrá hecho la mili –me huelo que no, mientras los demás nos marcamos dieciséis meses comiendo chuscos y tragando guardias para defender a la patria-, pues sin hacer la mili, según me huelo, ahí los tienes cantando a pecho descubierto, a pleno pulmón, el «Novio de la muerte» que eso queda patriótico de cojones y sales en primera página en todos los sitios y te votan las abuelas y los abuelos chorreándole el ardor guerrero por todos los lados y olvidándose, de momento, que la pensión les ha subido un euro.

Mientras cantan el himno de la legión te despistan para metértela doblada

Está claro que mientras cantan el himno de la legión –mi padre fue legionario y yo artillero, un respeto- te despistan para metértela doblada. Mientras cantas con ellos que la suerte te hirió con zarpa de fiera y que vas a unirte con tal leal compañera, mientras extiendes la bandera en el balcón, te rescatan tres autopistas y tiran para atrás el proyecto de ley para que la actualización de las pensiones sea obligatoria y conforme al índice de precios.

Es curioso esto de las autopistas –la circunvalación de Alicante por ejemplo-: las hacen pensando que van a ganar un pastón. Fallan en sus previsiones y entonces la derecha corre al rescate de sus colegas. Está claro. Si hay negocio y se gana, ganan ellos, los de siempre. Y se forran. Si el negocio es una ruina pagamos entre todos, como con los bancos.

Los jubilados somos tontos. Unos más que otros y ya parecemos desinflados tras las primeras movilizaciones. Dos medidas de tahúr del Misisipi y todos contentos creyendo que ya han resuelto el problema. Andamos como pollos sin cabeza, sin conocer la fuerza que dan nuestros nueve millones de votos. Así estamos, preparados para vivir mendigando –tres abuelas me han pedido limosna hoy cuando iba a comprar una lata de comida para mis perros-  y para tener doce años más de gobiernos de derechas. Eso sí, el novio de la muerte esta garantizado, la unidad de la patria y ser depositarios de valores eternos, también.

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