Actualidad Manuel Avilés Opinión

Políticos y pañales

Manuel Avilés, escritor fondo blanco OPINIÓNMis colegas del Coro del Colegio de Abogados de Alicante,  unos tipos magníficos – no caeré en la horterada de llamarlos tipos y tipas, abogados y abogadas, hombres y mujeres- me mandan con frecuencia  y por medio de ese invento diabólico que son las redes sociales, chistes, frases ocurrentes, noticias de impacto y otras vanidades divertidas e ilustrativas. Como cualquier grupo de amigos.

Me envían una con la que  doy título al artículo y que atribuyen a Bernard Shaw: Los políticos son como los pañales, ambos deben ser cambiados con frecuencia y por la misma razón. Magnífica y acertada afirmación del dramaturgo irlandés que, muchos políticos españoles parecen ignorar porque, cogido el sillón y el chollo, se resisten a irse como si les fuera en ello la vida. Y les va. Para oír a uno decir que deja la política hay que pillarlo mil veces en renuncios, en tropelías, en falsedades flagrantes y con las manos en la masa. De lo contrario, no hay manera. Niegan lo evidente y se quedan tan anchos. El mundo sigue como si nada.

Pertenezco a una generación infeliz, a caballo entre los viejos tiempos y los nuevos, que no se encuentra a gusto ni en estos ni en aquellos

Como Lampedusa – el de El gatopardopertenezco a una generación infeliz, a caballo entre los viejos tiempos y los nuevos, que no se encuentra a gusto ni en estos ni en aquellos. Y hablando de Lampedusa y El Gatopardo ¿han visto ustedes cómo nuestro presidente practica el gatopardismo hasta el extremo y lo hace una y mil veces para sobrevivir? Admiro su capacidad para ejecutar a la perfección aquello de “cambiarlo todo para que todo siga igual”.

En mi condición de jubilado parásito – sí, de esos que tienen que morirse ya para dejar de ser una rémora para las arcas públicas y no un ente productivo a tope como la Villalobos, por ejemplo- jubilado parásito tras cuarenta años dando la cara para que me la partan,  me encuentro al borde del desahucio. Mi mujer me amenaza con echarme de casa si continúo escuchando tertulias y viendo informativos. Confío en que no llegue a cumplir su amenaza. Si la cumple tengo unos cuantos delitos aparcados, in mente que el pensamiento no delinque,  pendientes para que, en mis últimos años, me cuiden en la enfermería de Foncalent, me lleven gratis en taxi al médico,  aunque el taxi sea un coche policial, y me salten por la cara las listas de espera de la inseguridad social.

Rajoy reúne a sus notables. Desde Hernando a Maroto, desde Levy hasta Camacho, desde Casado a Maillo. Faltan Fraga – porque se murió, que por ideología podría estar perfectamente-, Lapuerta que ha devenido senil y el Sindic de Greugues de la Comunidad Valenciana que no está para muchos trotes ni muchos viajes y anda en frenética actividad defendiendo a los valencianos no se sabe de qué.

Se reúnen para analizar la realidad actual. Sociológica, económica, política y lo que le echen. Ahí los tienes con ciento treinta y seis diputados y disfrutando de un gobierno pacífico como si tuvieran mayoría absoluta porque tenemos una izquierda que es una joya. Una joya falsa por lo inútil. ¿Izquierda? ¿De qué?

España va muy bien. Crecemos al tres por ciento e incluso un poco más. La crisis ya ha pasado y ahora viene lo mejor

Tras la reunión –ejercicios espirituales lo llaman que hay que tener contentos a Cañizares y a sus colegas- salen exultantes y sacando pecho: Cambiémoslo todo para que nada cambie. España va muy bien. Crecemos al tres por ciento e incluso un poco más. La crisis ya ha pasado y ahora viene lo mejor. Somos profesionales, tenemos ideas, sabemos lo que llevamos entre manos y no una banda – rápidamente los asesores dicen que hay que quitar la palabra banda porque puede evocar imágenes indeseadas-, perdón: somos profesionales  y no un grupo de aficionados que solo tiene ocurrencias. España es lo único importante y nosotros somos los únicos capaces   de conducirla triunfante en este mundo proceloso y con más trampas que una película de chinos. Se vienen arriba y no hay quien los pare.

Crece exponencialmente el número de multimillonarios y se multiplica por mil el número de pobres de solemnidad: un calco de la vieja época del estraperlo.  Han rescatado a la banca y se han fundido la hucha de las pensiones. La solución ya la ha dado Villalobos: ella quiere trabajar hasta los ochenta años. Jugando al “candicrasch” y con gastos pagados a porrillo también trabajo yo hasta los noventa o hasta que La Parca me siegue el gaznate con la guadaña que lleva como arma de acojonar.

Se firman contratos de cuatro horas para trabajar veinticinco, hay trabajadores que engrosan las bolsas de pobreza porque no llegan a fin de mes y un jubilado no puede ni tomarse un café sin que le pidan limosna diecisiete veces

España va maravillosamente porque aumenta el trabajo como jamás lo hizo: se firman contratos de cuatro horas para trabajar veinticinco, hay trabajadores que engrosan las bolsas de pobreza porque no llegan a fin de mes y un jubilado no puede ni tomarse un café sin que, en el interim, le pidan limosna diecisiete veces.

No tengo una visión catastrofista de la realidad y si quieren, la próxima semana, les hago una crónica detallada, con expresión de minutos y segundos, de una mañana cualquiera por las calles alicantinas.

El día que haya un partido de los jubilados se tendrán que arrodillar porque será imposible el gobierno sin nuestro concurso

¿Qué estarán pensando los jubilados? ¿Se dedican a ver telebasura, a jugar a la petanca o a congraciarse con el Altísimo pensando en que está cerca su hora y buscan un cura que les firme el pasaporte? No entiendo cómo no somos conscientes de nuestro número – alrededor de nueve millones- y del poder de nuestros votos. Dicen que han subido las pensiones un 0.25. También deben de haber subido las retenciones porque a la mía le han metido un navajazo de casi sesenta pavos. El día que haya un partido de los jubilados, el día que nos organicemos – nadie nos regala nada que hemos estado cuarenta años cotizando- se tendrán que arrodillar porque será imposible el gobierno sin nuestro concurso. ¿Recuerdan cuando Felipe o Aznar se arrodillaban ante Pujol? ¿Ven ahora cómo Rajoy hace el paripé ante Rivera – primo de-? Pues exactamente igual.

 

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