Tres poltronas y un funeral de ciudad

Pedro NuñoÚltimamente, si tomamos la medida histórica, Alicante no tiene suerte con sus alcaldes. 23 años hace ya que un tal Luis Otto Díaz Alperi tomó la vara de mando y riendas de esta ciudad, y desde entonces ha sido un ir y volver desde la alcaldía a la Audiencia que, ya no sé si casualmente, se encuentra ubicada enfrente, con plaza de por medio observándose los balcones, como si la Justicia se hubiese visto obligada a poner casamata permanente contra el poder municipal político del mentado Alperi y de sus sucesores Sonia Castedo talmente pepera, y tras ella, Gabriel Echávarri, dícese socialista.

A día de hoy los tres «presuntos» (especulativa palabra ésta cargada de ambigüedades, pues nada más anteponerla a nombres propios y apellidos, causa hilaridad como el «¿saben aquel?» del añorado cómico Eugenio) tienen que soportar cámaras, flases, micros, grabadoras y bolígrafos, cada vez, y son ya muchas, que salen del banquillo frente al juez o magistrados anotadores, los/a exhaustos y balbucientes, otrora mandatarios, como púgiles sonados tras las palizas que les propinan fiscales y acusaciones particulares.

En lugar de proyectar, ejecutar y decretar para el conjunto ciudadano, su valioso tiempo lo malbarataron preparando sus particulares defensas asesoradas por una cuadrilla de abogados

Son vergüenza y oprobio para este segundo municipio de la Comunitat o País valencianos mismamente. Los buscas en Wikipedia y apenas dice nada la enciclopedia internauta de sus hechos u obras buenos como regidores, sino de sus trasconejadas correrías negando la mayor entre togas y puñetas. En lugar de proyectar, ejecutar y decretar para el conjunto ciudadano, su valioso tiempo lo malbarataron preparando sus particulares defensas asesoradas por una cuadrilla de abogados, no me atrevería a decir «leguleyos», tan diestros en marear a un toro como a una perdiz. Y la ciudad remendona va para un cuarto de siglo sin que ninguno/a, de los que pudieron y pueden gobernarla por voto popular, haya ordenado y ejecutado algo de provecho talmente comparable a nuestras capitales y grandes ciudades vecinas.

Gabriel Echávarri, dibuja hoy su patética agonía sobre primeras planas de periódicos e informativos televisivos o radiados

Y el último en este triunvirato de necedad de necedades, todo es necedad, Gabriel Echávarri, dibuja hoy su patética agonía sobre primeras planas de periódicos e informativos televisivos o radiados. En principio, le salió bien su enroque frente a Ximo Puig arguyendo que si lo mataba (políticamente) a él, aquí podría entenderse como otra agresión más de la madrastra Valencia contra la siempre díscola del Sur, Alicante. Después se salvó gracias a Ángel Franco, su mentor y a la vez valido, quien ya no puede sostenerlo, y si no lo cambia por otro/a de la misma cuerda, «franquista» obviamente, es porque entre ellos/as se dentellean feroces en las jaulas, aunque luego salgan tan mansos y circenses a la pista. José Luis Ávalos, asimismo valenciano y Secretario de Organización de todo el PSOE, le ha pedido al Molt Honorable la cabeza del alcalde alicantino, pero éste siempre contesta desde su habitual gesto picarón: «córtasela tú que a mí me da la risa». Así que, entre unos y otros, nadie barre al alcalde de Alicante acosado por los cuatro puntos cardinales políticos, ficha de cambio en los contubernios del poder valenciano, y molesto furúnculo para la izquierda en Madrid.

Ahí sigue amarrado a la poltrona que va a dar al Salón Azul: con su frente despejada, ojos tristes cargados de imposibilidades y la mueca del malquerido por todos

Ahora parece que ha llegado la negación de indulto. Cuando me dicen mis cantarinas «gargantas profundas» e informadores varios, que es cuestión de días, les advierto de redundancia ya enunciada cuando empapelaron a Echávarri por primera vez. Pero ahí sigue amarrado a la poltrona que va a dar al Salón Azul: con su frente despejada, ojos tristes cargados de imposibilidades y la mueca del malquerido por todos. Quizás ¡por fin!, y a no tardar, su retrato cuelgue ya en la galería de alcaldes alicantinos. Propongo que los tres últimos tengan mejor acogida aparte en la Sala de los Horrores. No nos merecen.

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